| Staff Retirado Con Honores Denunciante Leyenda
| Respuesta: Las pasiones que aún despierta Pablo Escobar Leyenda Según estimaciones oficiales, desde la muerte de Escobar hasta la fecha las autoridades colombianas han incautado 1.150.000 kilos de cocaína, por un valor aproximado de US$29.000 millones. Pero hay una estadística que ayuda a entender por qué, aunque el negocio sigue, son muchos los que están convencidos que nunca más habrá otro "Pablo". Mientras que él estuvo al frente del Cartel de Medellín por 15 años en la actualidad la mayor parte de los narcotraficantes no logran mantener su liderazgo por más de dos años antes de ser "dados de baja" o capturados por las autoridades. Y ninguno tiene el peso simbólico de Escobar: el pionero, el más rico, el más ambicioso, el más extravagante; el único dispuesto a enfrentarse de tú a tú con el Estado colombiano. No en balde nadie en el mundo del narcotráfico ha hecho correr los ríos de tinta que ha merecido Pablo Escobar, o sido objeto de tantos proyectos de película, libros y reportajes. Los lugares vinculados a su leyenda ya son además parte del circuito turístico de Medellín. Y el año pasado fueron 176.000 las personas que visitaron su antigua hacienda, "Nápoles". Recuerdos Hace calor en la propiedad de casi 3.000 hectáreas, ubicada casi a medio camino entre Medellín y Bogotá, desde la que Escobar controlaba su imperio criminal: la Hacienda Nápoles. Y tal vez por eso los juegos acuáticos que hoy constituyen parte de su atractivo están rebosados. Abandonada durante años, la hacienda actualmente alberga un ambicioso parque privado que en principio no podría estar más alejado de Escobar, pues está dedicado al África, los dinosaurios y el agua. Pero la avioneta que supuestamente utilizó para transportar su primer cargamento de cocaína a Estados Unidos sigue marcando la entrada a la hacienda y el zoológico al aire libre que es una de las principales atracciones del parque también podría considerarse un guiño al pasado. Efectivamente, entre las excentricidades más famosas de Escobar estaba su colección de animales exóticos –rinocerontes, elefantes, camellos, cebras, jirafas, canguros…– y el capo permitía la entrada a la hacienda de todos los interesados. Y los descendientes de sus famosos hipopótamos –inmortalizados por Juan Manuel Vásquez en la novela "El ruido de las cosas al caer"– todavía retozan en los numerosos lagos artificiales de la hacienda. Una de ellos, Vanessa, es uno de los símbolos del parque. Como está orientado fundamentalmente a los niños, el empresario detrás del proyecto, Óscar Orozco, cree que la oferta lúdica de hacienda atrae más visitantes que su vinculación con Escobar y la historia del narcotráfico. Pero la vieja casa-hacienda ahora alberga un museo sobre el tema, "pues tampoco podemos dejar olvidar la historia de lo que pasó aquí", dice Orozco. Y, sin dudas, la apertura del parque le ha permitido a toda una generación de colombianos revivir con sus hijos una experiencia que en tiempos de Escobar ellos vivieron con sus padres. Es una generación que parece estar empezando a comprender que no se puede entender a ella misma, ni a su propio país, si no entiende también la historia de "Pablo". Historia Escobar está por todos lados, incluso en el Museo de Antioquia, el más importante de Medellín. Ahí, la escena de su muerte en un tejado de la ciudad, el 2 de diciembre de 1993 –mientras intentaba escapar una vez más de las autoridades– está registrada con los rubicundos trazos de Fernando Botero, el más famoso de los pintores colombianos. Pero, a pesar de su ubicuidad, para muchos colombianos la principal fuente de información sobre Escobar hoy por hoy es la serie de Caracol Televisión y, en menor medida, algunas novelas y reportajes. No se le estudia en la escuela, muy poco en algunas universidades. Y para el hijo de su primera gran víctima, el entonces ministro de justicia Rodrigo Lara Bonilla, esto también puede explicar la falta de consenso en torno al más famoso de los capos del narcotráfico. "Las sociedades tienen que encontrar consensos sobre el significado del mal. Y a mí me preocupa que con muy poco rigor histórico, con mucha irresponsabilidad, en una novela se pretenda humanizar la figura de Pablo Escobar", dice Rodrigo Lara Restrepo. "En una telenovela lo que prima no es el rigor histórico sino el rating. Se trata de convertir esto en un producto comercial, que tiene que divertir. Y cuando el crimen divierte se banaliza", afirma. Para Lara, la decisión de capitalizar la historia de Escobar sólo puede entenderse como un triunfo de su legado: "es más importante el lucro, ganarse tres pesos que la conciencia nacional", dice. Aunque según el hijo el hombre que denunció por primera vez la influencia en la política de los dineros del narco, esa no es la única consecuencia de la vocación comercial de quienes se están encargando de contar la historia del capo. "Eso también les permite saltarse alegremente muchos capítulos que algunos sectores de esta sociedad quieren olvidar y no quieren tocar", afirma Lara. Está convencido de que muchos de los socios de Escobar continúan libres y gozan de poder e influencia. Escepticismo Esa tal vez sea la última pieza del rompecabezas: entre aquellos que se resisten a demonizar a Escobar tampoco faltan aquellos que creen que detrás de los esfuerzos por retratarlo como un genio del mal también están los intereses de quienes quieren ocultar sus propias relaciones con el narco. No necesariamente niegan su monstruosidad. Pero creen que ha llegado la hora de redimensionarlo. "Pablo Escobar fue utilizado por los políticos de turno, que luego fueron víctimas de la ira que ellos mismos generaron en él", me dice, de regreso en el barrio Pablo Escobar, Ubernez Zavala. Y su convicción de que la guerra en contra de Escobar jamás fue una lucha entre diablos y ángeles probablemente está reforzada por el hecho de que varios de los hombre que adquirieron estatus de héroes en esa batalla hoy están guardando cárcel por presuntos nexos con el paramilitarismo u otros narcotraficantes. Un ejemplo es el coronel Hugo Aguilar, quien afirma haber hecho el disparo que acabó con la vida del fundador del Cartel de Medellín. Otro, el general Miguel Maza Márquez, el exjefe del servicio de inteligencia DAS y el objetivo de uno de los atentados más sangrientos de Escobar, hoy acusado de complicidad en el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán, ordenado en 1989 por el propio capo. Ambos niegan los cargos. Clase Es la hora de partir y mientras recorro por última vez las calles del barrio "Pablo Escobar" también me pregunto hasta qué punto la imagen de Colombia como un país de narcotraficantes puede importarles o no a los habitantes de esta humilde barriada. Efectivamente, uno de los principales problemas con el recuerdo de Escobar es que el narcotráfico no murió con él hace 20 años. Y por eso, para muchos colombianos, "El patrón" no es historia antigua: es el símbolo de un problema –para algunos incluso una "cultura"– que se mantiene vigente. El hecho de que la sangre y la muerte no hayan dejado de acumularse luego de la desaparición de capo, sin embargo, también ha provocado que cada vez sean más los que le asignan una mayor cuota de responsabilidad a políticas antidrogas elaboradas con los intereses de otros países en mente. Y a los que más he oído quejarse de la estigmatización heredada de Escobar son aquellos que tienen que convivir con la sospecha y la discriminación en los aeropuertos del mundo. No me da la impresión, sin embargo, que este sea un problema para Uber y sus vecinos, quienes por su origen y extracción probablemente también son tratados con sospecha en ciertos lugares de su propia patria. Y, sin ser un criterio automático, la verdad es que las diferentes visiones de los colombianos sobre Escobar parecen estar fundamentalmente cruzadas por fuertes divisiones de clase. Tal vez por eso es que Uber no cree que alguna vez vayan a ver las cosas de la misma manera. "El único consenso es que Pablo Escobar pasó a la historia", dice frente al muro verde con el rostro del fundador del Cartel de Medellín que él mismo ayudó a pintar. "Sobre lo demás, jamás nos vamos a poner de acuerdo", concluye.
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