Mientras me besaba el cuello con ferviente impaciencia, seguía repitiendo la misma pregunta con insistencia "dime lo que quieres" yo seguía en silencio con los ojos cerrados, aguantando la respuesta, como quién se guarda el último trozo de un delicioso postre, para disfrutarlo en el momento preciso.
"Dímelo mami, sabes cómo me pone que me digas eso" insistía mientras sus dedos subían por mi cuello y con sus yemas en mi cuero cabelludo empujaba mi cabeza a un lado para seguir besando mi cuello y chupando el lóbulo de mi oreja. "Sabes que lo quieres…Dímelo" me rogó casi en un susurro lastimero y pude sentir su respiración acelerada y el calor de su aliento que emanaba su cuerpo deseoso por escuchar una respuesta que ya sabía, pero que necesitaba oír de mis labios, que seguían guardándola como la confesión de un prisionero torturado que se negaba a delatar sus intenciones a sus captores. Sentí su mano derecha subir por mi muslo y su mano izquierda salir de detrás de mi cabeza, girar por mi cuello y abrirse para tomar mi mentón. Levantó mi rostro hasta quedar frente a frente y con gesto serio repitió la pregunta "dime lo que quieres" que esta vez sonó a amenaza, al mismo tiempo que apretaba mi muslo y mi cuello, y yo no pude resistir la excitación causada por su fiera reacción a mi resistencia. "Dímelo" y no aguanté más "Quiero que entre Felipe y me culee" respondí por fin.
Pude sentir como su pene que ya se encontraba erecto contra mis muslos, se hinchaba más ante la verbalización de nuestra fantasía favorita. "Que entre y me coma todita, mientras tú miras" rematé y pude sentir como su cuerpo vibraba de deseo. Yo no fui ajena al morbo de la imagen que mis palabras habían creado y pude sentir como los fluidos comenzaban a bajar desde mis labios vaginales hasta mis nalgas. Su cara era un poema de satisfacción, feliz como un perro al que por fin han recompensado con el deseado hueso, movió la mano de mi muslo y la puso entre el mar que era el medio de mis piernas en ese momento "Vaya que de verdad lo quieres" dijo con una sonrisa "mira nada más como te pones de imaginarlo" y con su dedo índice y anular separó los labios de mi vagina mientras su dedo medio hacia círculos despacio en mi clítoris. Yo lo besé como respuesta y me dejé llevar por el toque de sus dedos. Cuando separamos nuestros labios estaba en la cumbre de la excitación y tuve que decírselo de nuevo con otras palabras "Quiero sentir la verga de Felipe dentro de mi". Sus dedos se detuvieron de pronto y yo abrí los ojos asustada, quizás había hablado de más y la fantasía se había convertido en algo incómodo para él. Pero lo que vi fue una mirada de picardía y una sonrisa traviesa, que aunque evidentes, no alcanzaron para hacerme imaginar lo que pasaría después.
Se separó ligeramente de mi cuerpo, me besó en la frente y después gritó "FELIPE". Me tomó un rato asimilar lo que estaba pasando, hasta que escuché unos golpes en la puerta del cuarto y me sacaron de la estupefacción en que me encontraba. "Que pasó" dijo Felipe tras la puerta y mi esposo comenzó a sonreír maliciosamente "si tanto lo quieres" dijo mientras se levantaba despacio y yo comencé a negar frenéticamente con la cabeza, sin poder articular ninguna palabra, mientras me cubría con una manta. Él se envolvió en una toalla que no podía ocultar su erección y yo me quedé acurrucada, envuelta y asustada, sin saber que pasaría. La excitación de unos segundos atrás se había convertido en miedo y vergüenza, era incapaz de emitir ningún sonido, pero seguía haciendo señas a mi esposo para que no abriera. Todo fue inútil, él abrió la puerta y yo me cubrí hasta la cabeza con la manta, evidenciando en carne propia ese dicho de: "no es lo mismo llamar al diablo que verlo venir" los escuché murmurar y unos segundos después la puerta se cerró.
Pasaron unos instantes que parecieron una eternidad y pude sentir el peso de alguien sentándose sobre la cama "Amor?" Pude por fin decir, pero no hubo respuesta, así que descubrí mi cabeza poco a poco para encontrarme a Felipe sentado mirándome. "Ya él me explicó todo" dijo en tono tranquilo "es una broma" dije intentando sonar relajada, pero atragantandome con las palabras. "Sabes cómo es de bromista" dije fingiendo una sonrisa. El se levantó y se acercó al lado donde me encontraba, mientras yo seguía petrificada de temor. Pude sentir su olor, esa fragancia deliciosa que siempre quedaba tras él cuando salía del baño "no pasará nada que no quieras" dijo sin dejar de mirarme, al mismo tiempo que yo temblorosa intentaba sostenerle la mirada. Se levantó sin darme la espalda y comenzó a quitarse la camisa, dejando ver ese torso amplio que alimentaba mis fantasías más perversas. "Desde cuándo fantaseas con esto?" Pregunto y yo continué hecha una estatua.
Comenzó a desabrochar su pantalón "sabes que siempre me ha excitado saber cómo son tus tetas" continuó quedando solo en boxer "dime lo que quieres" repitió la insistente pregunta de mi marido y yo no aguanté más. Me levanté, dejé caer la manta y me abracé con fuerza a ese cuerpo duro, mientras buscaba con deseo su boca. Nuestras lenguas se entrelazaron en una comunión de deseo carnal inexplicable, me mordía y sus manos grandes y fuertes apretaban mis senos, que a pesar de ser de un tamaño generoso, se sentían pequeños en su corpulento agarre. Todo lo contrario pasó cuando mis manos encontraron su pene duro al nivel de su ombligo, mi agarre infantil apenas alcanzaba a cubrir una pequeña parte de su gran envergadura. Nunca había visto algo así. Sentía el fluido caer por mis muslos y sin previo aviso me empujó de vuelta a la cama.
Me recosté y abrí las piernas hambrienta de deseo, y la sensación que había sorprendido a mi tacto ahora impactaba mi vista, además de grande, era completamente recto, liso, con algunas venas en su base y una gran cabeza roja circuncidada. Lo tomó con una de sus manos y más de la mitad quedó por fuera de su palma. Lo acercó a mi vagina y pude sentir como me abría poco a poco, como nunca nadie lo habia hecho. Los fluidos hicieron su trabajo y permitieron que ese glande gigantesco entrara a mi como antesala a lo que vendría después. Comenzó introduciendo sólo un tercio, preparando mi pelvis despacio, pero yo no aguanté más "meteme toda la verga papito" le dije al oído y pude sentir como me llenaba de su ser, hasta lo mas profundo del mío.
Comenzó con movimiento oscilantes, uno, dos, tres, cuando llegó a la sexta embestida, no lo aguanté más y el éxtasis me recorrió desde los pies hasta la cabeza y de regreso. Los espasmos me hacían contraer las piernas y en la cúspide del placer, sentí como un líquido brotaba indetenible cerca a mi clítoris, coordinado con cada contracción de mi vagina, mojando todo el abdomen de Felipe. Me costó un rato poder abrir los ojos y dejar atrás el placer que me recorría el cuerpo, pero en cuanto lo hice pude ver a mi esposo viéndonos desde la puerta "no sabía que podías hacer un squirt" dijo sonriendo y se quitó la toalla mientras se acercaba "ni yo" le respondí con la voz quebrada de placer. Felipe seguía penetrandome y a pesar de la humedad, podía sentir cada vena de su miembro al entrar y salir. Lo sacaba justo hasta donde comenzaba su glande y volvía a meterlo hasta la base, en un recorrido que sentía kilométrico por el tamaño gigantesco de su pene.
Mi esposo se masturbaba a mi lado mientras veía el espectáculo "Ponte en 4" dijo y yo obedecí hipnotizada de deseo. Felipe comenzó a chupar mi vagina como un viajero sediento encontrando un oasis y tal vez por descuido o quizás adrede pasó su lengua un par de veces por mi ano.
"Dime que quieres ahora" dijo comenzando de nuevo el juego del gato y el ratón que habíamos sostenido inicialmente. Sabiendo la respuesta, pero fingiendo ignorarla, para obligarme a decirla.
Esta vez no aguanté y cedí de inmediato a su pretensión. "Quiero que me den por los dos lados" dije materializando en palabras nuestra segunda fantasía favorita. Mi excitación volvió a tope cuando escuché un "que niña tan golosa" viniendo de Felipe, en lugar de mi esposo.
De inmediato se puso debajo de mí y yo comencé a cabalgarlo mientras veía a Felipe masturbarse viendo mis nalgas subir y bajar. "Es muy grande, me va a romper el culo" le dije a mi esposo en el oído y esto hizo despertar su lado más carnal. Comenzó a embestirme de forma salvaje.Sentí que Felipe se subía a la cama. Su pecho pegado a mi espalda, mientras su mano tomaba mi cuello y me besaba detrás de la oreja. "Metela papito" dije ansiosa y el me besó la boca de lado. "La quiero toda en mi culo" dije despertando esta vez mi lado más carnal.
Con sus manos y utilizando mis propios fluidos como lubricante, puso la punta de su pene en la entrada, mientras sentía también el pene de mi esposo palpitar dentro de mi vagina. Comenzó a hacer movimientos circulares con una mano, mientras abría mis nalgas con la otra.
Yo grite de dolor y placer y deseo cuando por fin tuve su glande dentro. Mi esposo comenzó a embestirme, mientras Felipe se movía despacio y experimente en carne propia ese otro dicho que dice que "es como un dolor de muelas. Duele, pero no vas a querer que te la saquen”
"papito, papito" le dije a Felipe mientras tomaba su cara y la acercaba a mi cuello. "Me vengo, me vengo amor, me vengo" dije a mi esposo mientras lo besaba y de nuevo sentí el líquido salir a chorros por mi vagina mientras tocaba el cielo con las manos y veía a Dios a los ojos. Si el anterior orgasmo había sido indescriptible, este estaba siendo inefable. Escuché gemir a Felipe, luego sacó su pene y sentí su semen caliente caer en mi espalda, indetenible, abundante, delicioso. "Amor, amor, amor, AMOR!!!" dijo mi esposo…
Y la fantasía se hizo humo a mi alrededor. Estaba en el baño, mi vagina húmeda con un consolador encajado y un plug en mi ano. "Amor, Felipe necesita el baño" dijo mi esposo tras la puerta "te demoras más?" Preguntó "No, no, ya voy a salir, dame un minuto" le respondí
Comencé a limpiar aún con las piernas temblorosas, después de dos orgasmos deliciosos y cuando me miré al espejo supe que no podía postergarlo más: debía que decirle a mi esposo las ganas terribles de hacer un trio que tenía.