Tema: Coronavirus
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Difícilmente un término o un asunto logren superar en este 2020 a la llegada del COVID 19. A menos que, no sé, se presente un cataclismo (perdón si exagero un poco), un magnicidio, o… Sinceramente solo digo mi impresión del momento en cuanto a impacto mediático.



No quiero tampoco ser una especie de nube negra portadora de lluvias de sinsabores pero, miren no más un poco por favor: esto del coronavirus o Coronavirus (a estas alturas no estoy seguro de si nombrarlo con c minúscula o mayúscula: vaya dilema ortográfico me produce esta vaina) y del acontecimiento que podría superarlo en cubrimiento y divulgación solo apelan a lo trágico. Al fatalismo.

Ninguna noticia positiva de alcance global se vislumbra en el horizonte, incluso por más aspectos esperanzadores que también le han sacado a la enfermedad que nos atañe ahora. Y lo de “ahora” pues… no lo es tanto: porque desde finales del año pasado es que se venía incubando en las cadenas periodísticas el desarrollo y avance de la patología. Solo que en esta temporada bisiesta vino a reventar con todo y… de una manera harto espeluznante se podría decir.




Desde mi mirada de ciudadano profano en las materias médicas y que por ello solo viene a hablar de tales temas en plan de vecina desocupada y radio bemba más peligrosa con su maldita lengua que un áspid, cada día recibo al menos un titular en mi celular referente al corona desde algunas aplicaciones que tengo instaladas, los cuales la verdad recibo con una actitud más o menos desdeñosa. Es como si estas apps estuviesen en una competencia entre sí por sacarle hasta la última gota y más de contenido tratando de que tú des el click que ellos tanto anhelan pero, les digo una vez más, en estos casos mi desapego es la nota predominante.

Y no es que sienta o quiera fingir arrogancia frente a la situación, permítanme son tan amables aclaro mejor: ¡claro que lo que personalmente se aspira y espera, es que uno no vaya a verse afectado por esta cosa sea lo que sea! Que así por ejemplo se use el transporte público y por los avatares de la cotidianidad se esté al lado de una persona afectada, tengamos la buena suerte de no contraer ESO. Entro a analizar la condición de la paranoia ya que se presenta la ocasión.




Ayer precisamente en la mañana que logré alcanzar una ruta del MÍO junto a una bonita trozuda de ojos claros con generoso escote frontal y con la cual logré cruzar unas palabras con motivo de nuestra afortunada llegada a tiempo a la chatarra azul, recostado en una puerta y desviando tercamente de vez en cuando mi mirada hacia el culo escandalosamente plano de la susodicha, empecé a darme látigo por recordar no haber traído mi botellita de spray con alcohol antiséptico que suelo cargar todos los días en el maletín del trabajo.

Y me empecé a sentir “sucio”, desprotegido más bien, dense cuenta del poder de la sugestión. Empecé a mirar a otros pasajeros colgados de las barandas y a un tipo bebiendo una lata de Monster que estaba al lado mío quien empezó a toser, primero, sin cubrirse; luego en los episodios subsiguientes se cubrió la boca con el anverso del codo y después metió la cara en el buzo que traía puesto. ‘Al menos se acordó de hacerlo’, le agradecí mentalmente al hombre.




Y fue tanta mi angustia de no haber podido en aquellos instantes usar alcohol, que lo primero que hice cuando llegué a mi destino fue dirigirme al baño y lavarme las manos, eso sí sin jabón porque no había (¡¿Cómo es que en el baño de hombres del piso principal de la Biblioteca Departamental no hay un dispensador de jabón?! Rodrigo Lloreda Caicedo debiera estar revolcándose en su tumba por esto).

Bueno… se me calmó la histeria afortunadamente, y al regresar a casa esta vez en una buseta Ermita 7, una dama madura con cara de futbolista argentino retirado hablaba duro por un móvil cosas como: ‘Eso usté coge un limón, lo parte en tres rodajas y las pone a hervir en agua bien caliente pa’ que vaya cogiendo defensas’. ‘¡No! Ese gel antibacterial ya no se consigue. Lo fui a averiguar y que se acabó’. ‘Yo me voy a hacer inyectar (no me acuerdo bien qué m***da fue que nombró)’, y todos los demás pasajeros y el conductor íbamos calladitos dentro de aquella lata. Qué bacano hubiera sido poder hacerle un video a esa vieja pa´ monta´lo en Chistes/Cosas Charras con un título así como ‘La Doc No Doc’ o algo por el estilo.




Pero mientras yo escuchaba todo el parlamento de la señora se me venían a la mente los comerciales con ánimo recreacionista de ‘Protex’. Y aquella propaganda con voz en off medio subversiva de ‘Neko El Antibacterial’ que decía: ‘No podemos mostrarle todas las bacterias, pero sí podemos mostrarle la forma cómo eliminarlas’ (Publicidad al grano). Y los estadios de fútbol sin gente en la culeada monumental (Ja ja ja: chiste fácil y cruel) que River le propinó a Binacioanal (¡bueno, bueno, Soyado! ¡Ya párela, ome!). En el Juventus-Inter. En un par de encuentros en la Europa League…

Y que cuando fui al Centro Cultural Comfandi antes de subirme a la buseta ya lo tenían cerrado; que no le pregunté al guarda por qué pero de inmediato me dije: ‘Coronavirus’. ‘Prevención’. Mmm… Y en otra señora de la buseta que colgaba de su cuello una botellita de gel como si fuera una suerte de escapulario… Y que mi madre viene y me dice ahora en el desayuno que en la misa el padre les dijo a los feligreses que no se dieran la mano, sino que se dieran un golpecito en el costado izquierdo mirando al prójimo cual las zarigüeyas que se despiden así en ‘La Era Del Hielo’ (y yo pensando hace días: ‘Jum! Yo que he sido de buenas pa´ que no me anden dando besito en la mejilla, ni acariciando ni abrazando; ahora con esto del coronavirus, menos me van a querer tocar…). Y en los videos que he visto de chinos consumiendo sopa de murciégalo, etcétera.




Me reafirmo en esto, estimados lectores: yo no sé qué se cuece realmente detrás de toda esta pandemia de alertas que se nos han venido cual tsunami. No sé qué creer y no creer de todo lo que alcanzo a medio leer, a escuchar… De lo que me dicen, de lo que opinan, en fin. Afortunadamente como nadie se acuerda de mí ni yo no me acuerdo de nadie en el Whatsapp (pa’ los escasos ocho o nueve contactos que tendré. Ni lo tengo presente), ni tengo Facebook ni Twitter ni ni m***rda de’sas, no ando recibiendo memes ni textos, ni ando pendiente de Estados que hablen ya sea de manera seria o supuestamente divertida del COVID 19.

Al menos, estoy seguro de que no ando infestado de todas estas güevonadas. Algo es algo.


Por Soyado

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