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Desafío del siglo XXI

¿Cuáles serán para Colombia las consecuencias de ese discurso irresponsable, caótico y desafiante del Presidente en la ONU?

María Isabel Rueda

28.09.2025 00:01

El discurso de Petro ante la ONU avanza hacia matricular a Colombia en el club de los regímenes “loquitos”, a los que él no se cansa de alabar: Cuba, Nicaragua y Venezuela, todos fallidos.

En un interesante artículo, el economista Armando Montenegro desnuda la verdadera situación actual de los cubanos, que es la pobreza absoluta del 90 %. Siete de cada 10 no tienen 3 comidas al día; mendigos y pordioseros pululan en las calles. En La Habana no hay luz durante 16 horas al día; muchas de las plantas eléctricas están paradas por falta de repuestos y las demás no operan por falta de recursos para importar combustible. Los hospitales están cerrados o destartalados, sin agua ni luz. Las medicinas escasean. Emigran miles de médicos y enfermeras y la población joven.

De todo eso culpan al bloqueo de EE. UU., pero más bien hay que situar los orígenes de este desastre en la antigua Unión Soviética; ya desaparecida su protección a Cuba, el régimen castrista insistió tercamente en mantener la fracasada planeación central y la rigidez económica soviéticas absolutamente pasadas de moda, cuando por su fracaso ya no hay ni Unión Soviética, en lugar de modernizarse con apertura y libertad económica. A Cuba la gobierna una camarilla incompetente y corrupta que se mantiene en el poder vía la represión, dice Montenegro.

De Nicaragua, cuna hoy de ilustres petristas asilados, ni hablemos. La dictadura de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, que completa 30 años en el poder, terminó reemplazando la de Anastasio Somoza a través de la Revolución Sandinista; pero por la represión, la corrupción y el abuso del Estado, pues no se sabe a la postre cuál de las dos dictaduras le ha hecho más daño al país.

De Venezuela ya conocemos hasta la saciedad su situación, que se resume en una frase dramática: entre los gobiernos de Chávez y Maduro destruyeron el 80 % de la economía productiva venezolana. Hemos visto durante años a Venezuela “cubanizada” por el régimen castrista. Es como si le hubiera trasplantado a nuestro vecino la miseria, la represión y la desesperanza, que todavía no nos contagia a nosotros, por fortuna. Con semejantes socios, Petro intenta matricularnos en el club del miserabilismo mundial.

Creyó que en la ONU se estaba dirigiendo ante el mundo, cuando en realidad intervino dentro de un cascarón diplomático como es hoy la Organización de Naciones Unidas, en un momento cuando no es posible que el organismo sea menos relevante ante los peores conflictos del planeta.

Petro llegó a la Asamblea General convencido de que, desafiando a EE. UU., haría historia. Pero por si acaso, quiso sumar puntos uniéndose a la marcha pro-palestina en Nueva York. Piensa que exhibir esos desafíos lo catapulta como #PetroLíderMundial, ‘hashtag’ de difusión masiva por orden de la Presidencia a todas las agencias del Estado. (¿O fue idea del estafador incorporado a su oficina de comunicaciones?)

El vehículo de Petro en la ONU fue insultar a Trump, a quien le achacó ausencia de “razón mental”. Sugirió que, al lado de sus funcionarios, le abrieran al mandatario un proceso penal. En su discurso también amenazó a la propia ONU: “No volveremos a pagar estudios en esa entidad si Naciones Unidas no corrige su infantil error”, supongo que a través de la contratación de las alrededor de 24 agencias del organismo que andan metidas en Colombia, haciendo estudios pagados con nuestros impuestos. La amenaza alude a que, según él, “la ONU exageró el potencial de producción de cocaína en Colombia”, medición que permite calcular que hoy hay más de 300.000 hectáreas de coca cultivadas en el país. ¿Infantil error?


"Petro llegó a la Asamblea General convencido de que, desafiando a EE. UU., haría historia. Pero por si acaso, quiso sumar puntos uniéndose a la marcha pro-palestina en Nueva York"


La gran pregunta, desde luego, es cuáles serán para Colombia las consecuencias de ese discurso irresponsable, caótico y desafiante.

Han pasado apenas pocos días desde que EE. UU. nos descertificó. La decisión fue casi simbólica. Y la discusión no está en si tiene el derecho ese país de hacerlo o no. Lo hace. Y mientras necesitemos la colaboración comercial, financiera, militar y social de EE. UU., pues nos importa esa certificación.

La sensibilidad del presidente Trump ante sus críticos está como un fosforito. Ojalá EE. UU. no caiga en el desafío de Petro, quien, para consolidar su base política y graduarse de líder mundial, enciende discursos antiimperialistas buscando reacciones contra nuestro país. Qué cosa tan injusta con tantos colombianos.

A él le quitaron la visa. Era lo que quería, incitando a la desobediencia del ejército de EE. UU. contra Trump. Pero el resto de los colombianos nos hemos salvado hasta ahora de las peores consecuencias de la descertificación. Solo nos dieron una palmadita en mano. Ojalá el innecesario discurso de nuestro Presidente no haga realidad las drásticas sanciones que normalmente la acompañan.

Entretanto... Hollman: ¿cuánto nos vale ese analista español que aparece en Señal Colombia asegurando idioteces, como que el lápiz de Petro es la espada de Bolívar?

Fuente: El Tiempo

Ayudante De Santa
06-11-2015, 22:19:08
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PATRIOT
29-09-2025, 13:44:11
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