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Les amants du Pont-Neuf. Leos Carax 9/10
Salieron físicamente ilesos. Pero la fuerza que tenían ha sido destruida. La calle les daba movimiento en la agonía. El amor e interés por otra persona creaba la ilusión de aumentar esa fuerza, o de complementarla más bien. El problema es que la suma de todas las fuerzas anula el efecto. Luces crean espacios que la oscuridad hacía pasar por muertos, o necesitados de vida. Pero la luz pareciera que se agota cada vez que se abusa de ella. La vida callejera, sin un hogar cerrado, con el mundo entero como habitación, baño y cocina, es compleja… ¿Qué esperaban si allí se daba amor? ¿Qué la luz se mantuviera por sí misma? Aquí hay un quiebre entre ansiedad y demencia. La ciudad es el peor enemigo del amor, pero es la intermediaria de él. Tenemos en ella amigos en común, no sé si vida. ¿Son estos seres amigos del mundo, vivían? No importa por qué están allí ni qué lograron o qué pudieron haber logrado en la vida. Importa que todo se acabó pero siguió el movimiento. La realidad no parará. Carax no quiere que eso suceda, pero los personajes ya jugaron su papel en ella.
Sobre La Mansión de Araucaima. Carlos Mayolo 8/10
A Víctor Gaviria no le gustó la adaptación. Le pareció demasiado fiel al texto ya que no tradujo la historia y el argumento al lenguaje audiovisual ni social, sino que representó el libro. Pero recuerdo lo que reflexionó Mayolo sobre sus producciones y su vida en el documental que le hicieron tiempos antes de su muerte. El caliwoodense quiso representar los delirios de su existencia en sus películas. En esta ocasión, los fusionó bellamente con las convenciones de Mutis. Esto es erróneo para Gaviria, ya que Mayolo no hizo la historia con colombianos delirando en las calles de la selva de cemento, no la hizo propia ni coyuntural. El caleño hizo de las sustancias, de la alteración que provoca en los sentidos del realizador, su leitmotiv. Él y Gaviria controlan tecnología y humanos a su manera, con gran destreza. Pero me gusta más la delirante del irresponsable; del que no le preocupa triunfar ni le tiene miedo a su cabeza. La película es la representación del olor a muerte, creador de sueños que se confunden con deseos y posibilidades que brinda el mundo no-onírico. Es la representación del delirio, de la verdad, del animal que soy.
Mulholland Drive. David Lynch 10/10
Se deja de ser terco con la percepción del tiempo cuando Lynch crea una película. Pareciera que la obra se moviera a través de las raras dimensiones que creó, que las hiciera verdad. Hasta mi casa llega el sórdido grito de Silencio. Las cajas quieren ser llaves. El mueble no quiere dejar de recordar al peso que sostuvo del amor, mucho menos al derretido dolor que lo ensució. ¡No seas director, no pienses en ser creativo, te ahogarás si no aprendes las convenciones! ¡Ve y siente el absurdo como inocuo camino al que el ser humano se condenó! Pero ojo, no dejes de sufrir con ganas, llorar como una catarata, añorar como mascota y mirar con desprecio a quien besa. No pienses que la realidad es lo que ves. La música se hizo carne cuando apareció ante el hombre, quien también la conquistó. Por cierto, no olvides que la luz y el sonido se mueven, también pueden pasar por dimensiones. Puede que Lynch vea a la mujer como una creación interdimensional; no sé si la hace exótica o se burla de ella. Recomiendo buscar la respuesta en su repositorio de producciones delirantes.
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"Viola tu país, decapita al capital, quema las fronteras, perfora el uniforme, degolla sus sueños, diseca sus cuerpos, hazlos tu trofeo y extermina a los gobiernos"
Insulino dependiente
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