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Ver la Versión Completa Con Imagenes : Mockus representa la transición de ese padre finquero que la gente vió en Uribe, hacia el urbano


Ayudante De Santa
06-11-2015, 22:19:08
Los mejores licores
Dr Strassman
10-05-2010, 14:33:54
“Mockus representa la transición de ese padre finquero que la gente vió en Uribe, hacia el padre urbano”, Ángel Becassino

Alberto Coronado dialogó con Ángel Beccassino, publicista argentino y consultor en estrategias electorales, a propósito del debate democrático en tiempos digitales y la actual contienda por la presidencia de nuestro país.

Alberto M. Coronado: Usted afirma que el discurso político parece haberse convertido en una especie de mensaje publicitario en el que las ideas son lo de menos. ¿Es posible revertir esta tendencia cuando hoy en día la democracia transcurre en el plano del espectáculo mediático?

Ángel Beccassino: Es posible. Solo es querer. Pero ocurre que los grandes interesados en controlar espacios de poder prefieren que la democracia siga defraudando por su falta de contenido. La democracia se va disolviendo en pequeños espectáculos encadenados que producen en el electorado una lectura que los lleva a abandonar su participación en política bajo el pretexto que esta, que rige sus vidas, es algo sucio, con lo que es mejor no mezclarse ni avalarla con el voto.

A.M.C.: “Las campañas políticas no buscan ejes conceptuales sino golpes de efecto”, anota en La nueva política, su más reciente libro. ¿Qué apreciación tiene del debate político presidencial ‘post-Uribe’? ¿Llegó la hora de las ideas o el imperio de la imagen sigue reinando en la arena política nacional?

A.B.: Seguimos en el imperio de la imagen. Los candidatos están determinados por su perfil mediático pero aquí no hay candidatos con un perfil mediático fuerte. La lógica indicaría que es necesario que emerjan ideas, y que estas protagonicen la competencia, pero candidatos y candidatas siguen apostando, desde estructuras de comunicación muy blandas, a predominar por lo personal, por un perfil contundente que no tienen, aunque cuelguen un remedo más o menos maquillado en Facebook.

En un estudio publicado por un diario nacional se concluía que cerca del 80% de las personas consultadas no recordaban a qué político habían elegido hace 4 años para el Senado. ¿Es la imagen de los políticos lo único poderoso o al igual que sus ideas también se halla en crisis?

En el caso de los políticos que operan desde Senado y Cámara, ocurre que la gente vota por ellos debido una conveniencia coyuntural, la mayoría, o por una empatía con su discurso o su personalidad, en algunos casos. Luego los olvida, porque no ‘sigue’ su actuación, no comprende para qué están en el parlamento. Los engloba en ‘la clase política’, y se diluyen ahí en el desprecio general que ha hecho carrera hacia esas denominaciones.

¿Afirmaría entonces que estamos ante a una banalización de la democracia?

Si, indudablemente, la democracia se ha banalizado. En el mundo que vivimos, la importancia de los temas, para el público masivo, la establece el interés que ponen en esos temas los medios, particularmente la televisión. Eso que llamamos ‘la agenda’ está hoy en manos de los medios, encuadrados en aquella teoría de la ‘exposición selectiva’, influenciando las opiniones de los individuos, particularmente de quienes tienen menor nivel educativo y mínimo involucramiento político.

Una nueva forma de hacer política en donde el mensaje no se diluya en la masa, que retome lo ‘micro’ con electores mejor informados, ¿representaría un cambio en la forma en que se vive la democracia en Colombia?

Sería una revolución. Pero los ciudadanos, con su sensibilidad irritada por una realidad que muestra el futuro inmediato como algo incierto, se presentan en nuestros días con una altísima sensibilidad ante los riesgos, y muy baja sensibilidad hacia las oportunidades. Esa desesperanza hace que nos movamos en un campo limitado a la gratificación inmediata.

Las agendas políticas son ahora expresión de un fenómeno global, la ‘promesa de seguridad’, justo lo que los electores parecen querer escuchar de los políticos, quienes muchas veces han guiado estas políticas hasta socavar las agendas sociales. ¿Cómo caracterizar este fenómeno?

El 20 de octubre de 1996, en campaña por la reelección, Bill Clinton dijo en Parma, Ohio, “The key to our future is investing in the minds of our people” (la clave de nuestro futuro está en invertir en las mentes de los nuestros). Hubo quienes lo leyeron literalmente, desde la esperanza. Otros lo interpretaron desde la ironía, previendo lo que vendría poco después, el periodo en que los dos gobiernos Bush Jr. invertirían fuertemente en sembrar miedos en esas mentes para poder hacer mejor sus negocios.

En los Estados autoritarios el miedo siempre ha sido un gran instrumento de educación, en dirección a optimizar, al tiempo que abaratar, el control de la población. El miedo se cultiva en la ignorancia. La gente tiene miedo a lo que no conoce, a lo que conoce mal, a lo que le ha generado un trauma, a lo que le muestran como el mal y, de forma simple, termina por creer.

Luego de casi una década con el mismo Presidente emergen figuras políticas con fuerza inusitada en un país polarizado ideológicamente. ¿Ve en la candidatura de Santos cierta resistencia del electorado al cambio?

Evidentemente en la intención de voto por Santos hay un deseo de continuidad. No es Juan Manuel Santos el que capta esos votos, es la idea de que a través de él va a continuar Uribe, se van a sostener las políticas de Uribe, particularmente en lo referido a seguridad militar.

¿Cómo ve el fenómeno Mockus-Fajardo, la llamada ‘Marea verde’?

El fenómeno de Mockus se debe a que él representa una figura de corte urbano que puede ser la evolución natural, mejorada, de lo que fue Uribe. Pienso que él representa la transición de ese padre finquero que la gente vió en Uribe, hacia el padre urbano, educador en nueva versión moderada.

Ahora, Mockus es un excéntrico. Un político al que la gente no percibe como tal. Alguien que llama fuertemente la atención porque no responde a los parámetros del mundo en el que se está moviendo, es decir, ‘la política’. Es un hombre al que se asocia con la academia, el rigor científico, la honestidad. Y al mismo tiempo tiene esa cosa extraña, hecha de mimos, matrimonio en elefante, salidas de genio raro, como la exhibición anal aquella… Si a eso se le suma una competición que propone una baraja de candidaturas grises, de figuras desgastadas, y un nombre de partido –el Partido Verde– que sintoniza con la ola de sensibilidad más vigente en un planeta con fuertes problemas, es claro que su candidatura tiene mucho para convertirse en el fenómeno en que se ha convertido.

Pasemos al escenario latinoamericano. En esta esquina, Venezuela y la revolución popular de Chávez; en la otra, Colombia y un gobernante de derechas, a punto de dejar el poder, que hizo de la guerra el sextante de nuestra Nación .¿Qué opinión le merecen los contrastes entre ambos países?

Son dos países que están sufriendo. El contraste central está en que uno sufre por exceso de sueño, de imaginación, de visión y de ceguera, al tiempo. El otro por exceso de deseo simplón de realidad.

Tanto Chávez como Uribe han sido gobernantes tremendamente hábiles con la comunicación. ¿Es esa guerra de ‘pullas’ que viajan por canales no diplomáticos otro componente de una estrategia comunicativa cuyo lema es “polariza y reinarás”?

La irritación permanente es un arma de comunicación tan poderosa, tan peligrosa, como el miedo. No creo que haya una estrategia, sino algo más simple, una comprensión intuitiva de la eficacia de esa táctica. Y digo que no creo que haya estrategia porque la constante en ambos gobernantes no ha sido más que la improvisación, que se volvió hábito en ellos. Como buenos primitivos que son, ambos juegan con fuego.

Usted afirma que como buen militar, Hugo Chávez ha creado un ejército de ciudadanos en Venezuela. ¿Cree que a pesar de que él no esté al frente del poder habrá revolución para rato en el vecino país?

No, porque para que un ejército sea eficiente, necesita jerarquías y cuadros medios eficientes. En Venezuela no los hay. Existe Chávez y cierta organización. Pero también podría contestarle que sí, porque Chávez ha despertado a una gran franja de la población a la cual nadie antes había atendido y está sembrando en ella el fervor por una realidad que no construye. Esto eclosionará, de una u otra forma, probablemente más a largo que a corto plazo, en un escenario revolucionario post-Chávez.

Por último, ¿qué legado le deja el presidente Álvaro Uribe a Colombia?

Algo de lo que muy poco se habla en los medios y que es muy posible que suceda en Colombia debido el impacto de diferentes coyunturas económicas actuales o próximas, un retroceso de la renta per cápita. Hoy la renta per cápita de Colombia ronda los 6.500 dólares, pero el ciclo va hacia abajo. Esa vulnerabilidad es un legado que deja Uribe al país como fruto de una improvisada forma de gobernar, al igual que de haberse mantenido dos gobiernos en campaña reeleccionista, sin atender a la transformación que el ******o productivo del país requería. Heredamos un país política e ideológicamente debilitado, que ahora se refugia en formas del pasado, en aquellas que siempre se pensó que debían ser superadas.