Cita:
Iniciado por Berraco81 Nos conocimos en noviembre, en Fiebre, un lugar donde la noche se disfraza de olvido y la música ahoga las preguntas. Me llamó la atención desde el primer momento, no por lo obvio, sino por esa mezcla de seguridad y tristeza que cargaba en los ojos.
Intercambiamos números y, al cabo de un tiempo, la contacté. Al principio fue lo pactado: un encuentro sin promesas, cuerpos buscándose en silencio. Pero luego, lo inesperado: me la encontré en Troya, bailamos, reímos, y algo —que nunca nombramos— empezó a crecer.
De ahí en adelante, salimos muchas veces. Almuerzos que se alargaban sin prisa, escapadas fuera de la ciudad, conversaciones largas que se sentían más reales que cualquier historia escrita con reglas claras. Me presentó, aunque fuera por pantalla, a su familia. Y cada día hablábamos como si fuéramos eso que muchos llaman “pareja”.
Pero lo nuestro nunca fue tan simple. Cada encuentro parecía exigir algo más: más atención, más dinero, más entrega. Yo le daba lo que podía, quizás creyendo que, con eso, podía comprar un lugar más allá del deseo. Llegamos a cruzar una línea íntima: sexo sin protección, como si la confianza se hubiera instalado sin permiso.
Y sin embargo, había grietas. Cuando bebía, aparecía una versión suya que no sabía querer sin presionar, que manipulaba, que me hacía sentir responsable de vacíos que no eran míos. La última vez fue un domingo. Cerveza, motel, y una tensión que lo contaminó todo. Terminamos mal, sin cerrar el ciclo, dejando en el aire más dudas que certezas.
Ahora me pregunto si vale la pena volver a escribirle. O si lo más sano es aceptar que lo que vivimos, aunque real, no era amor. Era compañía disfrazada de romance, necesidad mutua con un barniz de afecto.
Porque a veces uno se encuentra enredado en historias que no tienen nombre, que duelen pero también enseñan. Historias que nos muestran que no siempre el cariño es suficiente, que no todo vínculo debe defenderse hasta el final. A veces, el verdadero acto de amor es saber soltar.
Y entender que hay personas que solo pueden acompañarnos hasta cierto punto del camino. |
Estimado Berraquito.
Ya cruzo la línea pero no la de comerse a una puta sin condón, o la de haber probado su intimo cuerpo perpetrado por su falo en carne viva.
Sino la puerta de salida de la relación que lo dejo libre de seguir adelante sin culpa y solo con el bolsillo vacio.
Su cerebro quedo lleno de buenos recuerdos vividos de SEXO PAGO, no se confunda.
Ahora, abra la puerta de las putas que se va a follar para olvidarla y si por algún motivo siente la necesidad de verla o llamarla solo piense en lo feliz que se ve clavada por dos negros con trancas increibles que la mancillan y ella solo pide mas y mas.
Si esto, no lo saca del pozo y tiene la desgracia de verla, su mejor arma es la indiferencia porque ella sabe que su adicción es su cuerpo.
Usted solo de verla la siente única y quiere poseerla pero su INDIFERENCIA le permitirá bajarla de la nube.
Luego de ser fuerte saldra a follarse lo que sea y es posible que se sienta peor pero cuando penetre ESA otra; recuerda ella estará igual con otro abriendo sus piernas no por amor sino por dinero.
La experiencia de haberlo vivido te lo dice AdictoMujeres. Esto te ayudará primero a valorarte y segundo a llevar a las putas al punto donde deben estar en el plano de las putas.
Feliz noche de un AdictoMujeres.
Y si estas palabras no le sirven le queda Benedetti.