Tal cual. Hoy para mí fue el acabose o mejor dicho, el colmo de la güevonada. Y es que ya te encuentras con las tres barras y la flor, ¡por todo lado! Lucidos por toda clase de apariencias, en diferentes estratos, es como si esta marca fuera el epítome de la uniformidad.
Para los que no entendieron lo anterior: ‘Lo más de lo más de lo que todo el mundo usa’. Me pregunto si ‘Adi’ Dassler, que leyendo el excelente libro ‘Los Señores De Los Anillos’ te das cuenta de lo moralmente condenable que fue este señor, tenía esto en mente.
Que su empresa fuese a convertirse en un ícono de la moda, no solo como la líder de calzado para fútbol como inicialmente pretendió. Ya hace mucho tiempo que este señor falleció, y su idea ha pasado a ser un símbolo esclavizante. O alineador, más cabría observar.
Si a ti te gusta usar artículos ‘adidenses’, estás en todo tu derecho ni más faltaba. Originales o chiviados (que en este país es difícil determinar cuál es cuál), no importa. Y tampoco me voy a poner en una cruzada para que dejen de comprarlos: Esto sería algo ridículo.
Lo que quiero poner de manifiesto, es el poder incuestionable que conllevan ciertos logos, nombres e ideas para hacer creer a un incontable número de individuos que con su mero uso, tendrán acceso a un sentido de identidad que nunca se basará en su misma personalidad.
A menos que, claro está, tú te dediques al deporte, ojalá por convicción y no por conveniencia, y entonces usar Adidas te proporcione un patrocinio que te ayude a vivir dignamente. Ya aquí sí incluyo con todo el gusto una honrosa excepción a esta diatriba.
Durante bastante tiempo y no me da pena reconocerlo, yo consideraba a Adidas como una seña de prestigio, un sinónimo de exclusividad y de elegancia. Estaba convencido de que no habían un nombre y un logotipo tan distinguidos, tan de buen gusto, pero ahora…
Como esos relojes digitales Casio que hoy a un poco de viejas les dio por ponerse y ya se volvieron hartos de contemplar, Adidas ya está tan “perrateada” (vaya que me encanta aquí este término), que lo dicho en el párrafo anterior nunca imaginé que fuese a dudarlo.
Y es que casi estoy convencido de que la mayoría de quienes lucen estos objetos, quieren que uno los mire como si llevasen ‘El Status’, ‘El Prestigio’, ‘La Aceptación’…. (Está bien: Habrán personas loables que les guste Adidas, pero aquí y me disculpan irremediablemente se verán como de la masa).
Este palabrerío aunque pueda parecerlo, no se trata de un resentimiento a Adidas, que quede claro. A veces nos fijamos en ciertos detalles muy banales como estos, y entonces afirmo que da gusto darse cuenta de que uno usa Puma, la otrora principal marca rival de Adidas.
Solamente tengo un par de estos que me los calcé este sábado, y me puse a observar hoy atentamente no sé por qué el calzado de muchas personas y que yo recuerde no vi ni un solo “ejemplar” de Puma: vi por supuesto montones de barras, ‘chulos’ y hasta Converse.
Ah!, pero por supuesto: no solo en zapatos te das cuenta de la sobreexposición ‘adidesca’ sino también y sobre todo, en chalecos y camisas con la flor que se nota a leguas junto a su famosa tipografía. Y lo dije al inicio: la pinta y la posición son lo de menos en estos casos.
Claro: Es innegable que un producto Adidas original es una muestra de alta calidad que significa duración y buen ver por un tiempo prolongado. O al menos eso es lo que uno espera. Pero yo por lo menos, como que no quiero volverme ADIcto a este ADIclub al que ya está metido todo el mundo…
Por Soyado