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Payasadas finales

Las iniciativas de Petro lucen como payasadas y, en vez de miedo, despiertan una sonora carcajada.

Mauricio Vargas

25.10.2025 23:00
Actualizado: 26.10.2025 00:01

El presidente Gustavo Petro está arrinconado. Lo enredan las declaraciones ante la justicia de Estados Unidos del venezolano Hugo el ‘Pollo’ Carvajal, exdirector de contrainteligencia militar de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, entre 2004 y 2014. Carvajal ha hablado sobre dineros que, según él, la dictadura chavista le dio a Petro para su campaña presidencial de 2010, recursos provenientes –asegura el testigo– del jugoso negocio de narcotráfico del cartel de los Soles, montado en 2003, en Venezuela, por alias Santrich, uno de los comandantes de las Farc.

En 2023, Carvajal –que rompió con el chavismo– fue extraditado desde España, para ser procesado por narcotráfico y lavado, y sus jugosos testimonios sobre las actividades narcoterroristas del régimen venezolano son evaluados por la justicia de EE. UU. Con ese oscuro telón de fondo, y en un fallido intento por victimizarse, Petro escogió un pésimo momento para casar pelea con Donald Trump, quien lo acusó públicamente de “matón” y de “fabricar muchas drogas” en Colombia.

Para el irascible Trump, los dichos de Carvajal se pueden convertir en la base para avanzar judicialmente contra el mandatario colombiano. Petro y algunos miembros de su familia, así como el mininterior, Armando Benedetti, han sido incluidos en la Lista Clinton, que reúne empresas y personas vinculadas con dineros del narcotráfico y, en consecuencia, quedan sometidas a graves sanciones en materia de negocios, banca y viajes.

En el frente interno, la semana del Presidente no fue mejor. El Consejo de Estado suspendió el decreto que pretendía poner a andar parte de la reforma de la salud que el Congreso hundió. El Gobierno estaba advertido de la imposibilidad jurídica de adoptar por decreto lo que el Legislativo rechazó, pero aun así dictó la medida. Como era de esperar, el Consejo de Estado la frenó. Entre tanto, la reforma pensional tambalea en la Corte Constitucional y, en otros tribunales, peligran dos acuerdos: uno con Venezuela sobre seguridad fronteriza y el de pasaportes con Portugal.


"Para el irascible Trump, los dichos del ‘Pollo’ Carvajal se pueden convertir en la base para avanzar judicialmente contra el mandatario colombiano"


Otra decisión de la justicia le cayó a Petro, esta semana, como una patada en el estómago: el fallo del Tribunal Superior de Bogotá que, de manera justa, absolvió de todos los cargos de soborno a testigos y fraude procesal al expresidente Álvaro Uribe. La providencia cuestionó con dureza la actuación de la juez que, a inicios de agosto, había condenado al exmandatario a 12 años de prisión, y también lanzó interrogantes sobre el papel en ese proceso del senador Iván Cepeda, gran aliado de Petro. La reacción del Presidente –acusó al Tribunal de tapar “la historia de la gobernanza paramilitar”– prueba lo descompuesto que estaba.

El Gobierno es un enfermo agónico. Y Petro y su disminuido minjusticia, Eduardo Montealegre, optaron por un tratamiento de urgencia con la misma medicina que ya les ha fracasado: una asamblea constituyente para cuya aprobación Petro no tiene los votos en el Congreso, y cuya remotísima puesta en marcha se tardaría más de año y medio, cuando él se haya ido de la Casa de Nariño. Para rematar, el viernes renunció Montealegre, a pedido de su jefe y ante la inminencia de una sanción de la Procuraduría, más allá de las excusas inventadas en su carta por el renunciado y del vainazo en el que le dice al Presidente que “en Palacio hay traidores que acechan con dagas peligrosas”.

Hasta hace un año, las propuestas de referendo y constituyente de Petro –tantas veces lanzadas, tantas veces fallidas– causaban hondo temor porque podían servirle para perpetuarse en el poder y montar un régimen al estilo chavista. Pero ahora, en el ocaso de su fracasada administración, las iniciativas de un Petro en estado terminal lucen como payasadas y, en vez de generar miedo, despiertan una sonora carcajada. El Presidente se arrastra penosamente hacia el final de su lánguido y muy dañino gobierno.

Fuente: El Tiempo