Muchachos, disculparán que otra vez postee sobre asuntos del pasado, pero es que rescaté unas fotos de antaño que me dieron nostalgia y me recordaron unos buenos momentos vividos en el barrio. Ella se hacía llamar Marcela, y llegó a La Piscina por allá en el 2014. Era una
"Flor de la Montaña" (como la describiría un colega puetero del foro) venida del corazón del eje cafetero. Sin duda una de las viejas más bonitas que he conocido ejerciendo la noble labor del puteo.
Por esos días La Piscina ya llevaba años en decadencia, mantenía como con 6 putas y full de meseros. Yo entraba a ese chuzo exclusivamente por ella, las otras viejas ya ni me miraban. Me parecía hasta mejor que el sitio estuviera solo porque así podía pasar un buen tiempo relajado hablando con ella. Era de las exclusivas del sitio, vivía ahí, y eso tenía la ventaja de que era fácil encontrarla casi que cualquier día. Aveces andaba tomando y me despedía de los parceros haciendo el amague de que me iba para la casa, pero cogía era para allá de una, a la hora que fuera, y la encontraba. La verdad es que me iba enamorando, y pues con ella hice escuela. De la noche a la mañana se perdió del mapa y nunca más la volví a ver. Cuando eso pasó me dio rabonada de no haberme gastado más plata con ella, de no haber ido a verla más veces, tenido más experiencias, llegado más lejos, no sé...
Así haya durado poco camellando en el barrio, y eso haya sido hace ya bastante tiempo, me siento en el deber de registrarla aquí en esta enciclopedia del puterío bogotano. De pronto alguien más la conocío, alguien la identifica, quizás algún miembro de esta respetable comunidad de puteros también estuvo con ella. En todo caso, hoy dejo testimonio de ella y de su paso por el barrio, antes de que esos recuerdos se pierdan en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.
Hasta me puse sentimental muchachos, jajaja.
Saludos a todos.