Denunciante Platino
| Y al final son cuatro. Un análisis personal sobre la actuación colombiana en los J.J.O.O París 2024
Calificación: de
5,00 | SOYADO En los Olímpicos de Tokio 2020 (celebrados en 2021 por el tema del covid), un atleta vallecaucano, el pesista Luis Javier Mosquera, consiguió la primera medalla de las cinco obtenidas por la delegación nacional en aquellas justas. Hoy 11 de agosto, fecha en la que terminan las Olimpiadas de París del presente año, otra deportista valluna, la luchadora de Buenaventura de 23 años Tatiana Rentería, sumó la última presea a la representación cafetera. ¿Será que la hijueputa referí resultó anticolombiana?... De este modo Colombia quedó con cuatro metales en el medallero de esta edición olímpica, tres de plata más la de bronce lograda por Tatiana, acumulando un total de 38 en sus participaciones en este certamen (5 de oro, 16 de plata y 17 de bronce). Se consolida entonces como la tercera potencia deportiva de Sudamérica en la historia de las Olimpiadas, solo por detrás de Brasil y Argentina.
Aunque hay que destacar que, por primera vez en una edición de la mayor competencia deportiva del planeta, la mitad de los países de esta región del globo resultaron ganadores de medallas: Brasil con 20, Ecuador con 5, Colombia con las 4 referidas, Argentina con 3, Chile con 2 y Perú con una. Y volviendo al detalle con nuestros atletas, Antioquia con 10 representantes, Valle del Cauca con 7 y Chocó con 3, se afianzan como los tres departamentos de donde han provenido el mayor número de medallistas olímpicos colombianos. Ángel Barajas, el primer medallista colombiano en París 2024 (y primer norsantandereano), el más joven de la historia olímpica nacional, y el primero en la gimnasia Aparte estas trivias, no recuerdo la última vez que los interesados en el desempeño deportivo cafetero apretamos tanto el asterisco porque… ¡El amarillo, azul y rojo no lograba una verraca presea llegada la última semana de París 2024! Este servidor incluso publicó un posteo en Chistes/Cosas Charras titulado ¿Terrible profecía olímpica?, en el que rememoré Atlanta 1996 cuando el ecuatoriano Jefferson Pérez ganó el oro en la marcha y los nuestros, por última vez, se fueron en blanco en el medallero.
Nuestros vecinos de la mitad del mundo ya lucían una conquista en la capital francesa, y dorada por demás, por parte de Daniel Pintado y también en la misma disciplina de la marcha mientras que nuestros compatriotas, insisto, ni mierda. Ni mierda en el tema del medallero, valga la aclaración, porque Queen Saray Villegas y Sandra Lorena Arenas quedaron a un pelo de lograr el bronce en el BMX Freestyle y la marcha, respectivamente. Entonces a falta de metales comenzó a cultivarse la algo nefasta resignación, alimentada por demás de parte de nuestro periodismo sensacionalista/mediocre, de los diplomas olímpicos como método expedito de consuelo. Yeison López se unió a sus paisanas y colegas pesistas Mabel Mosquera y Ubaldina Valoyes como el tercer chocoano medallista olímpico Digo algo nefasta porque, en la otra cara de la moneda, lo de algunos de los atletas colombianos dentro de los primeros ocho competidores en sus respectivas disciplinas no debe dejar de resaltarse. Aquí aprovecho para destacar, por ejemplo, lo del medellinense Mateo Carmona, sexto en el BMX Racing; el también sexto lugar del pereirano Luis Felipe Uribe en los clavados de 3 metros, o la séptima colocación de la tumaqueña Martha Araujo en el heptatlón (con récord de puntuación incluido para América).
Ayer lo de mi paisana valluna Flor Denis Ruiz en la final del lanzamiento de jabalina… me dejó un poco achicopalado para serles sincero. Aparte tuve que mal aguantarme los comentarios y la narración de Caracol Sports, porque en el canal de YouTube de Claro no estaban pasando la prueba completa.
Sí, terminó quinta y ha sido su mejor actuación en unos Olímpicos, pero ella misma reconoce que no tiene excusa y que perdió la medalla de, al menos, de bronce. Comparto esa desazón porque sus registros y tercer lugar en el ranking mundial le daban perfectamente una posibilidad real de podio. Y también a mi modo de ver, le faltó «perrenque» en la definitiva. Tanto así que, después de su segundo lanzamiento el cual le dio su mejor marca, su registro lamentablemente fue bajando en cada intervención… ¡Ay, negra!... Yo te quería ver a vos con una medalla, pero, ¿quién te quita lo bailao y esa sonrisa? Este factor, el del «perrenque», la disposición psicológica, ustedes me entenderán, unido al cacareado poco apoyo constante de parte de las entidades respectivas en Colombia hacia los atletas y del que hizo eco la doble medallista olímpica antioqueña en salto de longitud Caterine Ibargüen, me parece a mí que resulta bastante decisivo al momento de una evaluación pormenorizada.
Trato de ser consciente de que el Comité Olímpico Colombiano cifró esperanzas de medallas en deportistas que se lo merecían por su bagaje, como en los casos de los multimedallistas Mariana Pajón y Carlos Ramírez en el BMX, o de Luis Javier Mosquera en la halterofilia. Ninguno de los tres cumplió estas expectativas, con los asuntos de Mariana sintiendo en el alma hasta las lágrimas no haber clasificado a la final (¿Lo intentará otra vez en cuatro años?); Ramírez sufriendo una inesperada lesión, y Mosquera que se quedó como Flor Denis, quinto en la final, navegando desde mi perspectiva entre la desprolijidad y tal vez una infortunada anulación de los jueces en el envión. Aunque parece ser, es menester expresarlo, que quiere una revancha en Los Ángeles 2028. Si es posible, bienvenido sea. ¿Quién la daba como medallista? Y además, pensaba en el retiro. Mari Leivis Sánchez, la décima atleta desde Antioquia y la decimocuarta mujer (junto a 15 varones) que logra medalla para Colombia en los Olímpicos Creo que la situación que mejor ilustra lo de la condición psíquica del deportista colombiano en general hablando de citas olímpicas o, ya puestos, en certámenes como Mundiales de fútbol (salvo honrosas excepciones, claro está), es lo acontecido con la selección femenina de balompié en París 2024. Me aventuro a hipotetizar de estas mujeres que hasta que no se «acordaron» de que estaban en unos Olímpicos, todo estaba resultándoles la mar de bien ante las españolas. O bien les entró un temor o una vergüenza de ir arriba sobre el representativo ibérico, como sintiéndose indignas de esa victoria más allá de las realidades de ambas escuadras y entonces… se eliminaron solas.
Y después, los comentarios de siempre: que a estas muchachas no las apoyan. Que con los recursos que tienen miren antes dónde han llegado… Claro, olvidémonos de que la mayoría de ellas juegan en ligas extranjeras. Que, como grupo, demuestran una y otra vez que no tienen cohesión, y que el técnico resulta un tipo que anda a los bandazos, adivinando a ver qué formación o cambios le salen. Y, así y todo, ay, pobrecitas. Una postal que ya no se nos hace rara... Ya para terminar esta carreta, y de verdad que mi intención era hacer un texto lo más resumido posible del tema, pero ya ven que me resultó imposible, disfruté a mi manera de estos Juegos Olímpicos viendo cuando pude la actuación en vivo de varios de estos compatriotas. Tratando de evitar como al cigarrillo las transmisiones nacionales (esto da para otro posteo), porque qué jartera me sigue resultando escuchar y/o mirar a tipos como Ricardo Orrego con su perenne sonrisa impostada. O Ricardo Henao, que sigue demostrando ser el de las mismas pendejadas desde los tiempos de El siguiente programa. Bueno, esto último y lo de las sonrisas impostadas, se certifican como algunos de los males endémicos per sécula seculorum del periodismo deportivo colombiano. Menos mal estuvo Claro Sports.
Gracias a todos los atletas colombianos que dejaron su parte en estos Olímpicos. A los medallistas, a los que quedaron entre el cuarto y el octavo lugar, mejor dicho, a todos. Nunca sabré por las que tienen que pasar o haber pasado cada uno de ellos para llegar a representarnos en esta gran convocatoria deportiva. Felicitaciones y también gratitud a todos los que realmente están detrás metiendo el jopo por estos competidores y, por último, severas puteadas y tomates podridos a los maricas que se aprovechan vilmente de cualquier logro conseguido con tanto sacrificio en estas actividades. El que le caiga el guante, que se lo chante.   |