Heráclito
27-07-2025, 09:41:34
Petro, la rabia y el ‘Guasón’
Estos adictos necesitan que Petro les reparta, a diario, su dosis personal de indignación y furia.
Mauricio Vargas
Lectores de esta columna me plantean, una y otra vez, la misma pregunta: ¿cómo es posible que, con una gestión tan fracasada y dañina, y con un liderazgo marcado por tantos vicios y tan pocas virtudes, todavía más del 30 % de los encuestados respalden, en los sondeos de opinión, la gestión del presidente Gustavo Petro?
La respuesta no es simple, pero lo que ocurre en las redes sociales nos da una clave para descifrar el misterio. Un experto en estos temas me explicaba que los algoritmos que usan plataformas como Instagram, TikTok y X explotan la rabia como elemento central para enganchar a los usuarios. Una persona que navega en esas redes, y cuyas preferencias y rechazos son clasificados de modo sistemático por las armas de inteligencia artificial que usan, recibe videos y demás mensajes que estimulan sus emociones, sobre todo la indignación, la que más adicción genera.
La plataforma identifica qué indigna más a ese usuario, y lo bombardea con una cascada de videos, fotos y mensajes con contenidos similares. Como si se tratara de un ratón de laboratorio que responde del mismo modo a las mismas provocaciones, en un momento dado dicho usuario es incapaz de soltar su teléfono móvil, y pasa horas alimentándose con esos mensajes y con la rabia que activan en él.
En el campo de la política, donde las redes sociales son hoy una poderosa arma de seducción y alienación, muchos líderes aprovechan esa incitación a la furia para atrapar seguidores. La rabia que despiertan, entre millones de estadounidenses medios, las élites intelectuales de las grandes ciudades fue clave para que Donald Trump ganara las elecciones. El odio hacia los poderosos de Washington, los privilegiados de exclusivas universidades como Harvard y los generadores de opinión de la gran prensa fue explotado al máximo por Trump.
Desde una orilla diferente, Petro juega a lo mismo. Sale a diario a las redes –y también a la televisión– a explotar la rabia de muchos resentidos contra industriales, banqueros, líderes gremiales, periodistas y políticos tradicionales –los expresidentes son su presa favorita–, pero también contra quienes representan la ley y el orden: magistrados, jueces, policías y militares.
"En el campo de la política, donde las redes sociales son hoy una poderosa arma de seducción y alienación, muchos líderes aprovechan esa incitación a la furia para atrapar seguidores"
Los acusa, sin pruebas, con cifras falsas y engañosos argumentos, de todos los males que aquejan al país, y engancha así a quienes albergan rencores contra uno o varios de esos sectores. El jueves alimentó a sus huestes ávidas de furia al decir que “la prensa es constructora de violencia”, cuando lo que resulta evidente es la violencia que desatan los mensajes incendiarios del Presidente, como lo demuestra el vil atentado contra Miguel Uribe.
Hace pocos días, en su columna de ‘Cambio’, mi colega Álvaro García comparó –sin mencionarlo– a Petro con el malvado ‘Guasón’ de ‘Batman’. Con agudeza explicó que, tras años de analizar a ese oscuro personaje del cine, entendió que ‘Guasón’ es “la metáfora más salvaje del resentimiento convertido en discurso, del caos presentado como camino, y de cómo cierta gente puede terminar acompañando a quien no promete salvarla, sino quemarla”.
Del mismo modo que a los trumpistas no les importa que su líder se contradiga, haya abusado de mujeres, o que su entorno de amigos y familia se esté enriqueciendo con el poder, a los petristas furibundos –nunca mejor dicho– no les importa que a su líder lo rodee una recua de corruptos y que su mandato esté marcado por el fracaso.
Es así como las petristas feministas se niegan a ver que el Presidente tiene de líder de su gabinete a un señalado maltratador de mujeres, y de mandacallar del Palacio a un falso pastor cristiano enemigo del aborto. Adictos como están, lo único que esos ratones de laboratorio necesitan es que Petro les entregue, a diario, su dosis personal de indignación y de furia. Por fortuna, aunque marcan más del 30 %, no son mayoría, y debería ser posible derrotarlos en 2026.
Fuente: El Tiempo