No. De todo me doy cuenta cuando estalla el escándalo y empiezo a colaborar con la Fiscalía. Ahí me entero que desde otras dependencias se usó mal la información que nosotros recogimos y que los de Contrainteligencia del capitán Lagos, que venían investigando el viaje de los magistrados de la Corte a Neiva en 2006, patrocinado por el lobista Ascencio Reyes, también estaban filtrando una información grave.
¿Cómo se les ocurrió espiar al máximo organismo de justicia en Colombia? ¿A ese requerimiento no se le podía decir que no?
No. En la Subdirección de Fuentes yo tenía a mi cargo a 125 hombres, todos con operaciones y fachadas distintas, hombres honestos, hidalgos, verracos para manejar cosas difíciles y para retroalimentar al presidente. A mí me dieron la orden de indagar si el narcotráfico se había infiltrado a la Corte. Lo grave es que Alba Luz jamás encontró ningún rastro de eso, pero sí tuvo acceso a unas conversaciones de los magistrados en las que se decían cosas del presidente.
¿Cosas como que había preocupación de que se volviera a reelegir?
Sí. Había que garantizar la gobernabilidad del presidente. Y además había un mandato en el DAS para hacerle seguimiento a casos de corrupción administrativa y contrainteligencia de Estado. Bajo esas premisas se sustentó la operación en la Corte, pues indagábamos a Giorgio Sale y a Ascencio Reyes.
Pero eso es dar por hecho que la Corte quería tumbar al presidente.
Esa era la lectura a la cual se estaba llegando como contrainteligencia de Estado.
¿Alguna vez se había espiado a un organismo como la Corte Suprema?
Que yo sepa, no. Pero antes de 1993, cuando entré, pudieron pasar muchas cosas, en esos años la inteligencia no tenía tantos protocolos.
¿A qué se refiere?
A que ahora todo queda por escrito: hay protocolos para manejar gastos reservados, las fuentes humanas, las bases de datos, etc. Muchas veces esto obstaculiza la lucha contra las organizaciones al margen de la ley. Se obstaculiza la inteligencia pura en el sentido de que se dejan rastros. Y la inteligencia pura no puede dejar rastros.
Pero las agencias de inteligencia necesitan control. Mire cómo terminó el DAS.
Esa es una gran preocupación. Mire en este momento no hay un organismo que haga la inteligencia que demanda el presidente. Acabaron con la agencia que hacía eso, la acabaron para guardar los secretos de todos los presidentes durante 58 años. Para borrar sus embarradas. Esto que le digo es gravísimo, pero lo sé porque estuve metido en el corazón de la inteligencia pura de Colombia.
¿Qué embarradas hizo el DAS, por ejemplo?
Esto, hacer una operación de inteligencia en la Corte Suprema y después negarlo. Eso es una traición. Aquí no hay nada que justificar, aquí hay que decir la verdad, y las verdades las tiene María del Pilar Hurtado. Que ella diga quién dio la orden y quién fue el destinatario de toda la información. Ella es el eslabón para llegar al responsable de las órdenes.
¿El DAS fue utilizado en esta operación contra la Corte?
Para mí fue una embarrada que utilizaran al DAS bajo el eslogan de que la Corte estaba penetrada por el narcotráfico. Nos ponen en ese desgaste de obtener esa información para que después el presidente saque un provecho personal y luego se limpie las manos diciendo que él no mandó a hacer eso. Y que los directores del DAS involucrados no tengan el valor y la entereza de decir “sí, eso lo mandamos a hacer”. Lo que está haciendo el expresidente ahora es justificar lo que tuvo que haber justificado hace cinco años cuando empezaron las investigaciones. Todo eso es traición.
La traición fue del DAS a la democracia, ¿no?
Después nos dimos cuenta de todo. Es que en el DAS no recibíamos ordenes, nos las imponían. Uno no podía decirle que no a una orden.
El expresidente trinó diciendo que si las órdenes eran ilegales, ¿por qué funcionarios experimentados de inteligencia las cumplieron?
Pues ahí está justificando su preocupación. Yo tuve el valor de asumir la responsabilidad y decir la verdad. Siempre he dicho que las ordenes me las dieron el capitán Tabares y la doctora Hurtado, siempre en función del presidente. Yo cumplí esas órdenes porque nunca pensé que el capitán Tabares fuera un delincuente y mucho menos que lo fuera el presidente de la República. Pensé que una orden del presidente no podía ser ilegal. Después me di cuenta de todo, de que se hicieron cosas ilegales que en esa época nosotros no veíamos así. El expresidente Uribe y el alto gobierno utilizaron al DAS para hacerle frente a un tema personal que se desató con el curso de su continuidad en el poder.
Cuando un presidente se refiere a unos magistrados como “nostálgicos del terrorismo”, como lo hizo después del fallo contra Yidis Medina, ¿el DAS interpreta eso como una orden para investigarlos?
Sí y había dos maneras de interpretar esas órdenes. Uno era lo que él decía en consejos comunales o intervenciones públicas: era nuestro deber como agentes de inteligencia estratégica tomar lo que decía como un mandato presidencial. Y estaba la otra orden explícita cuando llamaba al director del DAS para darle órdenes. A veces nos preocupaba que información de inteligencia que le había dado el DAS él la ventilaba sin problema. Yo creo que lo hacía para mandar el mensaje: “Pilas que ya sé que las Farc están en esto” o “ya sé quiénes van al exterior a hablar mal del gobierno”. A esos insumos de inteligencia había que darles un manejo y él fue imprudente.
¿Usted se arrepiente?
Sí. Me arrepiento de haber creído en el presidente y en los protocolos que fueron manipulados por las órdenes ilegales que nos dio el alto gobierno.
¿Qué reflexión le queda?
No volver a confiar en nadie. Yo creí en los protocolos, en el presidente, en la directora del DAS, pero la persecución desatada contra mí y mi familia durante los últimos cinco años me acabó. Perdí mi patrimonio, mi hogar se resquebrajó, tengo miedo por mi familia. Una persecución que empezó el exdirector Felipe Muñoz.
¿Por qué Muñoz estaría interesado en acabar con usted, si fue Felipe Muñoz el que le abrió las puertas a la Fiscalía para que allanara el DAS?
Su intención fue callar la verdad. A mí me dio la orden de que en todas las bases de datos y en los archivos físicos se cambiara la palabra “blanco” y “objetivos” por otro sinónimo en caso de un allanamiento de la Fiscalía. Yo le hice ver que eso no se podía. El detective Carlos Orjuela declaró que Muñoz permitió la destrucción de mucho material.
¿En qué momento decide contarle sus verdades a la justicia?
Cuando me echan del DAS, en agosto de 2009, trabajé un tiempo en un campo petrolero de Ecopetrol, prestando seguridad, y en la Contraloría. Pero varias fuentes me llamaron a decirme que me iban a judicializar por las chuzadas. Consulto a mis abogados, les cuento todo y me recomiendan contar mi historia en la Fiscalía. Acepté, pero por lealtad pedí primero hablar con el capitán Tabares. Él ya estaba detenido con el capitán Lagos. Apenas llegué al lugar, vi el registro de visitantes y estaba con él María del Pilar Hurtado. No quise entrar, pero conseguí un correo humano para que le diera mi razón. Le mandé a decir que le dijera al presidente que si yo tenía las garantías de una defensa de alto perfil y un apoyo económico, yo me quedaba en silencio, de lo contrario iba a confesar todo.
¿Y qué pasó?
Se entregó la razón. Mi intermediario les dijo a Tabares, Lagos y Hurtado que yo no iba a chupar cárcel gratuitamente y les dijo que yo llamaría a Tabares a las 2 de la tarde de ese día para que me diera una respuesta. Lo llamé y me dijo que este proceso se iba a caer y que yo debía negarlo todo. Es decir, no me contestó lo que pedí. De ahí salí para la Fiscalía y mi vida se acabó: tuve que irme a guardar a un pueblo, mi esposa salió para otro lado, mis hijos igual, mis padres cayeron en cama, a mi hermana le dio cáncer. Vendí todo, anillos, neveras, televisores, todo, para pagar mi defensa. Vinieron las amenazas. Y todos los procesos penales, disciplinarios y fiscales. A la Mata Hari le pasó lo mismo.
En el mundo de la inteligencia, confesar lo que se hizo no parece ser una opción. ¿Cómo hizo para hablar?
Estamos para obedecer, ejecutar y no hablar. Pero mis abogados Édgar Torres y Romel Salazar me sacudieron e hicieron entender que el cuento de la seguridad nacional se me había acabado, que debía confesar lo que pasó. Muchos de los procesados del DAS tuvieron que reconocer lo que pasó por mis confesiones.
¿Una situación como esta se lo traga a uno por dentro?
Claro. La angustia de algún atentado contra mi familia me traga por dentro. Si atentan contra mí yo sé defenderme y si no puedo salir bien hago que me maten, no que me dejen mal herido. Pero mi familia…
¿Cómo hizo para vencer el miedo para hablar entonces?
Por la infamia de ver cómo miente un presidente y unos altos directivos que nos dieron órdenes. Es una tristeza que cerraran el DAS. Terminaron con la ilusión de 6.500 familias. Fueron muchos los resultados que dimos contra organizaciones criminales. Pero esa embarrada de la Corte nos salió cara.
Pero es que eso fue un despropósito.
Sí y yo respondo por el Plan Escalera, pero que no me pregunten de ‘Tasmania’, ni de la yidispolítica, ni de Piedad Córdoba o Gustavo Petro porque no sé.
¿Cree que María del Pilar dirá algo?
Yo quisiera decirle que ya no es el momento de justificar nada. Hay que afrontar la verdad. No sé si la ingenuidad o el deseo de mantener poder hicieron que nos diera esas órdenes. Le pido que cuente la verdad que necesita el país, no esa que necesita el gobierno pasado o este gobierno.
¿Cómo así que se perdió parte de la información que usted le entregó a la Fiscalía?
Entregué en septiembre de 2010 casi 16 teras de información que manejaba en el DAS Jaime Fernando Valle, el jefe del Grupo Político Social del DAS. Él me dio esos archivos para que los guardara. Ahí aparecían registros de la yidispolítica, Piedad Córdoba, Gustavo Petro y la carpeta de la información recolectada en la Corte Suprema que tenía 148 folios. Cuando fui en diciembre de 2014 a la Fiscalía para revisar el expediente no encontré esa carpeta. Esa información se puede rescatar porque está en medios digitales, pero me quedó el mensaje de que no hay garantías.
¿Qué le pide entonces al fiscal Montealegre?
Que mejore mi seguridad y que se me cumpla lo prometido en materia de colaboración como testigo. Aún más: si María del Pilar Hurtado habla que le den beneficios y que a mí me los mejoren. El país debe saber que vengo colaborando con la justicia desde mayo de 2010. No me he guardado nada, aparte de dar mis testimonios, entregué un arsenal probatorio con 16 teras de información que corresponden a unos 80 millones de documentos. Soy testigo de hecho y de acreditación. La verdad es que María del Pilar también fue manipulada y mire lo que tuvo que soportar. Un asilo, fuera de su familia, llena de zozobra.
Felipe Muñoz denunció a Romero
El exdirector del DAS, Felipe Muñoz fue quien despidió a William Romero en agosto de 2009. Además lo denunció penalmente por un presunto mal manejo de gastos reservados. De acuerdo con la denuncia, Romero y Alba Luz Flórez habrían utilizado dineros del DAS para montar un centro de estética, versión desmentida por ellos mismos. En su momento, Muñoz ordenó allanar varias fachadas controladas por Romero por considerar que no tenían control. Después de su salida del DAS, Romero denunció por persecución laboral a Muñoz, pero ese caso lo archivó la Procuraduría. Sobre la denuncia de que Muñoz permitió la destrucción de documentos en el DAS, el propio exdirector señaló ante las autoridades que fue la revista Semana la que denunció que antes de su llegada al DAS, en enero de 2009, agentes de Contrainteligencia destruyeron información y así se vio en videos y fotografías. También aseguró en sus versiones que fue él quien entregó a la Fiscalía las famosas carpetas del grupo G-3 en las que se evidenció el espionaje del DAS contra defensores de derechos humanos, dirigentes de oposición y periodistas.
El caso del exdirector Andrés Peñate
Tras la salida de Jorge Noguera del DAS, Andrés Peñate asumió la dirección del organismo de inteligencia. Según Romero, durante su administración, entre 2005 y 2007, el DAS inició el Plan Escalera y fijó ciertos “blancos políticos” con el objetivo de mantener enterado al presidente. En 2010, antes de rendir un interrogatorio en la Fiscalía, Peñate le dijo a la prensa que “el DAS no fue una empresa criminal. Las órdenes fueron prevenir el terrorismo y las filtraciones de agencias de otros países”. No obstante, en 2010 la Procuraduría lo suspendió por ocho meses para ejercer cargos públicos, “por la ilegalidad en interceptaciones y seguimientos realizados a diferentes personalidades de la vida pública”. A finales de 2014, Peñate demandó el fallo del Ministerio Público ante el Consejo de Estado. Hoy no tiene investigaciones por el caso del espionaje de la entidad.
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