| Respuesta: Colombia le dice adiós a sus selvas Los puntos blancos sobre el bosque que notamos ese día se han multiplicado en el último año. La salida de las FARC de aquellos territorios motivó a nuevos actores a apropiarse de la tierra de manera ilegal. Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS), lo confirma con unas cifras crudas: el llamado “Cinturón Verde”, una franja creada para intensificar la protección, perdió 90 mil hectáreas entre 2017 y 2018. A ese ritmo de pérdida de bosques, las 2 millones 500 mil hectáreas de preservación, no resistirán ni siquiera tres décadas.
¿Cuáles son los motivos que se ocultan tras esta realidad? ¿Quiénes son los culpables del desastre ambiental? ¿Por qué es tan difícil frenarlo?
Los registros satelitales de Botero muestran que en 2017 la ganadería deforestó más de un millón y medio de hectáreas de bosques. Un año antes, nuevos grupos ilegales habían arrasado con 3.235 hectáreas para reemplazarlas por plantaciones de hoja de coca. En ese mismo periodo los incendios aceleraron la destrucción de otras áreas: en los primeros tres meses de 2018 se reportaron 2.900. Declarar “calamidad pública” fue la única alternativa de los dirigentes locales para llamar la atención del Gobierno.
Aunque las vacas y la coca parecen estar haciendo un gran aporte para superar el límite que trazó Lovejoy y Carlos Nobre, hay otra causa inquietante. A medida que se retiraron los fusiles de las FARC, empezó un acaparamiento de tierras que nadie predecía. José Yunis Mebarak, director de Visión Amazonía, la iniciativa que creó Colombia para cumplir la promesa de reducir a cero la deforestación en la región en 2020, resumió lo que sucedía en un texto publicado en el periódico El Espectador en marzo del 2018:
“Estamos presenciando un arboricidio, un animalicidio. Se fue la ideología, entró el capital. Hay un frenesí por tierras baratas. Estamos destruyendo con tanta desfachatez, soltura y fiereza que ni siquiera aprovechamos la madera. Simplemente vamos quemando todo. Si eres pudiente, compras veredas completas y mandas deforestar 200 a 500 hectáreas de una sola aserrada. Si eres humilde, de 1 a 15 hectáreas (…) El Guaviare tiene el mismo tamaño de Costa Rica, 5,5 millones de hectáreas. A diferencia de ese país, no lo pueblan cinco millones sino apenas 120.000 personas. Sin embargo, ya quemó y convirtió 500.000 hectáreas de selva en pastizales donde pastan 250.000 reses y su ambición y plan es seguir tumbando, ojalá otras 400.000 o 1 millón de hectáreas, para poner principalmente vacas y uno que otro cultivo, quizás de caucho o cacao”.
El millonario negocio de incendiar los bosques
Deben haber sido un par de años difíciles para Luis Gilberto Murillo, el último ministro de Ambiente del Gobierno de Juan Manuel Santos. Desde que asumió su cargo en abril de 2016, una de sus principales tareas era cumplir el pacto que el país había firmado meses antes en la Cumbre de cambio climático de París. El país se había comprometido a lograr una tasa de deforestación cero en la Amazonía y, a cambio, Alemania, Reino Unido y Noruega le darían US$ 100 millones. La meta, dijo en febrero de 2018 el mismo Murillo, será imposible de cumplir. Como alternativa propuso extender el plazo hasta 2022 o 2025.
El anuncio lo hizo cuando buena parte de la región amazónica ardía en llamas. En Guaviare, el mismo departamento que le inquietaba a José Yunis, el fuego había devorado cerca de 20 mil hectáreas. En La Sierra de La Macarena acabó con otras 1.035. Para Murillo, a diferencia de lo que sucedía en su natal Chocó –donde la minería ilegal estaba destruyendo los bosques- en el sur del país había fuerzas aún más poderosas detrás de las quemas.
“Tumbar y quemar un bosque puede costar entre 333 y 1.000 dólares. Un campesino no puede pagar eso”, advertía. De acuerdo con el Instituto Amazónico de Estudios Científicos (SINCHI), en la segunda semana de febrero de 2018 ya había 2.035 incendios extendiéndose en la región.
Las hipótesis para explicar por qué están incendiando los bosques del sur colombiano son múltiples. Una de las personas que más ha tratado de entender esos motivos es Dolores Armenteras. Catalana, bióloga y geógrafa, desde hace unos 15 años ha centrado su trabajo en comprender las razones detrás de las quemas.
En 2013, después de cruzar muchos datos y analizar imágenes satelitales, publicó un estudio que dio luces sobre lo que había sucedido en aquella región a lo largo de una década. Junto con Liliana Dávalos, bióloga de la Stony Brook University; Jennifer Holmes, economista de la Universidad de Texas; y Nelly Rodríguez, ingeniera forestal, concluyeron que los múltiples incendios habían sido motivados por la adquisición de tierras. Tras comprobar que el número de reses no había aumentado entre 2000 y 2009 y que el valor de la carne había permanecido constante, la hipótesis de que el ganado era el principal culpable de la destrucción de la Amazonia se derrumbó.  Según el Ministerio de Medio Ambiente, la principal causa de la deforestación en Colombia es el acaparamiento de tierras. Hay varias explicaciones: que hace parte de la cultura del colono, que hay manos negras de testaferros o que la ganadería está detrás del fenómeno. Pero aún no hay culpables. Foto de Rodrigo Botero.
Su investigación más reciente arrojó otra conclusión inquietante. Luego de comparar datos satelitales de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú y Brasil, recopilados a lo largo de 12 años, Armenteras observó que hay otro factor que incide en la propagación del fuego en la Amazonia: la construcción de vías de comunicación. Carreteras, esencialmente.
Un hecho resume el papel de las autoridades en la fiscalización de los bosques: luego de la publicación de un informe periodístico sobre ese escenario desolador el 2016, recibimos una llamada de la Unidad de Delitos Ambientales de la Fiscalía. Una funcionaria explicó al autor del reportaje que no tenían ni idea sobre lo que estaba pasando con las carreteras ilegales y querían empezar a reunir pistas. El periodista iba a ser una de sus fuentes.
Si la destrucción no se detiene, los datos de la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible sostienen que la pérdida de bosque natural el 2020 crecerá 200%. La epidemia de la deforestación seguirá su rumbo sin que nadie la pueda contener.
*Este artículo hace parte de *#MaderaSucia, una investigación periodística transnacional coordinada por OjoPúblico y Mongabay Latam en alianza con El Espectador, Semana, Connectas, El Deber, Revista Vistazo e InfoAmazonía en cuya primera entrega han participado 11 periodistas de investigación de la región. Para más información lea Los últimos árboles de la Amazonía y Así funciona el tráfico de madera en Colombia)
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