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Antiguo 14-02-2019 , 09:47:30   #3
JJ23
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Predeterminado Respuesta: Un planazo inesperado

Ellos estaban deseando y aceptaron la proposición de inmediato.
De esta forma, los cuatro se adentraron en el pasillo que llevaba a las múltiples habitaciones, sabiendo que sería una noche muy provechosa...
Se pusieron en movimiento y se dirigieron hacia el pasillo. Delante iban ellas dos y, con la cortesía de ceder el paso en uno u otro instante, giro o pasar entre otros grupos que estaban en el local, los roces y caricias no cesaban. Una mano de Clara en el brazo de Rosa iba seguida de otra, instantes después y ahora de Rosa, en la cadera de Clara. Eran roces tan inocentes como llenos de deseo e intención. Ellos las miraban en silencio, sabiendo que el ambiente se estaba calentando. Notaban que el morbo que se estaba generando les estaba poniendo muy excitados.
Por el pasillo se pasaba por la zona de la reja y allí, una mujer estaba junto a ella al tiempo que dos hombres, al otro lado, la acariciaban. Llevaba una blusa que le habían abierto y mientras uno parecía acariciarle los pechos, el otro tenía una mano en su culo y puede que otra entre sus piernas, bajo su vestido corto y amplio. Ella tenía los brazos abiertos en cruz y no paraba de gemir.
Los cuatro se pararon y ellas quedaron muy juntas mientras la miraban. Rosa puso la mano en la cadera de Clara y mientras oían los gemidos de aquella mujer la deslizaba arriba y abajo por su costado. Entonces la mujer se dio la vuelta, su blusa, efectivamente estaba abierta y sus pechos, exuberantes, se movían libremente pues no llevaba sujetador. Se inclinó y el hombre que antes le acariciaba los pechos, la penetró desde el otro lado de la reja. En ese momento Clara notó una mano en su culo...
Rosa había bajado de la cadera de Clara a su culo y lo acariciaba suavemente, ambas estaban muy excitadas, Rosa giro su cabeza y la acerco a la de Clara, y comenzaron a besarse, ante la atónita mirada de Luis y Antonio.
Rosa le quitaba la chaqueta de Clara, mientras que ésta le acariciaba sus pechos, se oían sus respiraciones entrecortadas y sus gemidos. Luis y Antonio no habían perdido el tiempo tampoco, los dos se habían sentado en un sofá del pasillo con los pantalones desabrochados y una enorme erección, los dos contemplaban el precioso espectáculo.
No les había importado a ninguno de los 4 estar en medio del pasillo, de modo que seguían a lo suyo mientras alguna pareja pasaba y los contemplaba. Clara y Rosa seguían besándose y tocándose, ya medio desnudas pararon, miraron a los chicos y los agarraron de las manos, y se metieron todos en la habitación más próxima, casualmente una con espejos. Sentaron pegados a la pared a los chicos, y ellas se situaron en el centro de la cama ya desnudas, Rosa tumbo a Clara en la cama y comenzó a bajar por su delicado cuerpo, besando su cuello, sus pezones, hasta llegar a su cadera, allí se detuvo y miro hacia arriba para buscar la complicidad con Clara, con ese cruce de miradas no había ninguna duda, así que Rosa continuó, sacó su lengua y empezó a chupar el clítoris de Clara que no paraba de apretar sus tetas y sus pezones fuertemente….
Ambas dirigieron una mirada a los chicos, que estaban empalmados, con sus bocas abiertas hablaban sin decir nada…
Clara gemía sin parar y se mordía los labios con el placer que estaba sintiendo. Rosa empleaba de maravilla su lengua al tiempo que sus labios carnosos añadían al calor y humedad de su lengua una sensación de suavidad que hacía temblar a Clara. Además de la lengua, Rosa hacía uso adicional de sus dedos, acariciando y presionando el clítoris e introduciéndolos para bombear el coñito de su compañera de juegos. Las dos estaban como locas y en un instante Clara se incorporó y besando a Rosa con intensidad le dijo “vas a notar lo caliente y guarra que me tienes” y entrecruzando sus piernas empezaron a presionar el coño de una contra el de la otra, moviendo sus caderas y gimiendo con fuerza.
A ese punto Luis y Antonio no esperaron ninguna invitación ni gesto más, se desnudaron y se acercaron a ofrecer lo que hasta hacia unos instantes era solo de su disfrute, poniendo al alcance de la boca de ellas sus pollas totalmente erectas. Chupando el tronco de sus vergas de la base a la punta y metiéndola en la boca con ansia, el placer que se notaba en aquella situación no paraba de crecer y los cuatro estaban cachondos como pocas veces. Poco a poco e movimiento de las caderas de ellas se ralentizo para centrarse en la comida de las pollas de ellos. Pero Clara quería más y, mientras Rosa seguía en la labor y la postura que tenía, giró el cuerpo para, de costado, meterse entre las piernas de Rosa, comerle su coño sin ningún tipo de freno. En ese momento se propició un cambio más. Rosa pidió a Luis que se acercara y le dijo a Antonio que se moviera para disfrutar del calor entre las piernas de Clara.

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