¿Debe entonces arriesgarse el Grexit? Estamos confrontando aquí la tentación "evental" (concepto de Alain Badiou), la tentación, en una situación difícil, de llevar a cabo el acto de locura, de hacer lo imposible, de asumir el riesgo de irse cualquiera sean los costos, con la lógica subyacente de que "las cosas no pueden ser peores de lo que son ahora." El problema es que ciertamente se pueden poner peor, hasta explotar en una crisis social y humanitaria completa. La pregunta clave es: ¿existió realmente una posibilidad objetiva de un acto emancipador adecuado para aprovechar todas las consequencias político-económicas del No del referéndum? Cuando Badiou habla de un evento emancipatorio, siempre enfatiza que un hecho no es un evento en sí mismo, que sólo se convierte en uno con carácter retroactivo, a través de sus consequencias, a través de la dura y paciente "obra de amor" de los que luchan por ella, que son fieles a la misma. Por lo tanto uno debería abandonar ("deconstruir", incluso) el tema de la oposición entre la marcha "normal" de las cosas y el "estado de excepción" caracterizado por la fidelidad a un acontecimiento que interrumpe la "normal" sucesión de las cosas. En un suceder normal de las cosas la vida continúa, siguiendo su inercia, estamos inmersos en nuestras preocupaciones y rituales diarios, y entonces algo sucede, algo, un despertar, la versión secular de un milagro (explosión social emancipadora, encuentro de amor traumático ...); si optamos por la fidelidad a este evento, toda nuestra vida cambia, nos comprometemos con la "obra de amor" y nos esforzamos para inscribir el Evento en nuestra realidad; en algún momento, entonces, la "evental" secuencia de acontecimientos se agota y volvemos al normal flujo de las cosas... Pero, ¿qué pasaría si el verdadero poder de un evento se midiera precisamente por su desaparición, cuando el evento se borra en su resultado, en el cambio de la vida "normal"? Tomemos un evento sociopolítico: lo que queda de él al final, cuando se agota su energía extática y las cosas vuelven a la "normalidad", ¿cómo es esta normalidad diferente de la normalidad pre "evental"?
Así que, volviendo a Grecia, es fácil contar con el gesto heroico de prometer sangre, sudor y lágrimas, para repetir el mantra que la política auténtica significa uno no debe permanecer dentro de los límites de la posible, sino arriesgar lo imposible, pero ¿qué implicaría esto en el caso de Grexit? En primer lugar, no olvidemos que el referéndum no era ni sobre el euro (el 75 por ciento de los griegos prefieren quedarse en el euro), ni sobre la permanencia en la UE o no. La pregunta era: "¿Quieres que esta situación continúe o no?" Por lo tanto, el resultado no puede ser leído como una señal de que el pueblo griego está dispuesto a soportar sacrificios y más sufrimiento para hacer valer su soberanía. El No fue un No a su situación continuada, que era la situación de austeridad, pobreza, etc. Era una demanda de una mejor vida, no una preparación para más sufrimiento y sacrificio. (Por lo general, el postulado "disposición para un inmenso sufrimiento" es extremadamente problemático.) En segundo lugar, en el caso de Grexit, el Estado griego no se vería obligado a cumplir una serie de medidas (nacionalización de los bancos, impuestos más altos, etc.) que son simplemente el renacimiento de la vieja soberanía política económica nacional estatal-socialista. No tengo nada en contra de ese tipo de política, pero ¿funcionaría en las condiciones específicas de la Grecia de hoy, con su aparato estatal ineficiente y siendo parte de la economía global? Estos son los tres puntos principales del plan de la Plataforma de Izquierda antiausteridad, que enumeran una serie de medidas "absolutamente manejables":
1) La reorganización radical del sistema bancario, su nacionalización bajo control social y su reorientación hacia el crecimiento.
2) El rechazo total de la austeridad fiscal (superávit primarios y presupuestos equilibrados) con el fin de abordar con eficacia la crisis humanitaria, cubrir necesidades sociales, reconstruir el Estado social, y sacar a la economía del círculo vicioso de la recesión.
3) La implementación de los primeros procedimientos que conduzcan a la salida del euro y la cancelación de gran parte de la deuda. Son decisiones absolutamente manejables que pueden llevar a un nuevo modelo económico orientado hacia la producción, el crecimiento y el cambio en el equilibrio de fuerzas sociales en beneficio de la clase obrera y el pueblo.
Más dos especificaciones adicionales:
La elaboración de un plan de desarrollo basado en la inversión pública, pero que también permitirá la inversión privada en paralelo. Grecia necesita una nueva y productiva relación entre los sectores público y privado para entrar encaminarse hacia el desarrollo sostenible. La realización de este proyecto será posible una vez que se restablezca la liquidez, combinada con el ahorro nacional.
Recuperar el control del mercado interno de los productos importados revitalizará y mejorará el papel de las pequeñas y medianas empresas, que siguen siendo la columna vertebral de la economía griega. Al mismo tiempo las exportaciones se verán estimuladas por la introducción de la moneda nacional.
Es difícil de ver en todo esto nada más que el juego habitual de medidas intervencionista del Estado: el retorno a la moneda nacional, la impresión de dinero, la financiación de grandes obras públicas, apoyo a la industria nacional... Tales medidas, bien calibradas, pueden funcionar, pero ¿funcionarían en la Grecia de hoy, con una enorme deuda externa de individuos privados y empresas (que no se puede cancelar), una economía plenamente integrada con y dependiente de Europa Occidental, dependencia que incluye exportaciones de alimentos, de productos industriales y de insumos médicos? En otras palabras, ¿dónde, en qué "afuera" se encontraría Grecia? ¿En el "afuera" de Bielorrusia y Cuba? Como Paul Krugman escribió hace poco, uno tiene que admitir que nadie sabe realmente lo que serían las consequencias del Grexit, es un territorio desconocido. Sin embargo, una cosa es clara: "Grexit es un nombre para nada menos que la política de independencia nacional", por lo que no es de extrañar algunos partidarios de la Plataforma de Izquierda incluso recurran a la extremadamente problemática y (para mí) totalmente inaceptable autocaracterización "populismo nacional". (Por cierto, uno tiene que rechazar ambos mitos optimistas, el mito Plataforma de Izquierda de que hay una manera claramente racional de hacer el Grexit y traer una nueva prosperidad, así como el mito opuesto, defendido por, entre otros, Jeffrey Frankel, de que, si cumple fielmente el plan de rescate, Tsipras puede convertirse en un nuevo Lula.)
Así que ahora la elección no es simplemente "Grexit o capitulación": el gobierno de Syriza se encuentra en una situación única, obligado a hacer lo que le es opuesto. Persistir en una situación tan difícil y no dejar el campo es coraje verdadero. El enemigo del gobierno Syriza ahora no es principalmente la Plataforma de Izquierda, sino los que toman "sinceramente" la derrota y quieren jugar la carta de la UE. Este peligro resulta claro cuando uno toma en cuenta el efecto de la capitulación en Syriza: la capitulación des-radicalizó a los que se quedaron en los ministerios, con el resultado de que o bien son incapaces o no desean (para no alterar a la troika) planear la próxima ruptura. Además, la troika los manteniene como conejillos de Indias en una rueda giratoria, haciéndolos correr más rápido y más rápido para implementar sus medidas tóxicas. Han sido cooptados en cuestión de días y son incapaces de planear nada de eso.
Por último: en este punto, y de manera crucial, la troika está hábilmente imponiendo al gobierno legislación que agranda y afianza aún más sus propios feudos dentro del Estado. Por lo tanto, las unidades recaudadoras de impuestos han sido absorbidas por la Secretaría General de Ingresos Públicos (que como ya expliqué, es manejada por la troika) y por lo tanto el gobierno no tiene instrumentos a su disposición para combatir la evasión fiscal por parte de los oligarcas. Lo mismo ocurre con las privatizaciones. La troika está estableciendo nuevos "órganos" que controla totalmente.
¿Queda alguna esperanza? El verdadero milagro de la situación, y una de las pocas fuentes de esperanza modesta, es que, a pesar de la capitulación ante Bruselas, parece que alrededor del 70 por ciento de los votantes griegos todavía apoyan el gobierno Syriza. Y la explicación es que la mayoría percibe que el gobierno de Syriza está haciendo lo correcto en una situación imposible.
Hay un riesgo de que la capitulación de Syriza llegará a ser solamente eso y nada más, permitiendo el completo reingreso de Grecia a la UE como un humilde miembro en quiebra, de la misma manera que existe un riesgo de que el Grexit se convierta en una catástrofe a gran escala. No existe una clara respuesta a priori aquí, cualquier decisión sólo puede ser retroactivamente justificada por sus consequencias. Lo que uno debiera temer no es sólo la perspectiva de más sufrimiento por parte del pueblo griego, sino también la perspectiva de otro fiasco que desacreditará a la izquierda en los próximos años, mientras que los izquierdistas sobrevivientes argumentarán cómo su derrota demuestra una vez más la perfidia el sistema capitalista.
* Filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su obra Menos que nada, Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Ediciones Akal) se publicará en septiembre de este año.
Traducción: Celita Doyhambéhère