| Denunciante Épico
| ngrid Bergman y Roberto Rossellini: el romance adúltero y la boda que enfurecieron al mundo Continuación: Cita:  Roberto Rossellini e Ingrid Bergman en Nápoles en 1953. © Getty Images El mundo cambió muy rápido y la anterior persona non grata obtenía en el 56 un segundo Oscar por su papel en Anastasia, recogido por su amigo Cary Grant. Ingrid se enteró por la radio, mientras se bañaba en su hotel de París donde vivía mientras representaba Té y simpatía. Lloró de felicidad ante su hijo Robertino y al poco regresó a Estados Unidos para volver a rodar. Su rehabilitación ante la industria fue total. Se convirtió en uno de los nombres respetados del cine en varios idiomas y nacionalidades, en una leyenda viva. Llegó también la rectificación del Senado, que le pidió disculpas por lo allí dicho en su contra. Declaró ella “Cuando me marché a Italia, un senador pronunció un discurso contra mí y lo concluyó asegurando que de las cenizas de Hollywood resurgiría un Hollywood mejor”… se había equivocado. En vez de “las cenizas de Hollywood habría tenido que decir “de las cenizas de Ingrid Berman”. No se dio cuenta hasta escuchar la grabación, que la hizo estallar en carcajadas y soltar: “Espero veintidós años para vengarme y me equivoco”.
La venganza tampoco formó parte de la vida de Anna Magnani más allá del plato de pasta. Continuó su carrera trabajando con los mejores directores italianos e incluso ganó un Oscar el año antes de que Ingrid consiguiese su segunda estatuilla; cuando enfermó de cáncer, Roberto le envió flores pese a los años transcurridos, ella le escribió pidiéndole que fuese a verla y desde entonces volvieron a verse con regularidad. Recuerda Ingrid “Cuando lo supe, le llamé para comunicarle que me alegraba de lo que hacía. El círculo se había cerrado: tuvo cerca al hombre al que había querido por encima de todo”. Cuando Anna murió en el 73, Roberto aceptó que fuese enterrada en su panteón familiar, y ahí reposa todavía, en compañía de Roberto, que falleció en el 77.  Ingrid Bergman junto a sus cuatro hijos, Isabella e Isotta, Pia y Robertino. © Getty Images
Con el tiempo, Ingrid también recuperaría a Pia tras tantos años alejadas. A los veinte años y tras un matrimonio fallido, la joven, perdida y sin saber qué hacer con su vida, se fue a París a vivir con su madre y Lars. “Llegué a conocer a mamá bajo otra luz y me enamoré de ella. Pocas jóvenes tienen una madre tan extraordinaria, alegre, divertida, dispuesta a salir y actuar, ver esto o aquello, asistir al cine y el teatro, cenar fuera de casa, corretear, madrugar e ir de compras. Le sobraban energías. Asombraba”. Poco después de esto, murió la abuela de sus hermanos, Ingrid, Isabella (la futura actriz) y Robin (Robertino), así que decidió ir a Roma sin hablar una palabra de italiano y hacerse cargo de la casa con cocinera e institutriz, para conocerles y encontrarse a sí misma. “Así haría algo e importaría a alguien. Estuve tres años con ellos. Mamá me enviaba dinero, yo pagaba los sueldos y llevaba a mis hermanos al dentista, a montar a caballo y a estudiar. Fue una buenísima experiencia que, en cierto modo, necesitaba. No tenía sitio preciso en el mundo, no concebía una profesión para la que me sintiera llamada, me hallaba desorientada. Debía echar raíces, descubrir un lugar en que vivir, convencerme de que era útil, ayudar a alguien y llevar a cabo algo que no fuese gratuito”. Roberto les visitaba a la hora de comer, se ponía a hablar por teléfono sobre negocios, películas y dinero y se iba repartiendo besos a todos. Prosigue Pia: “Me agradaba Italia. Me alegraba de estar en ella. Me felicitaba de haberlos conocido, de haber conocido a Roberto con mis propios ojos, sin depender de las opiniones o ideas ajenas sobre cómo él era; me felicito de haber conocido a Sonali y a todos, porque me benefició observar y comprender cuanto ocurría, para tener una noción de cómo había sucedido lo anterior”.
Y sobre lo anterior, concluye Ingrid Bergman en su biografía: “Se ha escrito sobre mi vida con Roberto que junto a él descubrí un mundo mucho mejor que el que conoce la mayor parte de la gente. Es cierto. Mi dicha a su lado fue tan intensa como los disgustos. Pero las penas componen también nuestra existencia. Nadie paladea la felicidad continuamente. El individuo en estado constante de felicidad debe de ser un latazo. Y Roberto desde luego no lo era”. |
Fuente; Vanity Fair En este enlace se puede ver Stromboli: https://m.ok.ru/video/4914494048905
Última edición por Heráclito; 14-03-2025 a las 08:45:00 |