Como sociedad hemos relegado a las demás especies a un plano secundario. Están para servirnos y punto. Nos olvidamos que sin ellas no podríamos existir. De ahí que sea un momento único y hermoso cuando una muestra de amor nos acerca a ellas, en este caso a los caballos que nos han acompañado durante milenios en nuestra conquista del planeta. Igual con los perros y las aves en medio de nuestro atafagoi citadino.