Respuesta: Un planazo inesperado Mientras Rosa le comía ahora la polla a Luis, Antonio se deslizó besando por el interior de los muslos de Clara hasta llegar a su coño. El gemido mudo al notar la lengua abriendo su rajita y pulsando sobre su clítoris se mezclaba con los gemidos de Rosa siendo comida y los de Luis notando la lengua de ésta sobre su polla dura. Era un “trenecito” de múltiples variaciones y en todas ellas el placer era muy intenso. Los 4 estaban cachondísimos y cualquiera de ellos, disfrutando al máximo, estaba a punto de sobrepasar el umbral del orgasmo. Antonio se incorporó y con la polla bien dura, deseando notar el calor interior de Clara, se la movió por su raja, empapándose de la humedad de ella hasta que, buscando la entrada de la vagina, se la metió poco apoco notando como su coño se iba abriendo al paso de su empuje. Se deslizaba sin ninguna resistencia lubricada por todo lo mojada que Clara estaba. Llegados a ese punto, el deseo de notar la unión perfecta de los cuerpos no se hizo esperar. Como de un resorte se tratara, los cuatro se pusieron en pie, mirándose y diciéndose sin palabras lo que necesitaban en ese momento... Aprovechando que los espejos de la habitación les permitían poder ver todo, ellas se colocaron a cuatro patas sobre la cama redonda, juntas la una a la otra, apoyando sus codos en el colchón y arqueando la espalda, dejando preparados sus coños y sus culos a la altura perfecta para ser embestidas. Lanzaron miradas de deseo a través del espejo a los chicos que, tras salir del placer que les daba contemplar esa imagen, no esperaron más y se lanzaron a lo que ellas estaban pidiendo. Casi al unísono, embistieron a sus chicas agarrándolas por las caderas y metiendo sus pollas de golpe en el coño de ellas, a lo que respondieron con un grito de placer mientras pedían más y más... Lo que siguió a ese instante fue un baile continuo de embestidas enérgicas, en el que se alternaban entre el culo y el coño de ellas y en el que todos gemían de placer... Se sucedieron los besos, las palmadas en el culo que resonaban a deseo, las caricias en las tetas de ellas. Y en ese momento de desenfreno sin control... …mientras una y otra gemían, agarraban con ansia las sabanas de la cama y pedían no parar, acercaron sus labios y se besaron, apagando los gemidos que se percibían mudos entre dos bocas acopladas. Se separaban unos milímetros y sus lenguas jugaban entre una boca y la otra. Ellas se besaban y no dejaban de gemir que por momentos eran gritos de placer. Se lamian los pechos la una a la otra en algunos instantes y ellos, en su vaivén, disfrutaban como pocas veces antes lo habían hecho. Rosa acerco su boca al oído de Clara susurrando una cosa. Ambas se apartaron de ellos y Rosa le indicó a Antonio que se tumbara en la cama. Tras hacerlo se sentó sobre su cadera y metiéndose su polla hasta atrás empezó a cabalgarle. Justo en ese momento Clara hizo lo mismo pero sobre su cara, poniendo su coño otra vez al alcance de la lengua de Antonio al mismo tiempo que le pidió a Luis que le pusiera su polla en la boca y empezó a mamársela con ansia, notando el placer de ser comida y jadeando al tiempo que ella chupaba una polla dura. Rosa no paraba de moverse y de magrearle las tetas a Clara diciendo en voz alta a Antonio: “¿te gusta bombón? Me apetecía verte así. Antonio estaba lleno de placer siendo cabalgado y comiendo un coño empapado y cachondo, Luis muy excitado de ver la situación al tiempo que le chupaban la polla, Rosa cada vez se movía más fuerte y frotaba su clítoris contra el pubis de Antonio y Clara se notaba derretirse y humedecerse cada instante más y más notando la lengua de Antonio. Tras unos minutos de sumo placer, Rosa le dice a Luis que ahora se tumbe él e intercambiando la posición con Clara, es ahora a Luis a quien le toca notar el coño caliente y empapado de su chica y a Rosa notar como Luis le come su coño ardiente. Aquello era una locura y ellas ya habían pasado por el umbral del orgasmo en alguna ocasión. Clara devoraba los pechos de Rosa mientras Luis le hundía la polla en su coño. |