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nominado El matoneo a Stefan Medina - Reportaje Revista DON JUAN Recomendado Calificación: de 5,00

Los mejores licores
Esta es la historia de un futbolista silencioso e introvertido que, juegue bien o juegue mal, siempre está en el ojo del huracán en tiempos de redes sociales.

“¡Stefan Medina, tronco hijueputa!”, grita inflando la caja torácica, mientras sonríe y se atraganta con un bocado de perro caliente, un hincha del Santa Fe, que está sentado a mi lado. Es posible que, desde los pocos metros que lo separan de la tribuna oriental, él no haya oído el aullido de perro rabioso que le acaban de lanzar. Sin embargo, está a punto de pisar el césped del estadio Nemesio Camacho El Campín y sabe que será chiflado, juegue bien o juegue mal, como si alrededor suyo se levantara un coliseo romano en el que los leones no andan sueltos en la arena, sino amarrados en las tribunas.

Nadie sabe si le temblarán las piernas cada vez que toque el balón esta noche o le “mienten” la madre las 25.000 voces que se revuelven en las graderías. Así pasó en Barranquilla cuando jugó contra Junior en el Metropolitano. Stefan Medina rechazaba un balón y recibía una silbatina, daba un cabezazo para adelante y silbatina, hacía un buen pase y silbatina. Y así ocurrió también dos semanas atrás en Manizales. Jugaban Once Caldas y Nacional. De aquella abucheada se acuerda bien Santiago Escobar, técnico del equipo de Manizales. Desde la pista atlética y cada vez que el estadio tronaba, Escobar hacía fuerza y se rascaba la cabeza, en un gesto de intranquilidad, porque conoció a Stefan desde que era un niño en las inferiores del Nacional. Y no solo lo conoció, sino que le dio la oportunidad de que jugara su primer partido como profesional, en un juego contra Quindío, en Armenia, el 12 de diciembre de 2010. Stefan tenía 18 años. “El Sachi”, pese a estar desde la orilla del equipo contrario, no podía abstraer de su pensamiento la silbatina. En sus catorce años como jugador profesional nunca recibió un desafuero tan monumental.

—La gente se ensañó con Stefan. Como jugador nunca lo viví, pero como técnico sí. Hace un par de meses en Manizales me gritaban en cada partido y a todo pulmón, “se va, se va, se va, se va, cuándo se va”. No es fácil regresar a la casa y dejar de pensar en esas cosas que pasan en el estadio —dice.

Cualquiera que nunca hubiese visto un partido de fútbol en su vida creería que Stefan ha cometido un crimen que los “tifosos”, como llama Juan Villoro a los fanáticos que se desahogan en las tribunas, no le perdonan. Y no se lo perdonan desde que participó en dos partidos de la selección Colombia de mayores, en las eliminatorias al Mundial de Brasil.

El sábado 18 de mayo de 2013, la sala de la casa de los papás de Stefan tenía la atmósfera de un funeral. El día anterior, a las seis de la tarde, había muerto Rufo, un bulldog inglés que había estado con la familia desde hacía más de cuatro años. Stefan llegó del entrenamiento del Nacional, después del medio día, con la noticia de que había recibido una llamada de una secretaria de la Federación Colombiana de Fútbol, que segundos después le pasó al profesor José Pékerman. El perro de la familia estaba muerto y Stefan recibía la noticia que todo niño que entrena fútbol en este país quiere escuchar algún día en su vida. Había comenzado a jugar a los seis años en la escuela La Gran Colombia, en el barrio Belén de Medellín. Allá estuvo hasta los nueve. Pero un día, John Kennedy Medina, el papá, decidió sacarlo por las goleadas insultantes que les atizaban los contrarios cada ocho días.

En un torneo que La Gran Colombia disputó en el municipio de Sabaneta, los partidos terminaban 15-0, 8-0, 12-0 o 10-0 en contra. Y John Kennedy no soportó la humillación que significaba ver a su hijo salir de la cancha sumido en el silencio que produce la impotencia. El niño quería ganar. A los días, Édgar Bustamante, el técnico de La Gran Colombia, fue a la casa de Stefan a reclamarle el uniforme. Pero antes de irse con la camiseta en la mano, Édgar se devolvió de la puerta y le dijo:

—Lástima que se lleve a Stefan. Era el único niño que se tomaba en serio los partidos. Se acordará de mí que algún día va a llegar a ser profesional.

Con la noticia de Pékerman, las palabras de Bustamante se quedaban cortas. Y con la muerte de Rufo, en la casa no sabían si cele brar o seguir entregados al duelo. Stefan había sido convocado para unirse al equipo que enfrentaría a Uruguay el 10 de septiembre del año 2013, en el frío de Montevideo. Y ahí comenzó esta historia.

Stefan comenzó a jugar a los seis años en la escuela La Gran Colombia.

El equipo, pese a la solvencia que comportaba estar de segundo en la tabla y de faltarle un solo punto para clasificar al mundial, recibía por la espalda todo el peso de la ansiedad de los hinchas. Una ansiedad que se había avinagrado durante 16 años. En la rueda de prensa antes del partido, Pékerman no quiso revelar sus cartas. Sin embargo, se sabía de antemano que Pablo Armero, “Miñía”, el morocho del Napoli de Italia, no jugaría por suspensión. El partido comenzó y Stefan salió a la cancha del estadio Centenario como titular.

1:00: La toca, bien.
2:30: Marca por delante al contrario, y deja pasar el balón.
3:00: No gana un rebote con Edinson Cavani, que hoy parece una liebre dando zancadas en la grama.
4:30: Pasa el balón, bien.
6:29: Saca, bien.
8:45: Centra, bien.
9:50: Se la pasa a Falcao, bien.
10:11: Se roba un balón, bien.
11:47: Hace una pared, bien.
14:38: Hace un centro, bien.
20:04: La deja pasar, pero nadie le cubre la espalda. Parece un error suyo, pero visto en perspectiva, no tenía de otra.
21:47: Pierde la pelota y comete falta.
22:00: En la transmisión del Gol Caracol se escucha un “está nervioso”. Luego, Javier Hernández Bonnet dice, a manera de reclamo, que Stefan volvió a marcar por delante. Andrés Arango, exentrenador de las divisiones menores del Nacional recuerda que muchas veces y, como si se tratara de un hijo al que reprende con cariño, pero con dureza, le advertía, “Stefan, no sea güevón, en el fútbol hay que marcar por detrás y usted, papito, hoy marcó por delante”.
29:10: Devuelve el balón, bien.
35:32: Mal, lucha con Cristian “el Cebolla” Rodríguez; pero ante la impotencia, termina haciéndole falta.
46:16: Hace un pase, bien.
47:17: Rechaza, bien. Javier Hernández dice que Amaranto Perea le tiene que cuidar la espalda.

Termina el primer tiempo.

Jaime Herrera, periodista de El Colombiano, trina: “Desde 1973 Colombia no le gana a Uruguay en Montevideo. Y desde 2001 no empata allá. Nos falta un punto para clasificar”. Comienza el segundo tiempo, Uruguay sale con toda. Cavani ya no es una liebre sino una pantera que hace un tiro que deja tambaleando el poste. En Colombia todos mudos, helados.
52:53: Entrega mal.
53:00: Roba un balón, bien.
57:52: Entrega mal, pero la recupera y la termina arreglando. Javier Hernández sube el tono y exclama: “Se le aplaude esta a Stefan Medina, ¡pero la anterior es imperdonable!”.
58:54: Pase, bien.
60:00: Entrega mal.
65:14: Buen pase.
66:00: Buen pase.
66:55: Buen pase.
67:48: Entrega mal. Comienza a calentar en el banco de suplentes Juan Guillermo Cuadrado, el rapidísimo marcador de punta de las rastas. En el Gol Caracol asumen que se va Stefan Medina. Pero no.
69:15: Pase, bien.
69:30: Buen pase al fondo. En redes sociales comienza a reproducirse, como una pandemia, un hashtag que termina volviéndose tendencia nacional: #ElHuecoEsMedina, en referencia a que es por el lado de Stefan que Uruguay está entrando. Las cinco primeras cuentas que lo trinaron se reconocen en sus biografías como hinchas de Millonarios.
70:02: Bien, logra que Uruguay cometa un error.
73:44: La pierde con dos jugadores.
73:46: Bien, se la entrega a Cuadrado, pero Cuadrado la pierde.
76:75: Gol de Uruguay. Le centraron el balón a Cavani, que venía corriendo por el medio de Amaranto y Stefan. Pero Amaranto no saltó lo suficiente, o saltó tarde, qué va uno a saber, todo fue muy rápido. Stefan venía detrás, no pudo hacer nada. El estadio enloquece. En Colombia los hinchas putean.
79:32: Saca, bien.
80:11: Gol de Uruguay otra vez. Javier Hernández emite un veredicto: “Una defensa de Colombia sin reacción, dormida”. Gastón Ramírez, el 18 de Uruguay, la recibió de pecho y, en lo que dura un segundo, se dio la vuelta y metió el balón por entre las piernas de Stefan. El balón pasó, como si rodara en cámara lenta, delante de Amaranto y de Mario Alberto Yepes, que lo vieron pasar, pasmados, y ahí llegó Stuani y la metió. El partido termina. Los ánimos están exaltados.

Si es por el número de intervenciones en su debut, Stefan Medina jugó más bien que mal. Amaranto, por ejemplo, jugó más mal que bien y Teófilo Gutiérrez jugó muy mal. El periodista Juan José Buscalia, de Fox Sports, me diría meses después que fue toda la selección Colombia la que jugó mal. A los pocos minutos de terminarse el partido, el canal ESPN de Argentina abrió su noticiero con la señal en directo desde el estadio. Pegado a una baranda, por donde pasarían los jugadores luego de la ducha, el periodista Tito Puccetti encaramó el brazo y le puso el micrófono a Álex Mejía, compañero de Stefan en Nacional. Su pregunta resumía un poco la situación:

—Tenemos como ejercicio futbolístico en Colombia, y ahora más con las redes sociales, de individualizar los errores; este es un momento muy complicado, acaba de decirlo “el Patrón” Bermúdez: “No se le puede caer a un jugador y mucho menos al más joven” —preguntó.

Los memes o montajes burlándose de la actuación de Stefan comenzaron a aparecer en Internet en avalancha: “el que no le echó la madre a Stefan Medina no tuvo infancia”, decía uno. “Si Stefan

Medina pregunta, el Mundial de Brasil es en Bolivia”, se leía en otro. “Los sudamericanos que no van al mundial son: Paraguay, Bolivia, Perú, Venezuela y Stefan Medina”, decía uno más. La cuenta @FutbolAlReves montó varios de esos memes, que mostraban la cara de Stefan sobrepuesta en el tronco de un árbol. Pero las bromas se pusieron más pesadas, al punto que hubo varios trinos en los que compararon a Stefan con Pablo Escobar: @AndresPaier: “Que Stefan agradezca que no está vivo Pablo Escobar porque o si no imagínense”. @PibeValderrama (cuenta falsa): “Si a Pablo Escobar lo persiguieron por malo, por qué Stefan Medina sigue ahí como si nada”. Con los días brotaron mensajes como este: @NelsonJimenezV: “Es de aplaudir que Nacional quede campeón con el discapacitado Stefan Medina”.

Más tarde, en sala de abordaje del aeropuerto de Carrasco de Montevideo, el periodista de radio Antonio Casale se topó con el grupo de jugadores que se alistaba para hacer la conexión con Perú, de camino a Bogotá. A Stefan, morral en la espalda, se le vio solo, alejado del grupo, con su celular en la mano. Tenía los ojos rojos, recuerda Casale, cargando con la actitud de alguien que se ha dado cuenta, no cabía duda, de la reacción masiva en su contra. Parecía el mismo Stefan que salió con los ojos humedecidos de un partido de la Copa Postobón, en 2010, poco antes de su debut en el equipo profesional. Era un día en el que llovía a rabiar en el estadio Atanasio Girardot. El juego se hallaba empatado. Stefan estaba defendiendo afinado, aceitado como un reloj, marcando, cerrando, rechazando cuando debía. Todo iba bien hasta que, casi al filo de terminarse el partido, perdió el balón. Entonces Stefan corrió para deshacer el descalabro, con tan mala suerte que, al intentar devolver la pelota, la rozó, de modo que la terminó entrando en su propio arco. Nacional perdió. En el camerino, el técnico José Fernando Santa, energúmeno, descargó todas las palabras del abecedario en Stefan, que salió del vestier sujetando las lágrimas, tal vez por rabia, o por orgullo, o por tristeza, quién sabe, los jugadores de fútbol no son robots, son humanos, me dice un amigo suyo.

Stefan tuvo otro chance en la selección. Esta vez en el infierno de Barranquilla, contra Chile, un partido que no permitía más largas a la clasificación. O pasaba Colombia al mundial, o pasaba. El examen, sin embargo, no parecía tan complejo, si se considera que en Santiago habíamos ganado 3-1. Pero sin haber transcurrido veinte minutos, el chileno Jorge Valdivia hizo el vertiginoso pase de la muerte, es decir, uno que es fugaz y al fondo, por la mitad de Amaranto y Stefan. Y fue así como Eduardo Vargas quedó solo, absolutamente solo con David Ospina, que se tiró y le alcanzó a tocar el guayo a Vargas. Y Vargas cayó, o digamos que se lanzó como si se estuviera clavando desde una piedra a un charco. Penalti.

David Ospina comete falta sobre el chileno Eduardo Vargas, penalti.


En la transmisión de Caracol Radio, César Augusto Londoño dijo, en el fragor del desconcierto, que todo nació de un error de Amaranto, que “quiso gambetear, la perdió y dejó pagando a la defensa de Colombia”. Iván Mejía, menos diplomático, refunfuñó y aseguró que Amaranto se puso de “artista”. El penal lo cobró Arturo Vidal y gol. Con el resultado, Chile clasificaba directo. Y Colombia, tan solvente hasta el momento, ahora se asustaba. Pero eso no era nada. A los 20 minutos y 58 segundos Chile atacó de nuevo. Mauricio Isla hizo un centro en globito por el costado derecho. Stefan venía cerrando por el izquierdo, pero cuando volteó a mirar, vio pasar a Valdivia a la velocidad de un ladrón que se acaba de robar una billetera. Y gol. Stefan, Amaranto y Yepes parecían aturdidos, así como cuando a uno lo acaban de atracar en la calle, pero limpiamente.

El mundial parecía quemarse en la puerta del horno, una vez más. Los comentaristas chilenos no lo podían creer. Decían en una de sus transmisiones que Colombia estaba herida y que ellos, que habían sufrido el calor y la humedad feroz de Barranquilla, tenían ya su recompensa. Y ni siquiera habían terminado de decirlo, cuando Chile estaba cobrando un tiro de esquina. Y mientras el balón surcaba el aire, Stefan perdió el equilibrio y se tropezó, sí, se tropezó, así nomás, y cayó de espalda sin que nadie lo hubiese tumbado, dejando servido el espacio para que llegara Alexis Sánchez a cabecear, pero el arquero Ospina salvó. Sin embargo, nadie vino a cubrir el segundo rebote, y ahí sí Sánchez no perdonó: tres goles en menos de media hora. Stefan apenas se estaba levantando de la grama cuando llegó la frase de César Augusto: “La defensa de Colombia es un colador”.

Para el segundo tiempo Pékerman sacó a Abel Aguilar, a Stefan y a Carlos Sánchez. El resto del partido fue épico, ustedes lo saben, paradójico, raro. Colombia empató y clasificó. Esas cosas pasan. Pero Stefan volvió a ser tendencia nacional en Twitter, hasta convertirse, según Google, en el deportista con mayor crecimiento de búsquedas en el portal durante el año. Del chiste pasaron al insulto y del insulto al, “¿Alguien sabe si ya mataron a Stefan Medina?”, trinó @Sebastian_being. “La única forma que Stefan Medina sea bueno es estando muerto”, escribió @SoyPadreChucha. En un país que completa cincuenta años de conflicto, el verbo “matar” se usa con impunidad, desde el anonimato.


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