| Denunciante Épico
| El mundial que se juega por fuera de las canchas: la Selección Colombia de periodistas | Buena reseña. Cita: El mundial que se juega por fuera de las canchas: la Selección Colombia de periodistas Iván Gallo escribió esta diatriba contra los comentaristas y narradores que fueron a cubrir el Mundial, quienes desde la comodidad de sus cabinas dicen quién jugó bien y quién no debería jugar
Por: Iván Gallo | julio 02, 2014  Mientras la selección Colombia de fútbol está teniendo un mundial de ensueño, existe otro grupo de “Jugadores” que han conformado un particular seleccionado: el de los periodistas de fútbol. Aunque muchos de sus integrantes llevan más de cuatro mundiales encima, todavía el equipo está lejos de tener un nivel acorde con lo que exige una justa de esta magnitud. Algunos puntos, como el de su arquero por ejemplo, han tenido un nivel paupérrimo, otros, como sus volantes de creación, siguen demostrando que, a pesar de su veteranía, aún son indispensables en la estructura de este equipo. Acá daremos un repaso de cómo han jugado el mundial cada uno de los integrantes de esta particular selección.  Arquero, Carlos Antonio Vélez: la culpa de las goleadas que ha sufrido el periodismo deportivo colombiano en los últimos años radica en la insistencia de mantener como titular a este golero de manos de mantequilla y lengua venenosa. Su campaña de desprestigio contra el técnico Pinto y la posterior hazaña tica han dejado en ridículo al pedante cancerbero. A esto hay que sumarle los malos augurios que desde su trinchera radial destiló contra el conjunto de Pékerman antes de que comenzara la competición. Sus años maravillosos, si alguna vez los tuvo, ya son parte de la historia. La hinchada que alguna vez lo escuchó hoy en día lo detesta. El último autogol que se metió, ese de decir, justo después del partido contra Uruguay, que James Rodríguez era un agrandado al que aún le faltaba mucho, confirmó que el comentarista de alambicado lenguaje padece una extraña enfermedad que definitivamente está carcomiendo sus neuronas. Defensa Central, Jorge “El patrón” Bermúdez: no estoy hablando del ídolo de Boca sino de esta aberrante imitación de Marcelo Benedetto o Titín Fernández que con su extraño acento argentino hace insoportable los minutos previos al partido si lo estás viendo por RCN. Tosco con el micrófono, lento en los cierres, su mundial ha sido un desastre que ni siquiera la presencia atrás del gran José Luis Chilavert, lo han podido salvar. Lateral Derecho, William Vinasco Ché: Sus 125 años definitivamente ya le están pasando factura. Su senilidad le impide aprenderse los nombres de los jugadores, sobre todo si estos son europeos. El día del debut de Colombia contra Grecia, un día antes de las elecciones presidenciales, dejó bastante claro, con sus metáforas militares, por quien iba a votar. A William, qué duda cabe, ya nadie lo espera en la casa. Lateral Izquierdo: no existe, la casi totalidad de periodistas deportivos colombianos desprecian la zurda. Volante de marca número uno, Iván Mejía Álvarez: recio y corajudo, no le da miedo meter la pierna cada vez que el partido lo requiere. Su estilo de juego no le gusta a mucha gente, pero Mejía sabe leer los partidos como ninguno. Su desconfianza hacia las convocatorias de Carbonero y Álvarez Balanta en un principio molestó al entorno de la Selección, pero conforme pasaron los partidos el gordo reconoció sus errores y hoy en día disfruta de los éxitos de Colombia no sin antes marcar los defectos de funcionamiento que, como todo equipo en el mundo, tiene el conjunto de Pékerman. Volante de marca número dos, Antonio Casale: este hincha de Millonarios, amante de las canciones de Maná y Vilma Palma, no le quita un balón a nadie. Le abonamos, eso sí, la insistencia que durante años hizo desde su programa radial por que la Federación trajera un técnico extranjero. El paso de los partidos le ha dado la madurez que se requiere para un compromiso de esta naturaleza, pero todavía le falta mucho, tal vez demasiado. Carrilero por derecha, Javier Hernández Bonnett: es un fijo en los mundiales desde 1990. Nos asombra su regularidad y lo bien que le pasa la pelota al argentino Gustavo Alfaro, dejándolo hablar y evitando robarse el protagonismo. Sus colegas de RCN deberían aprender de él ya que casi nunca le ceden la palabra a Chilavert o a Valdano. Alta calificación para el narrador quien en Brasil ha estado a la altura del momento histórico. Desde la eliminatoria a manera de humor dejó de ser la imagen de Refisal. Carrilero por izquierda, Martín De Francisco: le dicen dinosaurio porque fue grande en su época. Martin fue el ídolo de mi generación cuando, desde La Tele, desafiaba a la farsandula criolla. Lamentablemente en su faceta como periodista deportivo le ha sobrado pasión y le ha faltado compromiso. Como suele sucederle a la mayoría de periodistas que pasan de Caracol Radio a RCN Radio su labor ha decrecido notablemente. Ahora ni defiende ni va al ataque. Intrascendente Enganche, Titto Pucetti: nos ha sorprendido gratamente al pasar de ser un reportero a convertirse en un gran narrador y un aceptable y sobre todo honesto comentarista. Se ve que, a diferencia del arquero de esta selección, sus comentarios no están ceñidos de odios ni de rencillas personales. Los jugadores del rentado nacional lo adoran y poco a poco consigue ganarse el respeto de la exigente hinchada argentina. Volante 10, Hernán Peláez: ¿Qué más se puede decir? Es el decano del periodismo colombiano, es tranquilo a la hora de analizar un partido y siempre es acertado. La magia que despliega a la hora de emitir sus comentarios, oculta un poco el bajo rendimiento que tiene este equipo en defensa y sobre todo en la inseguridad que despierta su arquero. Muchos dicen que será su último mundial, pero, sabiendo lo testarudo y adicto al trabajo que es, esperemos que también nos esté acompañando con su calidad en Rusia 2018. Punta izquierda, Andrés Marocco: resistido por un sector de la hinchada, su sequía goleadora parece haberse agotado en este mundial. Se nota que los regaños que Mario Alberto Kempes y Vito de Palma, compañeros de él en Hablemos de fútbol, han surtido efecto. Un año atrás, verlo en ESPN daba angustia por la cantidad de imprecisiones y sandeces que podía decir. Ahora ha tenido un ataque de inteligencia que, esperemos, le dure durante mucho tiempo. Punta derecha, Javier Fernández: el cantante de gol definitivamente no tiene gol. Él posee el mal de todo narrador colombiano: no deja escuchar el partido y cree que su labor es narrar un saque de banda como si fuera un penal. Es irritante escucharlo gritar durante noventa minutos y por supuesto, como la gran mayoría de canta goles colombianos, hace gala de una preocupante ignorancia en todo lo referente a la historia del fútbol. Técnico, César Augusto Londoño: lo más acertado que ha dicho en su carrera el Peter Pan del periodismo deportivo fue el día que mataron a Jaime Garzón, “País de mierda”. De resto su trabajo consiste en poner a jugar a los demás, porque él de juego nada. Solo comenta lo que los demás ya han dicho. Es un citador de datos y estadísticas de otros pero que además lo hace mal, como lo dijo hace dos días su compañero de equipo Iván Mejía en La Polémica del mundial: “César tiene una capacidad gigante para distorsionar lo que uno dice”. Asistente técnico, Gustavo Gómez: aunque no es periodista deportivo, ni mucho menos sabe de fútbol, aprovechó el ‘gorrazo’ que le dio Caracol Radio para irse al Mundial de Brasil con todos los viáticos del caso. Pero no a hacer buen periodismo, sino a tomarle fotos a su parner el técnico César Augusto Londoño. Pueden ver el álbum completo en su cuenta de Twitter. Paradójicamente, este periodista que le mete severas goleadas con sus comentarios a todos los políticos colombianos que se pasean por el mundo con platas ajenas sin hacer nada, terminó haciendo lo mismo: lagarteándose un paseo donde no le ha aportado periodísticamente nada al país. O que nos muestre un informe deportivo de premio que pague la boleta de tremendo viaje. BANCA: Aguatero derecho, Hugo Illera: La costa atlántica ha dado los mejores periodistas que ha dado este país. Desde Cepeda Samudio hasta Ernesto Mclausand, pasando, como no, por el gran Andrés Salcedo. Lamentablemente este aguatero perezoso, hablantinoso y matonesco es más bien hijo del hombre Caimán que de Mike Schmulson. Una pesadilla este rey del matoneo en el vestuario que por alguna extraña razón Caracol no ha podido deshacerse de él. Volante de creación, Nicolás Samper: Desde que le dio por crear el Bestiario del balón, este joven número 10 promete ser el reemplazo del maestro Peláez. Su conocimiento enciclopédico e inspirada prosa que despliega desde las páginas de Esquire, un desconocido club que la mayoría de futboleros colombianos desconocen, lo muestran el gran prospecto del nuevo periodismo deportivo. Delantero, Adolfo Pérez: Los años gloriosos de este bizarro Dorian Gray, si es que alguna vez los tuvo, pasaron hace rato. Él posee un extraño Don: el de predecir lo que sucede después de que los hechos ocurren. A mucha gente escucharlo le recuerda el cinco cero, a mí, su voz de niño afectado por el síndrome de Matusalén me trae a la memoria el 9-0 de Londrina, el 4-0 contra España en las olimpiadas del 92 y tantas de esas derrotas horrendas que presenciamos todos aquellos que tenemos más de 30 años. |
Fuente>: Las 2 Orillas  |