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| El soldado que fue asesinado por otros militares
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Uniformados lo presentaron como guerrillero caído en combate. Cuando encontraron su cuerpo, baleado y sin vida, tenía puestas unas botas de caucho dos tallas más grandes que la suya. En su mano derecha le habían puesto un arma corta: no sabían que era zurdo. Y tampoco que ese hombre a quien presentaron como guerrillero dado de baja en combate pertenecía a la misma fuerza que ellos: el Ejército Nacional.
Piel blanca, cara alargada, contextura delgada, 1.77 de estatura, 22 años. Su nombre: José Fabio Rodríguez Benavides. Le gustaba la salsa, la ranchera y las baladas. Con frecuencia, cantaba ‘El Carpintero del Amor’, de Andrés Cepeda.
Cepillo para pulir
Angustias de mi alma
Serrucho para cortar
Amor que duele y que daña
Era un consentido: se sentaba en las piernas de su madre para que ella lo alzara, y le contaba todo. Si tenía alguna pretendiente, quién seria su próxima conquista, los detalles de una cita…
Por eso a ella –quien pide mantener su nombre en reserva, por temor de que algo le pase–, le extrañó que transcurrieran tantas horas sin saber de él ese 24 de marzo de 2007 que lo vio por última vez. “A la medianoche preparé una ollada de tinto, me tomé uno y me quedé esperándolo en una silla. Yo no podía dormir cuando él salía, y por eso siempre me avisaba si se iba a demorar. Pero esa noche no se reportó ”, cuenta la madre de José Fabio.
Tres años atrás, cuando se graduó como bachiller del colegio Antonio Nariño, de Granada (Meta), donde nació, José Fabio decidió irse a prestar el servicio militar.
Pasó a formar parte de la Brigada de Selva número 26, del batallón de Leticia (Amazonas), pero en una misión sufrió una lesión en la rodilla izquierda que lo mandó al quirófano. Le dieron seis meses de incapacidad, y en 2007 se fue a su pueblo para recuperarse en casa de su familia.
Ese año, la Cuarta División del Ejército, que operaba en los llanos orientales, ocupó el primer puesto en resultados operacionales a nivel nacional, según ha documentado la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Declaraciones de soldados ante la justicia han sacado a relucir una presión de los comandantes para producir más bajas enemigas. A cambio de esto –según han documentado organizaciones como Human Right Watch– obtenían dinero, permisos de vacaciones, ascensos, comisiones en el extranjero, reconocimientos y felicitaciones.
Esa presión, en muchos casos, derivó en que algunos militares disfrazaran a civiles de guerrilleros y delincuentes, los asesinaran en campos de batalla ficticios y los presentaran ilegítimamente como bajas en combate para hacerse a los incentivos, una práctica que en Colombia pasó a conocerse como ‘falsos positivos’. Pero en ese afán de presentar resultados no solo cayeron civiles. Miembros del batallón Pantano de Vargas, con sede en Granada, asesinaron a José Fabio, un soldado más del Ejército al que ellos pertenecían, y lo hicieron pasar como miliciano de las Farc abatido en un enfrentamiento. La búsqueda que terminó en el cementerio
La ollada de tinto se acabó. Antes de que despuntara el amanecer, la madre de este militar salió a preguntar, de casa en casa, si alguien sabía algo sobre él.
Le dijeron que lo habían visto tomándose unas cervezas con dos amigos. Lo buscó en el hospital del pueblo, en la estación de Policía y hasta en la oficina del extinto Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), pero no aparecía por ningún lado.
Al día siguiente, sus familiares llegaron hasta la sede del Cuerpo Técnico de Investigaciones (CTI) de la Fiscalía, donde les dijeron que debían esperar 72 horas para poner una denuncia por la desaparición de José Fabio. “A mi hija le pidieron que esperara más tiempo. Le dijeron que en esos días el único muerto que habían reportado era un guerrillero que habían matado en combate”, cuenta esta madre.
En un computador, les mostraron la foto del hombre sin vida. Era José Fabio Rodríguez Benavides.
Para entonces, su cuerpo ya había sido enterrado como N. N. (o persona sin identificar), en el propio cementerio del pueblo donde nació.
¿Un ‘guerrillero’ sin camuflado y con botas nuevas?
El 31 de mayo de 2013, el juzgado segundo administrativo de Villavicencio condenó a la Nación por la ejecución extrajudicial de este joven. En esa sentencia se documentaron las circunstancias de su muerte.
“Llama la atención la ubicación del arma en una posición superior a la mano y sobre manchas de sangre, cuya fuente no es explicable con la posición del cadáver y la ubicación de las heridas”, se lee en el fallo, que cita un informe de análisis de evidencia. Otro punto que les generó dudas a los investigadores fue la ropa: “El estilo de moda tipo casual de las prendas que porta la víctima no es coincidente con el estilo de sus zapatos. Llama la atención que las botas con las que fue encontrado fueran en medida dos números más de los que utilizaba, y su suela muestra características de limpieza que no se compadecen con las condiciones del terreno y clima”.
Pero hay más piezas que no se ajustan al rompecabezas que los militares intentaron armar tras el asesinato de José Fabio. Según la versión de los uniformados, “la agresión fue de frente a la tropa”, pero el análisis de balística mostró que tres de las lesiones en el cuerpo fueron en la espalda y solo una de frente. 
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