Columnista
David Santos Gómez
Es frecuente que aparezca un payaso en el tarjetón. Que se cuele un bufón en las elecciones. El hecho casi siempre ocurre en votaciones al legislativo, cuya cascada de aspirantes tiene pocos filtros, y con frecuencia en países con democracias flojas. Hemos visto brujas que, montadas en escoba, aspiran a una curul en Colombia o animadores infantiles, de peluca y cara pintada, que pretenden llegar a los congresos de Brasil y México. Pero hoy el payaso, oculto tras una corbata millonaria y un peluquín reluciente, nos viene desde Estados Unidos y pretende ser presidente. El racista y multimillonario Donald Trump.
Trump anunció su intención de buscar la Casa Blanca por el Partido Republicano con un discurso cargado de propuestas estúpidas, retórica nacionalista y balbuceo racista. El sujeto, constructor millonario/estrella de reality, que devanea con la política cada cuatro años, es un impresentable que deteriora el serio debate público en E.U.
Lo que dijo fue un despropósito. A sus ya conocidas críticas a Obama, por el manejo interno del país y la política exterior, le sumó un alegato basado en la crítica al inmigrante y, de forma grosera, al mexicano. Propuso la creación de un extenso muro para frenar a sus vecinos del sur a quienes calificó de indeseables, portadores de las plagas del siglo XXI. “México no es nuestro amigo”, escupió, mientras culpaba a sus ciudadanos de ser narcotraficantes, delincuentes y violadores.
La carrera para reemplazar a Obama en noviembre de 2016 ya toma forma. Los demócratas pretenden mantener el Salón Oval y su carta más fuerte, casi solitaria, es la exsecretaria de Estado Hillary Clinton. En los republicanos, además del payaso, hacen carrera Jeb Bush, exgobernador de la Florida, hermano e hijo de presidente; y el senador de ascendencia cubana, Marco Rubio. Aunque destellan otros nombres como Ted Cruz o Rick Santorum, hasta ahora juegan en un segundo plano.
La aridez de la política estadounidense es preocupante. Obama transita un fin de mandato pálido, entorpecido por sus propios aliados, y no hay candidaturas sólidas con propuestas contundentes que anuncien un nuevo impulso. Por eso explotó en las noticias la payasada del millonario que provoca más llanto que risa. Trump, con pirotecnia y humo pero poco sustento, es una bufonada triste que retumba cuando la verdadera política no aparece.