Heráclito
05-08-2025, 06:49:48
En resumen y visto lo que está sucediendo en Gaza, para aplaudir la posición de Petro desde el punto de vista moral, pero desde lo material, el grave perjuicio que le causa a las comunidades de la Guajira y el Cesar es inmenso porque dejarán de recibir cien mil millones de pesos en regalías, aparte de que no le causa ningún perjuicio a Israel que puede suplir el carbón dejado de recibir acudiendo a otros países como Australia.
Petro logra una victoria moral costosa con veto de carbón a Israel
por Camilo Andrés Garzón
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Gustavo Petro.
La crueldad de la guerra desatada por Israel contra Hamas le ha dado cada vez más legitimidad a la temprana condena que hizo el presidente Gustavo Petro sobre las acciones del gobierno de Benjamin Netanyahu. Petro ha dicho: “no apoyamos genocidios”, confirmando su decisión de cortar relaciones diplomáticas con Israel, que ahora ha sometido a la Franja de Gaza a una hambruna que afecta a cientos de miles de civiles.
El último corolario de esa condena ha sido la decisión comercial de limitar la exportación de carbón a ese país, otra vez. Ya lo había intentado con un primer decreto del 2024, pero las cláusulas dejaron espacio para más de un millón de toneladas de carbón exportado desde entonces. Con el nuevo decreto que está siendo analizado jurídicamente por el Ministerio de Comercio antes de su publicación, se quitarían esas excepciones y se cancelarían totalmente las toneladas de carbón que van a ese país.
Con este, Petro consolidará una victoria moral ante sus bases y los grupos que internacionalmente han pedido medidas más contundentes contra el gobierno israelí. Pero lo hace atizando una confrontación con el sector minero y con exfuncionarios suyos que le reclaman por la gestión de esa decisión. Los costos inmediatos los pagarán las empresas, las comunidades donde operan, y los presupuestos de los departamentos a donde dejarán de llegar las millonarias regalías que produce el carbón. Los de largo plazo, luego de demandas que vendrán, también tendrán que pagarlos los ministros del presidente.
El nuevo decreto sobre el carbón
El presidente Petro se lamentó recientemente en el foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos, Celac, que se reunió en Bogotá: “Están llevando carbón colombiano en barco a Israel y están haciendo bombas…aunque el presidente decretó que no”, dijo.
Su reproche fue contra las empresas multinacionales del carbón que operan en Colombia y seguían exportando carbón a Israel (Glencore y Drummond), pero también contra su exministro de Comercio, Luis Carlos Reyes, a quien culpó por incumplir el decreto de 2024 en el que ya se restringían esas ventas.
“Me engañó… Se llevó el decreto, no pasó por los filtros jurídicos y había dos palabritas que excluían a los exportadores de la prohibición presidencial…Reyes. Cómplice del genocidio en Gaza”, dijo en ese foro sobre su antiguo exministro.
La razón por la que el decreto pasado no sirvió para detener todas las exportaciones es que exceptuaba a las mercancías que ya tenían una autorización de embarque aceptada por la Dian antes de su emisión, así como empresas mineras que tenían contratos previos cerrados.
Por ejemplo, a la minera estadounidense Drummond se le aprobó por un total de cuatro años continuar con las exportaciones hacia Israel.
En total, desde que se emitió el decreto, al menos 30 barcos llevaron más de 1 millón de toneladas de carbón colombiano a puertos en Israel. Una caída del 39 por ciento comparando con los ocho meses previos a la entrada en vigor del decreto, cuando se exportaron 1,7 millones de toneladas.
Se trata del bien más importante en la relación comercial de los dos países. Según cifras del Dane, en 2023 Colombia exportó a Israel el equivalente a $447 millones de dólares. El carbón representó alrededor del 90 por ciento de esas exportaciones, donde es usado para generar energía. Por esa vía, las usa la industria militar, pero también el sector civil.
Atendiendo a la orden del presidente, el Ministerio de Comercio, encabezado ahora por la ministra Diana Marcela Rojas, publicó para comentarios un nuevo decreto con el que busca prohibir en su totalidad la exportación de carbón colombiano a Israel. La propuesta deroga dos artículos del antiguo decreto, y básicamente lo que hace es anular los permisos antes concedidos para la exportación.
El tiempo para hacer comentarios al decreto cerró el pasado viernes 1 de agosto. El Ministerio de Comercio le respondió a la Silla Vacía que están terminando el “análisis técnico y jurídico de los comentarios que recibieron al decreto, y que lo enviarán luego para la firma del gobierno”.
Aunque no dieron una fecha específica, sí son claros en la dirección a la que apunta. “Queremos asegurar que el carbón colombiano no sea usado, de manera directa o indirecta, en un contexto de alto riesgo de violaciones al derecho internacional”.
El Ministerio resume que los comentarios al decreto se pueden agregar en dos posturas principales. Los de los gremios mineros que expresan preocupación por los efectos económicos y sociales en las regiones mineras que podría generar una prohibición total. Estos propusieron formas de mitigar esos impactos, como plazos de transición que permitan cumplir con los contratos ya existentes.
La otra postura es la de organizaciones sociales y derechos humanos no especificadas que, según el MinComercio, respaldan la prohibición total de las exportaciones e incluso sugieren reforzar la norma con sistemas adicionales de seguimiento y control para asegurar su cumplimiento.
El gobierno no podrá tener contentos a los dos sectores con el proyecto. Y la orden del presidente es ir por la prohibición total con la que Petro se reafirma como una voz con autoridad para decir que tomó medidas fuertes en contra de Israel. Es una decisión con la que al tiempo castiga al sector minero, al que ha antagonizado en su visión sobre una transición energética sin extractivismo, y que le pega a las regalías de los departamentos mineros.
Voz de la causa palestina
Entre las voces políticas que han denunciado la violencia contra el pueblo palestino, como Susana Muhamad— exministra de Ambiente y una de las candidatas a la presidencia del Pacto Histórico—, celebran el ajuste al decreto como una victoria moral. “Debemos llegar a exportaciones cero. Por encima del comercio está la vida. Por encima del comercio está la supervivencia de un pueblo que está bajo un genocidio”, dice la exfuncionaria de descendencia palestina.
Un eco que tiene fuerza entre defensores internacionales de la causa palestina como Maren Mantovani, miembro del Secretariado Internacional del Comité Nacional Palestino, una coalición de movimientos que coordina acciones frente a lo que consideran un apartheid israelí.
Mantovani dice: “Colombia, como un Estado, está luchando por la soberanía sobre sus recursos. Es una excusa que Colombia no puede parar las exportaciones por los acuerdos de libre comercio con Israel”, refiriéndose al tratado que entró en vigor el 11 de agosto de 2020 entre ambos países.
Petro encuentra vítores entre la comunidad propalestina y sectores de izquierda en Colombia y el mundo. El gobierno ha sido líder del Grupo de La Haya, que incluye a Suráfrica, Cuba, Nicaragua, Bolivia y Zambia, países que buscan llevar a Netanyahu ante la Corte Penal Internacional, y denuncian la pasividad de los países de Occidente.
Adentro en Colombia, el sector minero ve el decreto como una medida más de un gobierno que es antiminero desde que llegó al poder.
Los reproches mineros y de exfuncionarios
La Asociación Colombiana de Minería rechazó en un comunicado las declaraciones del presidente Petro. “Afecta la reputación de las compañías y de un sector fundamental para el desarrollo económico del país”, dicen.
En su visión, las exportaciones del carbón colombiano hacia Israel se han utilizado en la generación de energía eléctrica para hogares, hospitales e infraestructura crítica en Israel y en Gaza. Desde el año pasado ya consideraban que la medida para limitar exportaciones es “arbitraria y discriminatoria”, y que ya los ha afectado con una disminución de las ventas de carbón hacia ese país en un 50 por ciento.
“Antes de la medida, el flujo mensual del mineral era de 250 mil toneladas en promedio, cifra que cayó a 100 mil toneladas, dejando en evidencia un impacto directo sobre la industria local del carbón”, dice el comunicado de la Asociación.
Una cantidad que para el gobierno sigue siendo muy grande, pues si bien sólo el 30 por ciento de la matriz energética de Israel usa carbón, alrededor del 50 por ciento del que le importan venía de Colombia.
Juan Camilo Nariño, el presidente de la Asociación Colombiana de Minería, que unifica voces de los empresarios mineros del país, dice que es dudoso cómo le conviene a Colombia esta medida, pues Israel ya encontró quién le supla ese carbón faltante, en países como Australia o Tailandia. En cambio, está dejando de percibir los beneficios económicos nacionales de esta exportación.
“Entiendo la convicción del presidente que motiva esa decisión, pero no es una medida pragmática, que responda al mejor interés nacional, sino solamente a sus convicciones ideológicas”, dice.
El sector minero calcula que las exportaciones de carbón a Israel representan 650 mil millones de pesos al año en regalías, de los cuales 100 mil millones van directamente a La Guajira y Cesar, departamentos con altos niveles de desnutrición y pobreza.
El Ministerio de Comercio, por su parte, defiende que la medida es razonable porque las exportaciones de carbón hacia Israel representa apenas un porcentaje del 0,4 por ciento de sus exportaciones totales. “Esto lo podrá enviar a otros mercados del mundo, y así no contribuir a la máquina de guerra del Estado de Israel”, dice MinComercio.
Eso no es tan fácil de hacer y menos con señales adversas desde el gobierno. Según Nariño, del gremio minero, las multinacionales Glencore y Drummond anunciaron este año que reducirían sus operaciones, en algunos casos incluso a la mitad de producción actual, en parte por “difíciles condiciones de mercado” que han empeorado con el gobierno Petro.
Pero no es solamente el sector minero el que ha reaccionado con molestia por el anuncio del decreto. El exministro Luis Carlos Reyes, que estuvo al mando del ministerio en el primer decreto, dice que el presidente Petro está poniendo en riesgo su vida al señalarlo de cómplice del genocidio, así como jurídicamente a los ministros que van a firmar el nuevo decreto.
Reyes tiene una versión muy distinta sobre el decreto pasado. Dice que nunca se saltó los filtros jurídicos.
“Es imposible que yo me hubiera pasado los filtros jurídicos del Dapre, de la Cancillería, del Ministerio de Minas y de la Superintendencia de Cielo Rusinque, que lo revisaron. Lo que dice el presidente es falso”, dice.
Reyes afirma que él fue el que más insistió para que se limitaran las exportaciones de carbón a Israel con anterioridad a la expedición del decreto, pero que fue en las revisiones jurídicas donde se le bajó la ambición al proyecto. Esto, con la justificación de que era para que el Consejo de Estado no lo tumbara, un argumento que aceptó el presidente Petro en su momento.
Sobre el nuevo decreto, Reyes argumenta: “si se hubiera firmado la versión original que propusimos habríamos parado las exportaciones mucho antes. Ahora lo que pretenden es interferir con contratos ya en ejecución, lo que pone en un riesgo jurídico a los ministros que firmen ese decreto, porque se exponen a responsabilidad fiscal personal por las pérdidas de contratos”.
Ese riesgo no lo tiene el presidente, que tiene un fuero especial y no firma el decreto. Serán los ministros de Comercio, Minas, Hacienda y Relaciones Exteriores quienes asumirán el fuego jurídico en primera línea.
Lo que es claro es que con el decreto que verá la luz en las próximas semanas, Petro se confirmará entre sus bases y en el contexto internacional como una de las voces políticas que ha tomado medidas comerciales más contundentes contra Israel, volviéndose en uno de los referentes de la causa propalestina; mientras que los afectados le reclaman por qué su preferencia moral por Palestina no se extiende también a quienes sufrirán en Colombia los efectos del carbón no exportado.
Fuente: La Silla Vacía