Heráclito
02-11-2025, 19:21:31
Bre-B pero inefectivo
No soy amigo de la abolición del efectivo, pero recibí con interés la llegada de Bre-B.
Thierry Ways
01.11.2025 23:00
Actualizado: 02.11.2025 00:01
No soy amigo de la abolición del efectivo. Bastante tenemos con la facturación electrónica, que pone en conocimiento del Estado casi todo lo que compra la ciudadanía, por íntimo que sea: cada ansiolítico, píldora abortiva, juguete sexual, prueba de paternidad, dosis de bótox, jeringa de Ozempic, injerto capilar, cerveza mañanera o Martini de más queda juiciosamente registrado en las bases de datos de la Dian.
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Un mundo en el que todos los pagos fueran electrónicos sería todavía más totalitario. Si usted vende su bicicleta vieja porque ya no la usa, o los cubiertos de plata heredados de su mamá para cubrir una necesidad económica, la nación no solo conocería esas operaciones, sino que, algún día, podría gravarlas. Y yo, al menos, pienso que las personas deben conservar el derecho a realizar ciertas transacciones sin que el Estado se entrometa.
¿Es exagerado mi recelo? No creo. Hasta nuestros supuestamente “neoliberales” tecnócratas llevan dentro un chepito recaudador. Es una deformación profesional del economista del sector público: basta con que pise un cargo en Hacienda para que empiece a inventar nuevas y sofisticadas maneras de arrancarle plumas al ganso sin que grazne demasiado.
Dicho esto, entiendo los argumentos a favor de restringir el dinero en metálico. Si toda transacción quedara registrada electrónicamente, se reducirían la evasión y la informalidad. El fisco, al contar con mayor recaudo, quizá no tendría que aumentarnos los impuestos cada año y medio, como suele pasar en Colombia. Y la trazabilidad del dinero es una herramienta poderosa contra el crimen organizado, especialmente en un continente donde las mafias transnacionales han crecido tanto que parecen prepararse para disputarle la soberanía al Estado nación.
En especial por esto último, pese a mis reticencias, observé con interés la creación de Bre-B, un sistema de pagos digitales que busca reducir el uso del efectivo. No se trata, por ahora, de eliminarlo del todo, sino de ofrecer una alternativa. Los riesgos para la privacidad y la libertad no desaparecen con Bre-B, cierto, pero esa es, al fin y al cabo, una disyuntiva tan vieja como la política: seguridad a cambio de libertad.
Para competir con el efectivo, Bre-B debe ser práctico, sencillo, confiable y libre de costos de transacción. De otro modo, no sirve como reemplazo de billetes y monedas. Apenas se activó el sistema, sin embargo, el Ministerio de Hacienda, como si quisiera ratificar mis temores sobre el peligro fiscalista de eliminar el dinero físico, se inventó una retención en la fuente del 1,5 % sobre los ingresos derivados de pagos electrónicos. Entre estos está Bre-B, lo cual crea un desincentivo para que personas y establecimientos lo adopten.
"Los riesgos para la privacidad y la libertad no desaparecen con Bre-B, cierto, pero esa es, al fin y al cabo, una disyuntiva tan vieja como la política: seguridad a cambio de libertad"
Días después, aclararon que la medida no aplicaría a “personas naturales que no sean responsables de IVA”. Peor: ahora toca averiguar qué clase de contribuyente es el receptor del pago. Más complejidad, más fricción, menos liquidez inmediata: todo lo contrario del efectivo que se pretende sustituir.
El suscrito es responsable de IVA. Si un amigo quiere transferirme vía Bre-B su parte de la factura de un restaurante, ¿debe descontarme la retención en la fuente? Según el decreto, solo si se trata de “venta de bienes o prestación de servicios”. ¿Es decir, a veces sí y a veces no? ¿Cómo le demuestro a la Dian que no estaba prestando ningún servicio, solo compartiendo una cena?
Y, sobre todo, ¿qué nos asegura que futuros gobiernos voraces –perdón por el pleonasmo– no aumenten la tarifa a discreción, como pasó con el 4 × 1.000?
Si el decreto entra en vigor, tendremos otra lámina para el álbum del absurdo: el primer logro del sistema que iba a trascender el efectivo será recordarnos por qué el efectivo sigue siendo indispensable.
Fuente: El Tiempo