Gracias por el aporte Zeber
Me reconozco a mí misma en algunos momentos de mi vida y en mi comportamiento con algunas personas como un reflejo de Zero Fortuna. Y con esto, no busco plantearme como víctima de los humanos "malvados"; pero, sí me identifico con ese deseo de hacer feliz a los demás y debo reconocer que, en la condición humana, hay cosas que por más que queramos o buenas intenciones que tengamos simplemente no pueden ser y debemos aceptarlo porque cada uno vive un proceso personal como individuo.
Jajajaja aunque, a diferencia de él no quiero matarlos a todos después xD
Priorizo a otras personas y me afano por tratar de "salvarlos" y lo pongo entre comillas porque, obviamente, no es que yo esté en la cima del mundo o tenga una superioridad moral o receta mágica; pero, lo digo sinceramente me gusta apoyar, ayudar, estar ahí y ser leal incondicionalmente y, realmente, me dedico a ello cuando lo hago y más con seres queridos, actúo quizás con demasiada devoción, preocupación y entrega para tratar de hacerlos felices, complacerlos, evitarles dolor o sufrimiento y, en verdad, no se me cruzan pensamientos malintencionados conscientes.
En todo caso, quizás parece una actitud servil o que me las doy de blanca paloma; pero, francamente si bien no espero que hagan exactamente lo mismo por mí, hago eso porque me nace; pero, sí encuentro la tristeza o decepción cuando mis intentos son en vano, particularmente, cuando se convierte en una relación utilitarista insaciable (donde hay una entrega unilateral, a lo mejor propiciada por mí misma) y, a veces no hay ni gratitud, con esto me refiero a que a veces el objetivo ni se cumple y siempre se muestran insatisfechos.
Entonces, eso no termina por ayudar a nadie y sí, quizás, si espero algo de esos intercambios me hace feliz hacer feliz a otros; pero, no siempre puede ser así, incluso si no hay mala intención por ninguna de las partes sino que obedece al propio desarrollo interno o preferencias, gustos. Así, la moraleja de la historia y con las experiencias que he tenido es que no puedo asumir esa responsabilidad sobre la vida de otros y, tampoco, puedo desdibujar los límites de mi propia sanidad y equilibrio por ello.