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Predeterminado Respuesta: Increibles descubrimientos en Piramide Keops

Revela que la masa de la esfera en su mayor parte era de piedra recubierta por capas de electro, una aleación de plata y oro con una proporción de oro aproximada del 60 o 75 por ciento que tenía propiedades electromagnéticas. La esfera simbolizaba al Sol que representaba a Ra, el dios que infundía la vida con sus rayos fecundantes, y el dios del que se reclamaron hijos los faraones desde la IV Dinastía. Se ignora que sucedió con esa esfera. Sospecha que al llegar el final del Imperio Antiguo con el fin de la VIII Dinastía, durante los altercados que marcarían el Primer Periodo Intermedio, los bárbaros de turno ascenderían a la cima de la Gran Pirámide y armados con palancas harían rodar su esfera dorada en busca de la preciosa aleación de oro y plata que la recubría.

“Una esfera sobre la cima de una pirámide es, pues, una imagen simbólica muy potente, una referencia implícita al equilibrio inestable de las obras del hombre y de la propia civilización, representada por el sólido más difícil de esculpir, por el único sólido que puede simbolizar a los astros y, por extensión, a la materia del universo entero: la esfera. Los sacerdotes-arquitectos de la Gran Pirámide, al acabar su construcción, habían vuelto a llevar la civilización, representada por la esfera de coronación, hasta su cima. Una civilización que, ya había conocido por lo menos una destrucción anterior”, afirma Pérez-Sánchez.

La investigación del arquitecto Pérez-Sánchez afirmando que una esfera estaba en la cima de la pirámide descarta el famoso piramidión o piramidón (pequeña piedra piramidal) que era la pieza pétrea de forma piramidal que se situaba en la parte más alta de los obeliscos y pirámides; simbolizaba el lugar donde se posaba el dios solar Ra o Amón-Ra, en la cúspide del monumento, como punto de unión entre el Cielo y la Tierra.


Piramidión de la pirámide de Amenemhet III
o Pirámide negra en Dahshur, situada
40 km al sur de El Cairo.



El piramidión que se colocaba en las pirámides se solía realizar con materiales tales como la piedra caliza de Tura como el que tenía la pirámide roja de Snefru (dinastía IV), o de granito negro, como en la de Jendyer (dinastía XIII). Esta pieza generalmente se recubría de oro, bronce o electro u otra aleación de metales, para que resplandeciera cuando incidía en él la luz del Sol.


Primer plano de la Esfinge, sería de una
civilización anterior que la esculpió con forma
de león hace al menos 10.500 años a.C.


El arquitecto Pérez-Sánchez apunta asimismo en su estudio que «la Gran Esfinge no es coetánea de las pirámides que la rodean, sino que sería de una civilización anterior que la esculpió con forma de león en el octavo milenio a.C.». La longitud de la Gran Esfinge varía según los autores, pero supera los 70 m, y su altura es del orden de 20 m. No obstante, las diversas restauraciones sufridas a lo largo de los milenios dificultan precisar sus medidas originales.

Hay un debate iniciado desde hace años en torno a la antigüedad de la Gran Esfinge. Se dice oficialmente que su origen es en la IV Dinastía, pero las pruebas del paso del tiempo son irrefutables, según la opinión de Robert Schoch, geólogo y profesor de la Universidad de Boston, geológicamente le atribuye una antigüedad como mínimo entre los años 5000 y 7000 antes de Cristo, debido a la profunda erosión producida por las aguas de lluvia, ya que en Egipto no existió en tiempos más recientes una climatología que la justifique.


El punto cardinal hacia donde mira la Esfinge
es donde salía la constelación del León,
en el equinoccio de primavera.


Según la teoría de Schoch, sustentada en estudios geológicos y climatológicos, la erosión de la base —muy superior a la sufrida por las tres pirámides vecinas y producida por el agua— se convierte en inexplicable si no consideramos que la Gran Esfinge es muy anterior, y que sufrió los efectos de milenios de lluvias.



El valle de Gizeh o Giza y los
monumentos milenarios que posee.


investigadores Robert Bauval y Graham Hancock fechan la Gran Esfinge en torno al 10.500 antes de Cristo, a partir de considerarla una proyección sobre la Tierra de la constelación del León que en esa época salía en el equinoccio de primavera justamente por levante —el punto cardinal hacia donde mira la Esfinge— antes de la salida del Sol.

El hecho que la Gran Esfinge tuviera una antigüedad superior a las tres pirámides de Giza podría explicar uno de los enigmas que plantea: la diferente escala entre el cuerpo y la testa. Originariamente el felino tendría una cabeza leonina, y su imagen actual sería consecuencia de una restauración realizada milenios después, que incorporaría el retrato del faraón que la dirigió —en principio Kefrén o Keops— y que habría sido esculpido sobre la cabeza originaria del felino, erosionada por los siglos.


La Gran Esfinge y detrás la pirámide de Kefrén.


Resulta curioso que el arquitecto Miquel Pérez-Sánchez reconozca que la Esfinge es mucho más antigua que las pirámides y sin embargo, acepte la historia “oficial” de Egipto que está dividida en nueve períodos y unas 30 dinastías. Que acepte que la Gran Pirámide supuestamente se construyera bajo el reinado de Keops y nada menos que en 23 años, algo imposible ya que tendría que haberse colocado un bloque de piedra por minuto para cumplir con la obra en ese tiempo.


En la pirámide de Keops el perímetro de la
base cuadrada (en rojo) equivale al perímetro
del círculo que toma por radio la altura (en azul).
Hacer clic para aumentar la imagen.


La mayor de todas las pirámides, la de Keops, tendría originariamente más de 2.850.000 bloques de piedra, con un promedio de 2,5 toneladas cada uno. Hay algunos en su interior que tienen 30 toneladas y otros superan las 80 toneladas, los hay de diversos tamaños y peso y algunos fueron transportados desde una cantera a 900 kilómetros de distancia. ¿Cómo transportaban las piedras? ¿Cómo las movían? Nadie lo sabe.


Al amanecer, se observa a la izquierda, la
Gran Pirámide, en el centro la de Kefrén
y la de Micerino a la derecha.


Para finalizar, nos quedamos con el pensamiento del arquitecto Pérez-Sánchez sobre los constructores, esos sabios sacerdotes-arquitectos que nos transmiten la sensación de querer enviar al futuro un conceptual mensaje simbólico que podría ser, más o menos, así: “Tenemos el don y el privilegio de conocer la forma y las medidas de nuestro planeta, de nuestra Tierra, de nuestra casa cósmica… Y le queremos tributar un rendido homenaje al incluirlas en nuestro monumento. Porque queremos que la Gran Pirámide hoy hable por nosotros y, más allá del espacio y del tiempo, hable en nombre de la Tierra.”

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