Voy a empezar el relato poniéndoos en situación. Simplemente vecinos, eso es lo que habían sido hasta que el día, vecinos.
Una de las parejas vivía en un 5° y la otra en el 2° de la otra escalera. Sí, es cierto, las miradas las habían cruzado varias veces y cualquiera de los cuatro podía haber dicho, sin riesgo a equivocarse, que existía una atracción recíproca y un morbo más que patente.
Pero, por respeto, discreción y no generar una posible situación incómoda para nadie, nunca se atrevieron a decir o insinuarse algo.
Aquella noche todo fue de sorpresa en sorpresa. Nuestros primeros protagonistas, Rosa y Antonio, llevaban un tiempo metidos en el mundo liberal y habían estado en algún que otro local. Ese día estaban allí con una pareja amiga. Junto a la barra del local, tomando algo con ellos, unas risas y todo muy bien. Rosa iba espectacular, como ella sabe que le encanta a su marido. Un vestido ajustado que resaltaba su figura y que hacía que no pudiera controlar su mirada, a cada nada en su cadera, sus pechos, sus gestos,...estaba para comerla entera allí mismo, sentada en un taburete alto de la barra. Sus labios, a cada palabra que decía, él sentía que le pedían un muerdo, buffff.
De pronto entran dos parejas al local.
¡¡Los vecinos de la otra escalera!!
Después supieron que venían por primera vez, eran unos conocidos suyos quienes los acompañaban y hacían de anfitriones con ellos.
Ellos nos vieron y en ese momento el deseo se notó en los cuatro. Es cierto que aquella noche, en principio, todos iban con compromiso pero este encuentro iba a ser una puerta que les abría a los cuatro una estupenda manera de poder hablar y saber que no se incomodarían en casi nada.
Rosa y Antonio se disculparon un instante con sus amigos y se acercaron a saludarles. Creo que los besos en las mejillas que se dieron para saludarse más que de nerviosismo fueron para hacer saltar las chispas que llevaban tiempo contenidas, una gran parte entre Rosa y... Clara!!
Tras esos primeros besos, probablemente por el lugar donde se encontraban, vinieron sonrisas nerviosas y cómplices. Los cuatro comenzaron a hablar sin parar como si lo hubieran hecho a menudo desde que el primer dia que se habían visto. Por los gestos corporales y las miradas todos fueron conscientes que a partir de entonces se compartiría algo más que bloque de pisos.
Tan a gusto se sentían hablando que no se dieron cuenta que sus respectivos amigos no estaban allí; habrían ido a disfrutar de las diferentes estancias que el lugar ofrecía.
Empezó uno de los espectáculos de la noche y se colocaron juntos para verlo: ellas delante y ellos detrás. Esto les permitió a ambos hombres analizar la figura de las chicas a través de sus ajustados vestidos: sus piernas bien formadas, sus culos apretados que invitaban a apretarlos, sus cuellos dispuestos para ser besados, incluso sus pechos insinuantes asomándose ligeramente a mirar por encima de sus hombros...Ellas, tras una mirada cómplice y sabiendo que eran observadas, comenzaron a mover sus cuerpos al ritmo de la música, lanzando miradas provocativas a los chicos y entre ellas, retrocediendo ligeramente y rozando sus cuerpos, con ellos y también entre ellas, mientras bailaban y diciéndose cosas al oído mientras reían juntas. Ellos notaban una sensible erección y estaban para empezar a dar buena fe, de ese acontecimiento, en el cuerpo de ellas.
El ambiente se estaba calentando por momentos y los cuatro sentían que se había creado un feeling entre los cuatro.
De nuevo ellas se miraron y, soltando una risa nerviosa, se giraron hacia ellos, los agarraron por el culo, los besaron metiendo sus lenguas hasta el fondo y al unísono dijeron: "os apetece dar una vuelta y jugar un rato?".