Hace exactamente ocho días, logré lo que algún dia creía imposible para mí.
Todavía hoy me parece una experiencia surreal... ¿Por qué?
Materialicé un sueño a través de un trabajo de años.
Recibí elogios de personas que admiraba y veía inalcanzables.
Recibí aliento de personas desconocidas y me veían como inspiración.
Quiero decir que lloré y cuando lloro, como dice la frase célebre, no solo lloro por lo que estoy llorando sino por todo lo que no lloré antes... El proceso.
El proceso no tiene que ver estrictamente con lo intelectual, sino con un alma rota.
La Vida y sus vicisitudes, lo sé, nadie está exento de ellas.
A veces cuento una parte y me doy cuenta que no es ni la mitad de los detalles.
¿Acaso es normal que pasen tantas cosas, todas las cosas en el mundo, al mismo tiempo?
Sí, sí, sé que lo es... técnicamente, así funciona; pero, ¿cómo podemos soportar tanto?
A pesar de haber alcanzado la cima que buscaba, no sé si la merezco.
No sé si me hace impostora, haberlo hecho todo casi sola, pero sentir que no eres tu mejor versión.
Das lo mejor de ti y, lo mejor de ti, parece poco comparado a lo que veías como tu potencial en pleno.
Das lo mejor de ti y, no eres tú, eres otra.
A lo mejor y sí merezco el reconocimiento, pero...
¿Por qué no lo estoy disfrutando? ¿por qué me siento ajena a ello? ¿por qué sigo en guardia esperando el siguiente golpe? ¿por qué hay una angustia latente de perderlo todo?
La incredulidad se ha adueñado de mi vida.
En una especie de broma cruel, parece que aún no hubiese hallado la salida.
Creo que es difícil reconectar con el mundo exterior, cuando hay tanto sucediendo por dentro.
Sin embargo, me doy cuenta y soy agradecida porque encontré ángeles en medio de la huida.
Me tendieron la mano y me impulsaron hacia arriba.
Hace exactamente ocho días, me cambió otra vez la vida.