velkan
13-05-2026, 08:34:33
Era una noche de tormenta intensa en Bogotá. La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales del loft en Chapinero Alto, como si quisiera entrar. Yo estaba solo, con una copa de whisky en la mano, mirando la ciudad iluminada por relámpagos, cuando recibí su mensaje alrededor de las 4 de la tarde.
“Cam, salgo del trabajo agotada. La semana ha sido un desastre. ¿Puedo ir a tu apartamento a tomar vino y charlar un rato? Necesito desconectar de todo.”
Le respondí casi de inmediato:
“Claro que sí, venite cuando salgas. Solo nosotros dos, vino, música y charla tranquila. Te espero.”
Llegó cerca de las 8:40 pm, completamente empapada. Cuando abrí la puerta, me dio un abrazo rápido y cansado, como siempre.
Es alta y delgada, con ese pelo rojo intenso cortado en bob que ahora estaba mojado y pegado a la cara de forma desordenada. Llevaba una blusa blanca de botones de oficina y una falda lápiz negra hasta la rodilla, todo empapado. Las medias veladas se le pegaban a sus piernas largas y blancas. Se veía agotada, pero aún con esa belleza natural que tenía.
— Qué noche tan horrible — dijo riendo mientras entraba, sacudiéndose un poco el agua del pelo.
— Estás empapada. Ve al baño de huéspedes y dúchate tranquila — le dije —. Te presto ropa seca.
A propósito, le di la toalla más corta que tenía. Apenas le cubría desde las tetas hasta la mitad del culo.
— Es la única que tengo seca en este momento — mentí con una sonrisa inocente.
Ella se rio y entró al baño. Mientras se duchaba, yo preparé una botella de vino tinto, puse música suave y ordené un poco la sala.
Unos minutos después escuché que salía del baño. Fui hacia la cocina y, “por casualidad”, pasé por el pasillo justo cuando ella salía envuelta solo en esa toalla corta. La toalla apenas le cubría las tetas pequeñas y firmes y dejaba ver casi todo: sus piernas largas y blancas, los hombros delicados, y un buen trozo de su culo pequeño y firme asomando por abajo. Ella dio un pequeño grito de sorpresa y se tapó mejor con la toalla.
— ¡Cam! — exclamó riendo nerviosa, con la cara roja — ¡Casi me ves desnuda!
Me quedé un segundo de más mirándola. Sentí un calor inmediato.
— Perdón, no era mi intención — dije sonriendo, pero sin apartar la mirada del todo —. La toalla es corta, lo siento.
Ella entró rápido al cuarto de huéspedes a cambiarse, todavía riendo de vergüenza. Cuando salió unos minutos después, llevaba la camiseta gris mía grande (le llegaba a mitad del muslo) y el short negro de algodón. No se había puesto brasier, se le marcaban sutilmente sus tetas pequeñas y los pezones. El short era corto y dejaba ver gran parte de sus piernas largas y blancas. Se veía fresca, cómoda y mucho más sexy de lo que esperaba.
— ¿Mejor? — preguntó girando un poco, todavía con una sonrisa avergonzada.
— Mucho mejor — respondí, mirándola de reojo un poco más de lo normal.
Nos sentamos en la sala grande, frente a los ventanales. La tormenta era el fondo perfecto. Serví dos copas de vino y empezamos a charlar como siempre. Hablamos del trabajo, de lo estresada que estaba, de series, de chismes… y como de costumbre, la conversación terminó derivando hacia temas sexuales, pero de forma natural, como amigos que confían el uno en el otro.
— La verdad es que los hombres de ahora no saben comer coño — dijo ella riendo, tomando un sorbo de vino —. O lo hacen como si estuvieran lamiendo un helado derretido.
Me reí y le seguí el juego:
— O los que te meten los dedos como si estuvieran buscando las llaves del carro.
Charlamos durante más de una hora de sexo de forma abierta: posiciones favoritas, fantasías, anécdotas graciosas, qué nos gustaba y qué no. Nunca nos insinuamos nada directo entre nosotros, siempre era “en general”.
Cerca de las 10:50 le dije que había invitado a Andrés, un amigo del gimnasio, para que no fuera tan solo nosotros dos.
— ¿Por qué no me dijiste antes? — preguntó sorprendida, pero no molesta.
— Quería que fuera más relajado — respondí.
Andrés llegó como a las 11:20. Los tres seguimos tomando vino. La conversación siguió siendo fluida y cada vez más abierta.
En un momento propuse:
— ¿Jugamos Verdad o Reto? Para que no sea tan aburrido.
Ella se rio, ya un poco tomada, y aceptó. Andrés también.
El juego empezó inocente, pero el vino y la tormenta hicieron que subiera de nivel poco a poco.
**Ronda 1** – Verdad para ella: “¿Cuál es la última vez que te masturbaste?”
Ella se sonrojó y respondió: “Hace dos noches… estaba muy cachonda después del trabajo”.
**Ronda 2** – Reto para Andrés: quitarse la camisa. Lo hizo.
**Ronda 3** – Verdad para mí: “¿Alguna vez has fantaseado con alguien de este grupo?”
Respondí honestamente: “Sí… con ella”. Ella se rio nerviosa y me miró más tiempo.
**Ronda 4** – Reto para ella: sentarse en el regazo de Andrés por 40 segundos. Ella lo hizo riendo, pero se notaba que el ambiente estaba cambiando. La camiseta se le subió un poco y se le vieron más muslos.
**Ronda 5** – Reto para ella: quitarse el short por 30 segundos. Ella dudó, pero entre risas y vino se lo quitó. Se quedó solo con la camiseta mía y la tanga negra. Sus piernas largas y blancas quedaron completamente expuestas.
**Ronda 6** – Verdad para ella: “¿Qué es lo que más extrañas del sexo?”
Ella respondió bajito: “Que me coman bien… que me hagan sentir deseada y que me den duro cuando estoy muy cachonda”.
**Ronda 7** – Reto para Andrés: besar el cuello de ella por 20 segundos. Él lo hizo. Ella cerró los ojos y soltó un suspiro suave.
**Ronda 8** – Reto para mí: tocarle las tetas por encima de la camiseta durante 15 segundos. Lo hice. Sentí sus tetas pequeñas y firmes, los pezones duros. Ella respiró más profundo pero no dijo nada.
**Ronda 9** – Verdad para ella: “¿Te excita que te estén mirando mientras te tocas?”
Ella se mordió el labio y respondió: “Sí… me pone muy cachonda”.
**Ronda 10** – Reto fuerte para ella: quitarse la tanga por un minuto y quedarse solo con la camiseta. Ella dudó mucho, se rio nerviosa, pero el alcohol y la tensión la empujaron. Se la quitó. Se quedó sentada con las piernas cruzadas, solo con mi camiseta. Se le veía el culo pequeño y firme cuando se movía.
El juego ya estaba totalmente sexual.
**Ronda 11** – Reto para ella: masturbarse delante de nosotros por 30 segundos sin meter los dedos, solo por encima. Ella se sonrojó muchísimo, pero lo hizo. Se abrió un poco las piernas y empezó a tocarse el clítoris por encima de la camiseta. Gemía bajito. Andrés y yo la mirábamos sin disimular.
**Ronda 12** – Reto para Andrés: chuparle las tetas por 20 segundos. Él le subió la camiseta y le chupó las tetas pequeñas. Ella soltó un gemido más fuerte y cerró los ojos.
**Ronda 13** – Reto para mí: masajearle por encima de la tanga por 40 segundos. Me arrodillé frente a ella, le abrí las piernas y empecé a masajear, estaba empapada. Ella me agarró el pelo y gimió más alto.
**Ronda 14 – Verdad para ella**
El juego ya estaba muy subido. El vino y la tormenta habían hecho que todo se sintiera más intenso.
Le tocó Verdad a ella.
— ¿Quieres que te cojan esta noche? — le pregunté mirándola a los ojos.
Ella se quedó callada unos segundos, con la cara roja. Respiró profundo y respondió casi en un susurro:
— Sí… estoy muy mojada.
Andrés y yo nos miramos. El ambiente cambió por completo.
Yo fingí estar muy cansado y me levanté del sofá.
— Muchachos, yo estoy destruido. Me voy a dormir al cuarto. Sigan jugando tranquilos, yo me pongo audífonos y no me entero de nada.
Me metí al cuarto, apagué la luz y cerré la puerta casi por completo… pero dejé una rendija de unos 25 centímetros. Me senté en la silla del escritorio, en la oscuridad, y me quedé mirando.
**Ronda 15 – Reto final**
Le tocó Reto a Andrés. Yo había propuesto antes de irme:
— Reto fuerte: la coges contra el ventanal por un minuto.
Desde la oscuridad del cuarto, con la puerta entreabierta apenas 25 centímetros, me quedé sentado en la silla, casi sin respirar.
velkan
14-05-2026, 07:53:07
**Mis pensamientos estaban en caos.**
“¿Qué carajos estoy haciendo? Esto era solo para que ella se desahogara… y ahora estoy aquí, escondido, mirando como un pervertido.”
Pero no podía apartar la mirada.
Vi cómo Andrés la tomó contra el ventanal. Le subió la camiseta gris, dejando al aire sus tetas pequeñas y firmes. Le bajó el short y la tanga negra. Sus piernas largas y blancas quedaron completamente expuestas. La imagen era brutal. El pelo rojo mojado le caía por la espalda, y su culo pequeño se veía perfecto bajo la luz de los relámpagos.
Cuando Andrés la penetró, ella soltó ese gemido largo y profundo. Sentí una punzada fuerte en el estómago.
**“Mierda… se ve tan cachonda. Dos años esperando esto y por fin la están cogiendo… pero no soy yo.”**
Mi verga estaba durísima, palpitando dentro del pantalón. Me la saqué sin pensarlo y empecé a pajearme lento, casi con culpa.
Andrés le daba estocadas. Ella empujaba el culo hacia atrás, buscando más. Sus tetas pequeñas se movían con cada embestida. Sus gemidos eran cada vez más altos.
**“Mírala… está disfrutando. Se ve tan puta contra el vidrio, con la ciudad de fondo. ¿Por qué esto me pone tan cachondo? Se supone que soy su amigo…”**
Sentí una mezcla extraña: celos, morbo, culpa y una excitación que nunca había sentido tan fuerte. Cada gemido de ella me golpeaba directo en el pecho.
Pero entonces pasó.
Apenas tres estocadas fuertes y Andrés se tensó, tembló como un idiota y se corrió dentro del condón con un gemido patético.
**“¿Qué mierda…? ¿En serio? ¿Eso es todo? ¿Dos años esperando y este imbécil dura tres segundos?”**
Sentí una oleada de satisfacción oscura. Casi me dio risa. Pero también una frustración vicaria por ella.
Ella se quedó contra el vidrio, respirando agitada, con la cara de pura decepción y deseo insatisfecho. Su vagina hinchada brillaba bajo la luz de los relámpagos. Se veía frustrada, vulnerable y aún más cachonda que antes.
**“Pobre… se quedó peor. Ahora sí está desesperada. Y yo estoy aquí, duro como piedra, viéndolo todo.”**
Me quedé un momento más en la oscuridad, masturbándome lentamente, procesando todo lo que acababa de ver. La culpa y el morbo peleaban dentro de mí.
Luego respiré profundo, me guardé la verga y salí del cuarto como si acabara de despertarme.
Ella seguía contra el ventanal, con la camiseta gris subida hasta arriba de las tetas pequeñas, el short y la tanga bajados en los tobillos. Sus piernas largas y blancas temblaban ligeramente. El pelo rojo estaba revuelto y tenía la cara roja, con una mezcla de frustración, vergüenza y deseo insatisfecho.
Cuando me vio salir, intentó cubrirse rápidamente con la camiseta, pero era demasiado tarde. Se quedó mirándome, respirando agitada.
— Cam… — dijo con voz ronca y entrecortada — esto fue tu idea… trajiste a Andrés para que me cogiera y el tipo duró literalmente tres estocadas. Estoy peor que antes… estoy ardiendo, me duele de lo cachonda que estoy.
Se cubrió las tetas pequeñas con un brazo, pero no se molestó en subirse el short. Se quedó allí, apoyada en el vidrio, con la vagina hinchada y visible, brillando bajo la luz de los relámpagos.
Me acerqué despacio, fingiendo sorpresa, aunque los dos sabíamos que no era del todo verdad.
— ¿Qué pasó? — pregunté con voz baja, como si no hubiera visto nada.
Ella soltó una risa nerviosa y frustrada.
— ¿Qué pasó? Que el “amigo bueno” que trajiste se vino en tres segundos. Dos años esperando algo decente y me deja peor que antes. Estoy empapada, me palpita todo… no sé qué hacer ahora.
El silencio entre nosotros fue pesado. Solo se escuchaba la lluvia golpeando los ventanales. Me detuve a un metro de ella. Mi verga seguía dura y se notaba bajo el pantalón.
— ¿Quieres que te ayude? — le pregunté con calma, mirándola a los ojos.
Ella se mordió el labio con fuerza, miró hacia la lluvia un segundo y luego volvió a mirarme. Tenía la cara roja y los ojos brillantes.
— Cam… esto es raro — murmuró —. Somos amigos desde hace mucho. No sé si es buena idea.
— Lo sé — respondí suave —. Pero también veo que estás muy prendida. Y yo estoy aquí. Solo si tú quieres.
Ella dudó un buen rato. Se pasó una mano por el pelo rojo mojado, respiró profundo varias veces y finalmente susurró:
— Sí… pero despacio. Y solo con juguetes por ahora. No sé si estoy lista para más.
Asentí. Fui al cuarto y traje los juguetes: el dildo grande y grueso, el Satisfyer y un vibrador pequeño.
Cuando volví, ella se había sentado en el sofá grande. Todavía tenía la camiseta subida y el short bajado. Se veía vulnerable y muy excitada al mismo tiempo.
Le entregué el dildo primero.
— Empieza con este si quieres — le dije.
Ella lo tomó, se recostó un poco, abrió las piernas lentamente y empezó a rozar la punta contra su clítoris hinchado. Luego lo bajó y comenzó a metérselo muy despacio, centímetro a centímetro.
— Uyyy… está muy grueso — murmuró cerrando los ojos por un momento.
Yo me senté en el sillón frente a ella, a una distancia prudente. Saqué mi verga dura y empecé a pajearme lento, mirándola sin disimulo. Ella abrió los ojos y me vio tocándome. No dijo nada, solo siguió metiéndose el dildo, cada vez más profundo.
El sonido húmedo era claramente audible. Sus jugos ya le corrían por los muslos blancos. Sus tetas pequeñas se movían ligeramente con cada movimiento.
Le pasé el Satisfyer.
— Prueba esto al mismo tiempo — le dije con voz ronca.
Ella lo encendió y se lo puso directo en el clítoris. El ruido de succión llenó la sala. Su cuerpo se arqueó y soltó un gemido más fuerte.
— Ay Cam… esto es demasiado intenso — jadeó, abriendo más las piernas.
Se follaba con el dildo mientras el Satisfyer succionaba sin piedad. Sus gemidos eran cada vez más seguidos. Me miraba de reojo mientras se tocaba, y yo la miraba fijamente, pajeándome más rápido.
— ¿Te gusta verme así? — preguntó entre gemidos, con voz entrecortada.
— Mucho — respondí honestamente.
Ella siguió moviéndose, cambiando el ritmo, a veces lento y profundo, a veces más rápido y desesperado. Sus jugos chorreaban por el sofá. Sus piernas largas temblaban visiblemente.
Después de varios minutos su cuerpo empezó a tensarse.
— Me voy a venir… — advirtió. Se corrió con fuerza. Todo su cuerpo se arqueó, apretó los muslos, soltó un gemido largo y ahogado mientras temblaba y chorreado alrededor del dildo. Se quedó un rato recuperando el aliento, con el dildo todavía dentro. Pero no había terminado.
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Respiró hondo varias veces, abrió los ojos y me miró. Tenía la cara roja, el pelo rojo pegado a la frente por el sudor, y una expresión de pura lujuria insatisfecha.
— Cam… — dijo con voz ronca — quiero más.
Se sacó el dildo lentamente, gimiendo bajito cuando salió de su coño hinchado. Lo dejó a un lado en el sofá y se quedó mirándome, con las piernas abiertas, la camiseta gris subida hasta arriba de sus tetas pequeñas, y los jugos brillando en sus muslos blancos.
— Dame el Satisfyer otra vez… pero más fuerte — pidió.
Le pasé el aparato. Ella lo encendió al máximo y se lo puso directamente en el clítoris. Su cuerpo se sacudió al instante. Empezó a mover las caderas en círculos lentos, frotándose contra el juguete mientras me miraba a los ojos.
— Mírame… — susurró — quiero que me mires mientras me corro otra vez.
Yo me pajeaba frente a ella, más lento ahora, disfrutando la escena. Ella se veía increíble: piernas largas y blancas abiertas, tetas pequeñas subiendo y bajando con la respiración agitada, el pelo rojo desordenado, la boca entreabierta soltando gemidos suaves y constantes.
— Te ves como una puta desesperada — le dije con voz ronca —. Mira cómo te follas con mi dildo, cómo te abres las piernas como una zorra. Te ves puta, así te deberían clavar… bien duro, bien profundo, hasta que no puedas caminar.
Ella gimió más fuerte al escucharme, moviendo el dildo más rápido.
— Sigue… — pidió entre gemidos.
— Mira esa cuca tan rica — continué —. Roja, hinchada, chorreando jugos por todas partes. Se ve tan rica, tan mojada… parece que está rogando que le metan verga de verdad. Te ves tan puta con las piernas abiertas, metiéndote el dildo como si no pudieras parar.
Ella soltó un gemido más agudo y aceleró el ritmo. Sus jugos le corrían por los muslos blancos.
— Más… dime más sucio — jadeó.
— Eres una puta cachonda — le dije sin filtro —. Dos años sin verga y ahora te ves así, follándote con juguetes frente a mí, con la cuca abierta y chorreando. Te ves tan rica, tan puta… me dan ganas de pararte contra el vidrio y darte por el culo hasta que llores de placer.
Ella se mordió el labio y aceleró el ritmo. Sus tetas pequeñas rebotaban con cada movimiento.
— Me gusta cuando me hablas así — confesó entre gemidos —. Me pone muy caliente.
— Claro que te pone caliente, puta — respondí —. Te encanta que te digan lo que eres. Mira cómo te abres las piernas, cómo te metes el dildo hasta el fondo… se te ve la cuca tragándoselo todo. Qué rica se ve esa cuca, toda mojada y hinchada. Pareces una puta en celo.
Ella se corrió con fuerza al escucharme. Todo su cuerpo se sacudió, apretó el dildo dentro de sí y soltó un gemido largo y ronco mientras temblaba. Chorreado alrededor del juguete, mojando más el sofá.
Se quedó un rato recuperando el aliento, con el dildo todavía dentro, mirándome con ojos vidriosos.
— Cam… — dijo con voz ronca — quiero que te corras también. Hazlo frente a mí… quiero verte.
Me acerqué más, me quedé de pie frente a ella y empecé a pajeame más rápido. Ella me miraba sin apartar la mirada, tocándose despacio con el Satisfyer.
— Mírame la verga — le dije —. Mírala bien, puta. Así es como te deberían clavar… bien gruesa, bien dura, hasta el fondo de esa cuca rica que tienes.
Ella gimió bajito y aceleró el ritmo con el Satisfyer.
— Más… — pidió.
— Te ves tan puta ahora mismo — continué —. Con las piernas abiertas, la cuca roja y chorreando, follándote con juguetes… pareces una zorra desesperada. Qué rica se ve esa cuca, tan mojada, tan lista para que le den duro. Te deberían tener clavada contra la pared, cogiéndote sin parar hasta que te corras gritando.
Ella se mordió el labio y sus gemidos se volvieron más agudos. Su cuerpo empezó a tensarse otra vez.
— Me voy a correr otra vez… — advirtió —. Córrete tú también… córrete en mis tetas.
Aceleré el ritmo y me corrí con fuerza, chorros gruesos y calientes que le cayeron en las tetas pequeñas, en la camiseta y en su barriga. Ella se corrió al mismo tiempo, soltando un gemido largo y temblando visiblemente, con el Satisfyer todavía en su clítoris.
Nos quedamos ahí unos segundos, recuperando el aliento, mirándonos.
Ella se quedó mirándome un momento largo, con la camiseta gris subida hasta arriba de las tetas pequeñas, el short y la tanga bajados en los tobillos, respirando agitada. El pelo rojo revuelto, la cara roja, los ojos cafés vidriosos de deseo.
Yo me acerqué sin decir nada. Le agarré las caderas, la levanté como si no pesara nada y la puse contra el ventanal. La lluvia seguía golpeando el vidrio. La ciudad iluminada por relámpagos era el fondo perfecto.
Le subí más la camiseta, dejando sus tetas pequeñas completamente al aire, y le bajé el short y la tanga de un solo movimiento. Ella quedó casi desnuda, solo con la camiseta gris subida y los tacones.
Le abrí las piernas, le agarré el culo pequeño y firme, y la penetré de una sola vez, profundo, hasta el fondo.
Ella soltó un gemido largo y roto, arqueando la espalda contra el vidrio. Su coño estaba tan apretado, tan caliente, tan mojado que sentí cómo se contraía alrededor de mi verga, tragándola centímetro a centímetro hasta que mis huevos chocaron contra su culo. El calor era intenso, húmedo, resbaladizo. Cada pliegue de su coño se apretaba alrededor de mi verga, como si no quisiera dejarla salir.
Empecé a follarla con fuerza, sin piedad, dándole estocadas profundas y rápidas. Cada embestida la empujaba contra el ventanal, sus tetas pequeñas rebotaban, su pelo rojo se sacudía con cada golpe. Se escuchaba el sonido húmedo de mi verga entrando y saliendo de su coño, mezclado con la lluvia golpeando el vidrio. Sus gemidos eran altos, desesperados, llenando toda la sala.
La agarré del pelo rojo con una mano y le di más fuerte, más profundo. Con la otra mano le pellizcaba los pezones duros de sus tetas pequeñas. Ella gemía sin control, moviendo las caderas, follándome ella también. Su coño se contraía alrededor de mi verga con cada embestida, caliente, resbaladizo, apretado.
Se corrió por primera vez con mi verga dentro, todo su cuerpo se tensó, apretó mi verga con su coño y chorreado alrededor de mí, temblando visiblemente. Sentí cómo su coño se contraía en ondas alrededor de mi verga, caliente y mojado, mientras ella soltaba un gemido largo y ahogado.
No paré.
La giré, la puse en cuatro en el sofá y seguí follándola desde atrás. Le agarré las caderas y le di con fuerza, viendo cómo mi verga desaparecía dentro de su coño rojo e hinchado. Sus tetas pequeñas se balanceaban con cada embestida, su culo pequeño se veía perfecto, su pelo rojo rebotaba con cada golpe. El sonido de piel contra piel era constante, húmedo, obsceno. Sus jugos le corrían por los muslos blancos, dejando rastros brillantes.
Ella se corrió por segunda vez, gritando contra los cojines, apretando mi verga tan fuerte que casi me saca. Sentí cómo su coño se contraía en ondas alrededor de mi verga, caliente y mojado, mientras ella temblaba y chorreado alrededor de mí.
La levanté, la puse contra la pared y la follé de pie, levantándole una pierna. Cada estocada era más profunda, más brutal. Ella me abrazaba del cuello, gimiendo en mi oído, sus tetas pequeñas apretadas contra mi pecho. Su coño estaba tan mojado que se escuchaba el sonido húmedo con cada embestida, su calor era intenso, su apretón era perfecto.
Cuando ya no aguanté más, me corrí dentro de ella, profundo, llenándola con chorros gruesos y calientes. Sentí cómo mis huevos se contraían, cómo mi verga palpitaba dentro de su coño, cómo el semen salía con fuerza, uno tras otro, caliente, espeso, llenándola completamente. Mi cuerpo se tensó, mis piernas temblaron, y solté un gemido largo y ronco mientras me vaciaba dentro de ella.
Ella soltó un gemido largo y satisfecho, apretándome contra su cuerpo, recibiendo todo. Sentí cómo su coño se contraía alrededor de mi verga, como si quisiera sacar cada gota.
Nos quedamos ahí un rato, pegados, respirando agitados, con mi verga todavía dentro de ella. El sudor nos pegaba la piel, su pelo rojo estaba revuelto, su cara roja, sus tetas pequeñas subiendo y bajando con la respiración.
Ella me miró con esos ojos cafés, sudorosa, con una sonrisa exhausta pero completamente satisfecha.