Doce familias desconsoladas porque se habían llevado a sus hijos para alistarlos en sus filas y cuatro muchachos asesinados que dejaron tirados a las afueras del pueblo. Dos de ellos eran los hermanos Samuel y Abel Ortega Díaz de 20 y 24 años que habían cometido un solo pecado: impulsar la erradicación manual de la coca
Este relato que bien podria haber pasada en el apogeo del paramilitarismo por halla en la ultima decada
del pasado y primera decada de este siglo con la pacificacion de el magdalena y el surgimiento de sincelejo
pero no es ahorita mismo en nuestro tiempo
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