Tema: [ Libros y Revistas ] - Relatos Breves
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Flébil
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Las palabras eran su única piel, los mensajes su única caricia.

Lara y Daniel nunca se habían visto, nunca se habían tocado, pero cada noche sus dedos se deslizaban sobre el teclado con el mismo fervor con el que habrían recorrido la piel del otro. Se conocieron en un foro sobre literatura, en un hilo sobre erotismo en la literatura clásica. Al principio, fueron solo intercambios casuales, debates sobre las descripciones de D. H. Lawrence, la intensidad en Anaïs Nin, el deseo disfrazado de poesía en Baudelaire.

Pero pronto, las palabras dejaron de ser solo análisis.

"Imagino cómo lees esto. Cómo tu respiración se detiene un segundo cuando ves mi nombre en la pantalla."

Lara sonrió, recostada en su cama, sintiendo el calor recorrerle la piel. Él tenía razón. Lo que compartían era más intenso que cualquier roce real, porque vivía en la frontera de lo prohibido, en la espera interminable de un encuentro que nunca ocurría.

"Dime qué llevas puesto."

Ella deslizó las manos sobre su propio cuerpo, sintiendo la suavidad de la tela. Sabía que Daniel estaba al otro lado de la pantalla, esperando.

"Nada que importe. Prefiero que lo imagines."

La respuesta llegó con la rapidez de un latido contenido.

"Lo imagino siempre. Y te imagino temblando mientras lees esto."

Lara mordió su labio, sintiendo el leve temblor en sus muslos, la anticipación en su pecho. Deslizó los dedos sobre el teclado, sintiendo la piel erizada con cada palabra que escribía.

"Dime qué me harías si estuviera ahí."

Esta vez, Daniel tardó en responder. Lara imaginó sus manos sobre el teclado, los ojos oscuros fijos en la pantalla, el deseo creciendo en su interior con cada palabra no dicha. Cuando finalmente apareció su mensaje, la intensidad la envolvió como un roce invisible.

"Te haría olvidar el mundo."

Ella cerró los ojos y se dejó caer sobre las sábanas.

"Dímelo."

"Te besaría lento, en la curva de tu cuello, justo donde sé que tu piel se eriza. Mis manos deslizarían la tela que aún cubre tu cuerpo, porque quiero sentirte temblar. Quiero saborear cada suspiro antes de que escapes de mis labios."

Lara apretó los muslos, su respiración ahora errática. Sus dedos se deslizaron por su propio cuerpo, siguiendo el rastro de cada palabra.

"Sigue."

Daniel no se detuvo.

"Recorrería cada centímetro de tu piel con mi boca, lento, hasta que olvides dónde termina tu cuerpo y dónde comienza el mío. Haría que te arquees contra mí antes siquiera de tocarte donde más lo deseas."

Lara jadeó, su pecho subiendo y bajando con cada palabra, cada imagen que él plantaba en su mente como un veneno dulce. Sus propios dedos viajaban por su piel, siguiendo la senda que él marcaba con sus frases.

"Eres cruel."

"Solo si te gusta que lo sea."

Ella rió, enredándose en las sábanas.

"No tienes idea de lo que me haces sentir."

Daniel contestó con solo dos palabras.

"Sí la tengo."

Esa noche, sus cuerpos estaban separados, sus mundos distantes. Pero en la intimidad de la pantalla iluminada, en el eco de cada mensaje, se poseyeron sin tocarse.

Y quizá, solo quizá, ese era el deseo más peligroso de todos.

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"Ahora sólo hay una melancolía absoluta. No deseo nada. Dormir. Solamente dormir. Y soñar. Soñar que me quieren".
- Alejandra Pizarnik


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