Denunciante Épico
| A marchar por la vida este 8 de marzo
Calificación: de
5,00 | La marcha por la vida es la marcha de todos por todos, por los vivos y también por los muertos, pero sobre todo por los que vienen detrás, que se merecen un mejor país que este donde el odio campea con la violencia, en contubernio con la intolerancia y la exclusión.
Hasta hoy han confirmado 47 municipios en Colombia y 23 países. Pero la idea, como bien lo dice el profesor Mockus no es sólo marchar sino apropiarse del mensaje: "la vida es sagrada" y volverla un principio inamovible en nuestra vida diaria.  Cita: Marcha Para eso es que hay que marchar con Mockus este domingo: para que vuelva el alma al cuerpo, para que vuelva el alma al mapa.
7:32 a.m. | 6 de marzo de 2015 Un guerrerista de fila se dedica a la tarea de notificarme –porque sí, porque esta fila va a durar toda la vida– que “la paz” es saludar a los vecinos, que “los 8.000 bandidos de las Farc son alimañas inservibles que ya ni pa’ qué meterlos en la cárcel” y que “esa payasada de La Habana es un negociado de este gobierno”, como si lo que está pasando fuera culpa mía. Yo voy a concederle lo único que se me ocurre, que quizás no debería hablarse de “la paz”, sino de “el fin de la guerra”, pero se pone a exclamar que eso de juzgar como “a víctimas del destino” a todos los pésimos actores del conflicto es “otra vagabundería de Gaviria”. Y cuando trato de decirle que por eso –porque no hemos podido ponernos de acuerdo ni en cumplir el mandamiento “no matar”– es una buena idea la marcha por la vida que ha convocado Antanas Mockus, él grita la frase “esas marchas no sirven pa’ nada: hay es que hacer algo”. Y se despide por fin, pues por fin es su turno, con un “luego seguimos arreglando el país” que así debe ser el infierno. Pero a mí se me va la semana imaginando qué le habría dicho si me hubiera dado la oportunidad de responderle.
Que la puesta en escena de La Habana tiene mucho de parodia porque la guerra es una sátira macabra. Que esto parece un circo, sí, porque lo es. Que acá ni la guerrilla es seria, pero que con qué cara –con qué país, con qué jueces– vamos nosotros a juzgarlos si este Consejo de Estado protege a los zánganos que firmaron la tramposa “reforma de la justicia” del 2012, si esta Corte Constitucional es un show deplorable, si aquel señor de Interbolsa, que vivió allí, en esa clase social más allá de las clases sociales donde no hay que hacer la fila y la ley da risita y “usted no sabe quién soy yo”, ha decidido fugarse “por falta de garantías”, perdón, “radicarse en España”, como los políticos que sabemos. Que es importante que esa propuesta de “justicia pragmática para todos”, la de Gaviria, vaya preparándonos para la frustración que suele venir con el fin de una guerra: no importa que la derecha, a pesar del entusiasmo de su apoderado, se resista a reconocer que sus reglas han sido las del conflicto. Que los expresidentes de la hegemonía neoliberal no deben recibir “el pasado por cárcel”, que es la tentación de una sociedad lista a lavarse las manos, sino ser condenados a desminarles a los nietos el terreno que les sembraron a los hijos. Y que todos esos protagonistas son personajes secundarios, y cortinas de humo, y excusas, para que sigamos aplazando la respuesta a qué tan dispuestos estamos a defender cualquier vida ajena.
Si el guerrerista de la fila hubiera podido oírme, si no se hubiera ido de pronto, le habría pedido que leyera de principio a fin el testimonio de alias el ‘Desalmado’.
Esa es la voz sin miedo ni arrepentimiento ni nada de nada de un hombre entre comillas que, porque sí, porque pagan 500, porque aquí hay casas de pique, es capaz de ejecutar a cuatro niños que piden a gritos piedad.
Para eso es que hay que marchar con Mockus este domingo: para que vuelva el alma al cuerpo, para que vuelva el alma al mapa. Yo sé que la esperanza no suena intelectual, ni académica, ni periodística, ni estadística, ni astuta, pero hay que marchar –pues marchar es rezarle a la sociedad, ni más ni menos– por un país que se sobreponga al letargo, que dude, que deje de tener toda la razón como dándoles la espalda a los fantasmas, que se desacostumbre a los sociópatas que vaticinan ríos de sangre si se firma “la paz”, que siga debatiendo en las filas de los bancos el horror que, como un secreto de familia o una mancha que estaba en la pared cuando llegamos, hasta hace muy poco no se veía, no se decía y no tenía ninguna discusión.
Ricardo Silva Romero
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Fuente: El Tiempo 
Última edición por Heráclito; 06-03-2015 a las 15:00:44 |