La plenaria del Senado de la República negó en último debate el proyecto de ley que regula el cannabis para uso adulto. La votación fue de 47 votos a favor (se necesitaban 57) para el ultimo debate.
La cuestión principal es ¿en verdad ganó la legalidad cuando la dosis mínima y consumo están permitidos? Para ello basta recordar la reciente Sentencia de la Corte Constitucional que reafirmó la prohibición de dichas sustancias en parques y zonas de espacio público PERO PERSISTE en PROHIBIR su VENTA Y DISTRIBUCIÓN. Sin embargo, tal doctrina es tan ambigua porque no todo consumidor tiene su jardín para cultivar su adicción, y tan absurda porque los consumidores aprovechan dichas zonas públicas desde que la prevención quedó en la mera prohibición.
Entonces ¿por que celebra la oposicion? ¡Facil! porque sin una regulación realista el negocio se lo llevan unos pocos que muy probablemente patrocinan y pertenecen a esos partidos políticos que supuestamente reivindican la lucha contra una "legalización de las drogas" que actualmente permite su consumo pero no compraventa en Colombia, o sea se penalizan dichas conductas.
Para aclarar lo anterior Colombia aprobó en el 2016 un marco que regula la producción, distribución, venta y exportación de semillas y otros derivados del cannabis, así como su uso medicinal pero hasta ahora el país no había permitido la exportación de la flor de cannabis seca; ya en 2021 Iván Duque autorizó la venta legal y la exportación mundial de cannabis seco con fines médicos. De tal modo que la modificación constitucional fallida pretendía que su uso recreativo agilice una industrialización de un sector que genera miles de empleos con millones de utilidades, que tristemente quedan en manos de unas multinacionales que aprovechan los bajos costos de producción en Colombia.
Eventualmente la discusión dejará de ser política cuando las marrullerías politiqueras de los que se benefician de la persistente penalización parcial del consumo del cannabis no puedan evadir las cuantiosas ganancias que se llevan unos pocos que monopolizaron un negocio muy rentable y cuyo aporte total a una economía como la canadiense, sumando las inversiones de capital hechas en la industria para desarrollar la infraestructura productiva y para la comercialización, se calculan en $29.000 millones dólares canadienses (US$22.300 millones).