Lo que nos depara…
De nuevo en elecciones, de nuevo en la capacidad de elegir quien nos va a gobernar por los próximos 4 años, de nuevo en la misma situación repetitiva del tamal, el bazar de barrio, el político que nunca comía en la calle y ahora toma masato de donde sea, el que odia a los bebes, pero los besa cuando se los alcanzan, la misma propaganda política, estrategias absurdas de mercadeo publicitario, todo en aras de vender lo invendible y de ponerle la piel de oveja a los lobos más grandes de la sociedad.
En mi vida de adulto no he creído nunca en la democracia aplicada en pueblos con subdesarrollo académico. Siempre he pensado que es como darle a una manada de monos a elegir quién quiere que gobierne la selva y entre los candidatos está el león y otro mono. Adivine usted quién va a ser elegido…
La democracia es un buen invento (o al menos un invento justo) si es aplicable en una sociedad consciente de la responsabilidad que adquiere al elegir un candidato. Para llegar a tener esa capacidad se debe tener cierto nivel de intelectualidad y preparación.
Colombia por muy duro que nos parezca no lo tiene. Si bien el país ha tenido un desarrollo en materia de educación desde los años 60, cuando la taza de analfabetismo era del 27.1% para las personas mayores de 15 años, siendo en la actualidad del 5.1%, aún existen grandes diferencias regionales con respecto a este dato. Departamentos como La Guajira (14,2%), Chocó (13,1%), Vichada (11,8%), Sucre (10,9%) y Córdoba (10,3%) presentan tasas de analfabetismo superiores al 10%. Si a esto se le suma el estado de nutrición de la nación con tazas de desnutrición crónica del 10.8% en la actualidad y teniendo en cuenta que hace 50 años estas tazas muy seguramente eran mayores, pues es muy fácil deducir que un porcentaje considerable de la población votante actualmente del país tuvo algún grado de analfabetismo y algún grado de desnutrición, por tanto, no somos los cerebros más pensantes del planeta. La democracia en Colombia y en general en Latinoamérica puede ser un arma de doble filo.
Esto no indica en un 100% que las elecciones realizadas por votación hasta el momento en el país hayan sido totalmente fallidas o que la causa plena de estas sea la desnutrición y el nivel de analfabetismo de la sociedad. Pero llama la atención que vivamos en un país en donde se sigue haciendo campaña política a punta de lechona, tamal y empanada…
Entrados en tema corregir esto es imposible, por tanto, en pro de ser resolutivos, ¿Qué nos queda por hacer?
La respuesta es la misma de todas las elecciones, elegir bien, elegir a conciencia, estudiar los candidatos, estudiar sus propuestas, no olvidar la historia y acordarnos de quién es quién en este festival de ofertas.
Mi objetivo al escribir estas líneas es iniciar una cadena de textos en donde pretendo dar a conocer cada uno de los candidatos a la presidencia de Colombia para el 2026, de la manera más imparcial posible, basándome solo en los datos históricos de cada uno de ellos y en la medida de lo posible realizando comparaciones de datos entre ellos.
Al mejor estilo científico, usando parcialmente el método y en lo posible la estadística.
De ante mano les agradezco cualquier, crítica, palabra y ayuda.
* Quiero dejar en claro que no pertenezco, ni he pertenecido, ni espero pertenecer a futuro a ningún partido o ideología política. Como todo ser humano tengo mis convicciones, pero para lo que compete a este texto, trataré al máximo de no expresarlas.