Respuesta: Cosas que me gustan "Una vez me desmayé en el bus... y nadie se dio cuenta porque pensaron que estaba dormido."
Me pasaba seguido. El mareo. La vista nublada. El estómago vacío. Pero ese día fue distinto. Llevaba 48 horas sin comer bien. Pan duro, agua del grifo y un café que encontré en una reunión donde solo entré a limpiar.
Iba sentado en la última fila del bus, cabeza contra la ventana, los audífonos sin batería puestos solo para que nadie me hablara.
De pronto, todo se fue haciendo borroso. Cerré los ojos para descansar, pero no era sueño. Era el cuerpo rindiéndose.
No supe cuánto tiempo pasó.
Cuando reaccioné, el bus seguía andando. La gente subía y bajaba. Nadie me preguntó nada. Nadie notó nada.
Nadie me tocó el hombro para ver si estaba bien. Porque, claro... los pobres siempre parecemos dormidos. Siempre parecemos cansados. Y en este mundo, el cansado no preocupa. Estorba.
Me bajé en la terminal, con las piernas temblorosas. Me miré en el reflejo de una ventana. Tenía ojeras marcadas, labios resecos y esa expresión que no es tristeza... es abandono.
Esa noche me hice una promesa. No una de esas que uno grita. Una silenciosa. Me dije: "Mañana, algo cambia... Aunque sea poco."
Al otro día me metí a una iglesia solo para usar el baño.
Me crucé con un tipo que estaba organizando sillas. Le pedí agua. Me dio un vaso y me preguntó:
-¿Quieres ayudarme con esto?
Esa pregunta, tan simple, me dio algo que no había sentido en semanas: utilidad.
Desde ese día empecé a ayudar ahí. Me daban comida, tareas pequeñas, y al mes me ofrecieron trabajo cuidando las instalaciones. Hoy ya como tres veces al día. Ya no me desmayo. Y cuando veo a alguien dormido en el bus, lo miro dos veces... porque sé que a veces el sueño no es sueño. Es hambre disfrazada de silencio.
"Hay ausencias que nadie nota... hasta que un cuerpo cae y se dan cuenta de que no era invisible, solo estaba perdiendo la guerra sin hacer ruido." |