Iniciado por italianrex Stefania fue el canto del cisne.
La semana anterior me sirvió para entender que el barrio agoniza y, si ya murió, ahora es un cadáver insepulto o, en el mejor de los casos, está recibiendo un entierro de cuarta en un ataúd de cartón. El barrio se desvanece entre los pilotes y las columnas de lo que será la estación central, y los jinetes del Apocalipsis vienen encarnados en forma de venecos malmirados o de ñeritos con sus gorras y bisutería de latón barato, que visitan a sus Wendy’s en horario laboral.
El antro de las peganteras se transformó en un salón (comunal) de justicia de los Superamigos Chirretes, y aquel punto de oro donde follé a mi primera zorra —hace más años de los que me atrevo a contar— ahora es un bebedero de cerveza con rockola.
Los negocios se han convertido en burdelitos insípidos, decorados con flores de papel y custodiados por meseros que apestan a réplicas baratas de Aqua Di Gio. Te manosean la cerveza como si les hubieras pedido un trago con saliva, y te echan del local por consumo, aunque sean las dos de la tarde de un lunes solitario. Ahora los administra una satrapía anodina: gente que ni siquiera ha manejado un grupo de WhatsApp en su vida y juega a crear “espacios temáticos”, intentando convertir los prostíbulos del Santa en un Disneyland bizarro, a su medida.
Stefania fue un milagro improbable, una flor nacida en el basurero del Santa. Pero al Santa ya se le pasó la hora. Se convirtió en dos cuadras tapizadas de mierda —de perro, de humano—, donde los indigentes deambulan cual zombis y nosotros, los puteros, vamos en busca de alguna guaricha pasable, procurando no embarrarnos los zapatos de mierda.
Nos quedan los milagros efímeros: las Stefanias, las Marianas (si tú les gustas o tienen ganas de coger), las diosas faloperas como Jeniffer, o alguna guarichita simpática que no bajó bandera en
Ángelos y se pasa un rato por el Santa para cuadrar caja.
Paradójicamente, en medio de la decadencia y la desaparición de esas hembras babilónicas que te ponían los calzoncillos húmedos con solo verlas parqueadas en las escaleras de Paisas o el castillo, en el Santa han empezado a pulular las ñeritas: fauna exótica, totalmente aleatoria e impredecible. Pueden ser el peor polvo de tu vida o follarte como si tú fueras su amante más deseado. Son como mariposas efímeras, a veces de un solo día o de una sola hora: una aventura cuántica a la que le aplica el principio de incertidumbre, porque puedes conocer su estado, pero no su posición, y viceversa. Para los aficionados a ese nicho, puede ser una aventura interesante; pero, más allá de eso…
El Santa murió.
Requiescat in pace. |