Ver la Versión Completa Con Imagenes : [ Libros y Revistas ] - La historia sin fin
Ayudante De Santa
06-11-2015, 22:19:08
Flébil
14-04-2026, 23:09:22
La Historia Sin Fin
Autora: Flébil
Capítulo 1: El Eco en la Pantalla
El reloj de la pared marcaba las 3:14 AM. El silencio en el apartamento era tan denso que el suave zumbido del ventilador de la computadora sonaba como el motor de una turbina. Elena no podía dormir; la luz azul del monitor era su única compañía, proyectando sombras alargadas sobre las paredes desnudas.
Entró en L’Inconnue, un foro de acceso restringido donde los hilos de conversación no tenían títulos, solo coordenadas geográficas que cambiaban cada hora. No buscaba romance, buscaba una distracción para el vacío.
De pronto, una notificación parpadeó en la esquina inferior:
Usuario: Orion_9
-“¿Alguna vez has sentido que estás leyendo un libro que no tiene última página?”
Elena detuvo el cursor. Sus dedos dudaron sobre las teclas, pero la curiosidad, esa vieja chispa peligrosa, fue más fuerte.
Usuario: Selene_V
-“Todo el tiempo. Pero la mayoría de la gente se asusta cuando se da cuenta de que el final no existe. Prefieren la seguridad de un punto final.”
Orion_9:
-“Yo prefiero el abismo. Hay una elegancia en lo inacabado. Dime, Selene… si supieras que este hilo nunca va a cerrarse, ¿qué sería lo primero que me confesarías?”
Elena sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura de la habitación. Había algo en la cadencia de sus palabras, una seguridad casi física que traspasaba la frialdad de los pixeles. No era la típica charla de un extraño en la red; era una invitación a un juego donde las reglas se escribían sobre la marcha.
El Encuentro de las Sombras
Al otro lado de la ciudad, o quizás del mundo —en la red las distancias son una ilusión—, Julián observaba la respuesta de Selene. Bebió un sorbo de café frío, sus ojos fijos en la pantalla. La mayoría de los usuarios en ese foro buscaban secretos oscuros o transacciones ilegales, pero ella… ella respondía con una melancolía que le resultaba familiar.
Selene_V:
-“Te confesaría que odio el sonido del silencio después de las tres de la mañana. Se siente como si alguien estuviera escuchando mis pensamientos.”
Orion_9:
-“Tal vez lo estoy haciendo. Puedo imaginarte ahora: la luz del monitor reflejada en tus ojos, la duda en tus labios antes de enviar cada mensaje. Estás sola, pero te gusta la idea de que, por un segundo, yo esté ahí contigo.”
La respiración de Elena se agitó. La descripción era demasiado precisa, demasiado íntima. La sensualidad del anonimato empezaba a mezclarse con una inquietud creciente. ¿Quién era este hombre que parecía conocer la textura de su soledad?
La Primera Pista
Antes de que pudiera responder, Orion_9 envió un enlace. No era una imagen, ni un video. Era un archivo de audio de apenas cinco segundos. Elena conectó los auriculares y presionó play.
Lo que escuchó no fue una voz, sino el sonido de una respiración pausada y, de fondo, el repique de una campana de bronce, un sonido antiguo, pesado. Un sonido que ella reconoció de inmediato.
Era la campana de la catedral de la plaza vieja, a solo tres calles de su casa.
Orion_9:
-“El misterio no es quién soy, Selene. El misterio es por qué ambos estamos buscando lo mismo en el lugar equivocado. Mañana, cuando la campana suene a mediodía, deja de leer y empieza a observar.”
La conexión se cortó. El hilo desapareció. El foro L’Inconnue se actualizó, borrando cada rastro de la conversación. Elena se quedó mirando el reflejo de su propio rostro en la pantalla negra, con el corazón latiendo desbocado y la extraña sensación de que la historia, efectivamente, acababa de empezar.
Ayudante De Santa
06-11-2015, 22:19:08
Soyado
15-04-2026, 07:46:47
Me encantó, parcera. Yo también quiero retomar el escribir como solía hacerlo hace algún tiempo en el foro. Gracias por compartirnos tu talento, y ante todo, tu sensibilidad.
Flébil
15-04-2026, 08:38:45
Me encantó, parcera. Yo también quiero retomar el escribir como solía hacerlo hace algún tiempo en el foro. Gracias por compartirnos tu talento, y ante todo, tu sensibilidad.
Muchas gracias Soyado por tus palabras, anímate a retomarlo también.
Y, bueno, esta historia continuará...
Así que atentos;)
Flébil
15-04-2026, 11:46:14
Capítulo 1 (Continuación)
Elena no durmió el resto de la noche. El eco de la campana en el archivo de audio se repetía en su mente, sincronizado con el pulso en su cuello. ¿Era una coincidencia o una amenaza? ¿O algo más embriagador? El anonimato en internet solía ser un escudo, pero Orion_9 lo había convertido en un arma de doble filo: una que cortaba la distancia y la dejaba expuesta.
A las 11:55 AM, Elena ya estaba en la Plaza Vieja. Se sentó en la mesa de un café lateral, pidiendo un expreso que no pensaba beber. Sus manos rodeaban la taza caliente, buscando un anclaje a la realidad mientras sus ojos escaneaban la multitud. Turistas con cámaras, oficinistas apurados y palomas que reclamaban las migajas del suelo. Nada fuera de lo común.
Pero ella se sentía observada. Era una sensación térmica, un calor repentino en la nuca que la obligaba a enderezar la espalda.
De pronto, el primer golpe de la campana de bronce vibró en el aire. El sonido fue tan potente que pareció mover el suelo bajo sus pies.
Uno.
Elena buscó entre los hombres que caminaban solos.
Dos.
Un hombre con gabardina oscura se detuvo a mirar el reloj de la torre, pero siguió de largo sin girarse.
Tres.
Su teléfono vibró sobre la mesa de madera. No era un mensaje de texto convencional. Era una notificación de L’Inconnue, el foro que, técnicamente, no debería funcionar fuera de una red encriptada.
-Orion_9: “El azul te queda bien, Selene. Resalta la palidez de tu cuello. Estás tensa… relájate. No muerdo, a menos que me lo pidas.”
Elena sintió un vuelco en el estómago. Llevaba una bufanda de seda azul oscuro. Se puso de pie de un salto, derramando unas gotas de café. Miró a su alrededor con desesperación. Él estaba allí. Cerca. Lo suficiente para ver el color de su ropa y la tensión de sus músculos.
La Sombra en la Multitud
A unos veinte metros, oculto tras la columna de los portales antiguos, un hombre la observaba. No era un acosador común; no había urgencia en su mirada, sino una fascinación analítica que comenzaba a tornarse en algo mucho más visceral.
Él —aunque en ese lugar solo era una sombra— disfrutaba del efecto de sus palabras como si fueran caricias físicas sobre ella. Al verla leer el mensaje, notó cómo el azul de la seda se agitaba contra la blancura de su garganta y cómo su respiración se volvía errática. Sintió un tirón seco en el pecho, una respuesta física e inmediata al verla tan vulnerable y, a la vez, tan despierta por su causa. Sus propios dedos se cerraron con fuerza en el bolsillo de su chaqueta, imaginando la textura de esa bufanda y el calor de la piel que palpitaba debajo; su mirada la recorría con una lentitud deliberada, saboreando el hecho de que él era el único autor de ese escalofrío que la obligaba a enderezar la espalda.
Pero lo que realmente lo mantenía anclado a ese juego, lo que hacía que su pulso se acelerara por primera vez en meses, era la forma en que ella desafiaba el miedo. Había una valentía silenciosa en su desesperación, una chispa de fuego en sus ojos mientras lo buscaba entre la multitud, que lo tentaba a revelarse mucho antes de lo planeado.
Verla en persona era como recuperar una pieza de oro que creía perdida: más real, más táctil y peligrosamente más tentadora de lo que cualquier chat encriptado podría sugerir.
Sacó un pequeño sobre negro del bolsillo de su chaqueta y lo dejó sobre el banco de piedra justo cuando el último tañido de la campana se desvanecía.
Elena vio el movimiento. Fue una fracción de segundo, pero suficiente para grabarse en su retina: un hombre alto, de hombros anchos que llenaban su chaqueta con una autoridad natural. Se alejaba dándole la espalda, con un paso firme y rítmico que no dejaba lugar a la duda. No corría; caminaba con la seguridad depredadora de quien sabe que, aunque no mire atrás, está siendo seguido. Cada zancada suya parecía llevarse consigo un poco del aire de la plaza, dejando a Elena en un vacío sofocante.
Ella caminó hacia el banco, con las piernas tan temblorosas que cada paso era un desafío a la gravedad. El sobre negro descansaba sobre la piedra fría, como una invitación al abismo. Al recogerlo, el calor residual de los dedos de él todavía parecía impregnado en el papel, un contraste directo con el viento de la mañana.
El sobre desprendía un aroma sutil pero embriagador: una mezcla de sándalo, cedro y ese toque frío de la lluvia antes de caer. Era el perfume de alguien que no necesitaba llamar la atención, porque sabía que ya la tenía. Un aroma limpio, masculino y profundamente caro que se le instaló en los pulmones y le hizo cerrar los ojos por un instante. Al abrirlo con dedos torpes, encontró una tarjeta de cartulina gruesa, con una caligrafía impecable —afilada y elegante a la vez— y una única frase:
“La historia sin fin requiere que el siguiente capítulo sea escrito en persona. Habitación 404, Hotel Imperial. Medianoche. Trae tus preguntas, yo llevaré las verdades que no te atreves a decir en voz alta.”
Elena apretó el papel contra su pecho, sintiendo el filo de la cartulina clavarse sutilmente en su piel, como un recordatorio de que esto ya no era un juego digital. El misterio se estaba transformando en algo más denso, una atracción magnética que desafiaba cualquier lógica. Sabía que ir era un error, una imprudencia que mañana no sabría cómo justificar. Pero al mirar a su alrededor, a los turistas y a la rutina gris de la plaza, comprendió que el vacío de su vida cotidiana era mucho más aterrador que cualquier peligro que la esperara tras la puerta de esa habitación.
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