Heráclito
01-05-2026, 11:21:15
Lúcido como siempre. Ricardo Silva Romero salta al ruedo a defender el periodismo de verdad, el que descubre lo que con tanto esmero el poder oculta. Una columna para reflexionar y defender a un gremio que ha puesto una cuota importante en la construcción de este país.
Periodistas
Todo gremio tiene zánganos y cretinos, pero nuestras salas de redacción están llenas de periodistas que se juegan la vida por contarnos a Colombia.
Hay algo más impopular en el mundo de hoy que los medios de siempre: defenderlos. Pero qué más puede hacer cualquier ciudadano que crea en la democracia, o sea en la libertad de expresión, en el pluralismo, en la participación, cuando medio país da por hecho que el presidente es el único noticiero de fiar, que hay una conspiración, venida de los días en los que Bolívar se debatía entre ser o no ser un tirano, para desinformar al pueblo colombiano, y que los poderosos del siglo XX han regresado de entre los muertos a ocultar el revolcón en marcha —ciego e inescrupuloso— que ha sido este Gobierno. Una vez más: todo gremio tiene zánganos y cretinos, pero a mí me consta que nuestras salas de redacción están llenas de periodistas entrañables que se juegan la vida —y la han dado y la dan— por contarnos a Colombia.
Créanselo, si no me lo creen a mí, al libro conmovedor que salió de la conversación de Daniel Samper Pizano con Enrique Santos Calderón: Memorias cruzadas. Es usual que las voces inéditas quieran reinventar la rueda, fundar Caracas en pleno centro de Caracas, pensar que nunca antes nadie se le plantó de frente al poder, y que llevamos doscientos años de complot contra la verdad, pero este par de periodistas tan brillantes y tan vitales y tan relevantes, que llenaron de espíritu crítico e independencia a este oficio —y lograron que los columnistas podamos decir lo que pensamos tal como lo pensamos desde hace más de medio siglo—, se han sentado a recordarnos a todos las luchas de los periodistas arrojados que nos han prestado el servicio de encarar fanáticos y turbios de todo el espectro.
Es común que no se sepa todo lo que se les debe a los periodistas como no se sabe todo lo que se les debe a los funcionarios —los plomeros, los electricistas, los recicladores— que ponen a andar una ciudad: es normal que se olvide que los desmanes de los gobiernos, desde el proceso ocho mil hasta las chuzadas del DAS, desde los falsos positivos hasta el saboteo del sistema de salud, fueron contados por estos mismos medios que suelen ser defendidos por los opositores y condenados por los gobiernistas. Pero que nadie se pierda el luminoso trabajo periodístico que Yolanda Ruiz Ceballos ha estado haciendo con María Elvira Samper Nieto, por favor, su libro Menopáusicas y más es un retrato urgente de esta sociedad tan frágil —de mujeres valientes y hombres pasmados— que está aprendiendo a cuidarse, a contenerse de puertas para adentro.
"En los archivos viejos y nuevos de los medios colombianos es posible notar, más allá de dueños, sesgos e inclinaciones, una tradición de voces libres".
Yo también querría, en vez de lidiar con la ciática y de pensármelo tres veces y de alinearme con la impopularidad, pararme a renegar de “los medios” abstractos de los que se habla en las redes, y a jugar al intelectual deshonesto que dona su jerga ceñuda a las narrativas autoritarias, y a insultar impunemente a gente seria que, como la de La Silla Vacía, se la pasa mostrando los abusos que cometen los caraduras por encima y por debajo de la mesa. Querría creerme que las luchas sociales empezaron ayer. Que no hubo nunca reporteros que denunciaran a los falsos periodistas que juegan a tres bandas. Que este es el único gobierno que no ha sido “el poder”. Que esta presidencia ha estado a la altura de tantos mártires entrañables de nuestro progresismo. Sería mucho más fácil —tardaría menos— hacer esta columna.
Pero repito: en los archivos viejos y nuevos de los medios colombianos es posible notar, más allá de dueños, sesgos e inclinaciones, una tradición de voces libres.
Qué suerte el recuerdo del humor sin tregua de Antonio Caballero. Pone en claro que algunos le venden el alma a su popularidad. Y otros se resignan a la soledad de decir lo que se piensa —lo que se logra pensar entre el ruido— como quien se resigna a aguar la fiesta.
Fuente: El Tiempo
Rafa Bohórquez
04-05-2026, 10:12:21
Ya no quedan muchos periodistas imparciales , me dan pena ajena los de rtvc