PDA

Ver la Versión Completa Con Imagenes : Ascenso y caída de Laura Sarabia: la parábola del poder al lado de Petro


Ayudante De Santa
06-11-2015, 22:19:08
Los mejores licores
Heráclito
03-07-2025, 21:44:09
Ascenso y caída de Laura Sarabia: la parábola del poder al lado de Petro

por Edgar Quintero Herrera

https://i0.wp.com/www.lasillavacia.com/wp-content/uploads/2024/06/Petro-y-Sarabia.png?w=1200&ssl=1
La excanciller Laura Sarabia junto al presidente Gustavo Petro.

Laura Sarabia pasó de ser una asesora gris y eficiente de campaña a convertirse en la principal vocera y negociadora del gobierno Petro. Fue, a su vez, el centro de todas las intrigas y un factor de estabilidad que contrastaba con un presidente voluble e impredecible.

Primero como jefa de despacho, y luego como directora de Prosperidad Social y de Presidencia, Sarabia supo manejar la agenda del presidente, hacer realidad sus deseos, vigilar sus días y sus noches, y presentarse como un canal confiable para las élites políticas y empresariales.

Paradójicamente, el ocaso del poder de Sarabia empezó cuando fue nombrada canciller, la principal posición que ocupó en el gobierno. Detrás de su llegada como jefa de la política exterior hubo, en realidad, un movimiento para apartarla del primer círculo de Petro luego de la llegada de Armando Benedetti, su gran enemigo.

La estocada final contra Sarabia se ejecutó desde la misma oficina en la que se convirtió en la mujer más poderosa del gobierno. Siguiendo las órdenes del presidente, el nuevo jefe de despacho, Alfredo Saade, desbarató el plan de la ahora excanciller para solucionar el complejo cambio de modelo para la expedición de pasaportes, una obsesión de Petro.

La decisión de Petro y Saade provocaron la renuncia de Sarabia, quien está convencida que el país enfrentará una crisis en el servicio de pasaportes, y no está dispuesta a someterse a las investigaciones disciplinarias, fiscales y penales que su equipo anticipa por la improvisación del gobierno.

“La codicia es la enemiga de la revolución y de la vida”, escribió Petro en forma de despedida a Sarabia, una funcionaria a la que llenó de poder para luego despojarla, poco a poco, de influencia, decisión y confianza.


El ascenso: una secretaria obediente

El 7 de agosto del 2022, Sarabia fue la encargada de impartir la primera orden presidencial de Petro: sacar la espada de Bolívar, custodiada en la Casa de Nariño, para ubicarla en la tarima en la que prestó su juramento. Desde entonces, se convirtió en la principal ejecutora de sus deseos, sobre todo los más simbólicos.

Fue una función que cumplió con disciplina, entre los diferentes cargos que ocupó, mientras estuvo en el primer círculo de Petro. Por ejemplo, el 19 de abril del 2024, Sarabia y su equipo sacaron a contrarreloj un decreto para declarar como día cívico el 19 de abril del 2024, una fecha que coincidió con el cumpleaños del presidente y el aniversario del hito que fundó a la guerrilla del M-19.

Sus virtudes como secretaria privada eficiente estaban respaldadas por los cinco años en los que trabajó como asesora de Benedetti, quien la llevó a la campaña Petro para que manejara la agitada agenda del candidato, en la que llenó más de 100 plazas públicas.

Ese poder para organizar en campaña la agenda de Petro -un hombre solitario, indisciplinado y trasnochador-, Sarabia lo asumió dentro del gobierno, y fue el elemento esencial con el que aumentó su poder con apenas 28 años.

Su primera gran victoria la obtuvo cuando, en la primera reestructuración de Presidencia, en octubre del 2022, se quedó con la Jefatura de despacho, reteniendo el manejo de la agenda de Petro, la relación con Casa Militar para su seguridad, y la coordinación del gabinete. Fue un pulso que le ganó al exministro Mauricio Lizcano, quien pasó de ser director de Presidencia a secretario general.

Con ese poder, Sarabia adquirió un perfil más político, siendo el principal canal de comunicación para llegar a Petro, lo que le permitió recibir a diario a congresistas aliados, ministros, grandes empresarios y líderes de la oposición. En paralelo, lidiaba con la crónica indisciplina del presidente, quien en su primer año incumplió por lo menos 82 veces su agenda.

Muy pronto, esa acumulación de poder mostró su lado más oscuro. En mayo del 2023, Sarabia fue denunciada por su exempleada doméstica por supuestamente haberla sometido, en los sótanos de la Casa de Nariño, a un interrogatorio con polígrafo porque sospechaba que era la responsable del robo de un dinero en efectivo. Por el escándalo del polígrafo está imputado el coronel Carlos Feria, quien era el jefe del esquema de protección de Petro.

Por la misma época, fueron filtrados los audios entre Benedetti y Sarabia, que marcaron el inicio de uno de los conflictos más agrios del primer círculo de Petro. En los audios, Benedetti afirma que Sarabia tuvo conocimiento de la comisión de delitos en la cuestionada campaña Petro del 2022, investigada por el Consejo Nacional Electoral (CNE) y la Comisión de Acusaciones de la Cámara de Representantes.

En ese momento, Petro apartó a Benedetti y a Sarabia de sus cargos. Sin embargo, su jefa de despacho, pese al escándalo, seguía contando con el principal activo que la hizo poderosa: la confianza presidencial. “Mi funcionaria querida y admirada”, dijo Petro al despedirla en ese momento brevemente. Pronto regresaría con más poder al gobierno.


La consolidación: la superpoderosa de la Casa de Nariño

El 31 de enero del 2024, en medio de un tensa reunión en la Casa de Nariño, Sarabia tomó la palabra para pedirle a todos los ministros que presentaran su renuncia protocolaria. Por lo menos siete ministros estaban amenazados en el nuevo remezón, y las palabras de Sarabia cayeron muy mal entre los funcionarios más experimentados, como Ricardo Bonilla, o Mauricio Lizcano.

Para la época, Sarabia era directora de Prosperidad Social, la poderosa institución que maneja las políticas de pobreza. Fue el cargo que le asignó Petro, unos meses atrás, para devolverla a su primer círculo luego de los escándalos de la niñera y los audios de Benedetti.

Era la Sarabia con teflón. Y la más ambiciosa.

Como directora del DPS, Sarabia había cerrado el 2023 con una gran reunión entre Petro y los principales cacaos empresariales del país. De la mano de su mano derecha, Juan Fernández, reunió a nombres como Luis Carlos Sarmiento Ángulo, Alejandro Santodomingo, o Carlos Julio Ardila, en la Casa de Huéspedes Ilustres de Cartagena. El objetivo era buscar un “acuerdo nacional” con la élite empresarial, distante y crítica del gobierno.

Por esa gestión, Sarabia logró una estrecha relación con personas como María Lorena Gutiérrez, presidenta del Grupo Aval. Fue un vínculo que luego le costó duras críticas entre la izquierda, pero que fue fundamental para sellar acuerdos mínimos, como el “Pacto por el crédito”, y mantener un canal de comunicación en la crisis diplomática y comercial con Estados Unidos.

Desde el DPS, Sarabia también abrió diálogos con los alcaldes y gobernadores críticos del gobierno, y desde el Congreso era vista como una persona capaz de consolidar acuerdos burocráticos que impulsaran la agenda legislativa del gobierno.

Las llaves del diálogo y del poder estaban, al parecer, en sus bolsillos.

Esa percepción fue confirmada cuando, en febrero del 2024, Sarabia regresó a la Casa de Nariño como directora de Presidencia en reemplazo de Carlos Ramón González. Llegó a ese puesto con funciones recargadas, entre ellas, la de coordinar la seguridad del presidente en sus eventos públicos, una tarea que tuvo como jefa de despacho. Por ese entonces tenía una relación cercana con Verónica Alcocer, la hoy alejada primera dama, y con figuras como Roy Barreras.

Pero fue en la cima del poder cuando sus enemigos más acecharon.

En junio del 2024 estalló públicamente el enfrentamiento entre Sarabia y el ala más a la izquierda del gabinete, liderado por Augusto Rodríguez. El director de la UNP, mano derecha histórica de Petro, sostiene que la excanciller y su círculo cercano utilizaban sus posiciones públicas para hacer negocios personales.

La denuncia tomó más piso cuando uno de los funcionarios más cercanos a Sarabia, Jaime Ramírez Cobo, fue salpicado en el esquema de sobornos con la plata de la Ungrd. Ramírez y el hermano de Sarabia, Andrés, también fueron denunciados por supuestamente direccionar contratos a su favor desde instituciones como la Fiduprevisora.

En paralelo, meses después, Benedetti empezó a conversar con el presidente Petro para concretar su llegada a Colombia. Fue el inicio definitivo de su ocaso.


La caída: una mujer sola, derrotada por sus enemigos

El 28 de octubre del 2024, en Cali, Petro estaba molesto y decidió, de repente, levantarse del segundo consejo de ministros que hizo en esa ciudad durante la COP16, dejando a Sarabia sola en la mesa principal frente un grupo de altos funcionarios que interpretaron el gesto como un duro desplante. Algunos la vieron llorar.

Petro, además, decidió que Augusto Rodríguez, el enemigo declarado de Sarabia, lo acompañara todo el tiempo en el evento internacional. Desde el entorno de la excanciller lo explicaban por los altos riesgos de seguridad que enfrentaba el presidente en Cali. Los ministros sentían su debilidad.

Para finales del año pasado, Petro estaba decidido a apartar a Sarabia de su primer círculo. El presidente estaba cansado del excesivo protagonismo de su funcionaria estrella, y las denuncias por corrupción en su contra hicieron mella en su imagen. La idea inicial era ofrecerle un cargo de menor perfil, pero Sarabia, desde el inicio de la negociación de su salida, pidió ser canciller.

El 25 de noviembre del 2024, cuando Benedetti, recién nombrado asesor de Presidencia, se reunió por primera vez con Petro y Sarabia desde el escándalo de los audios filtrados, el enroque estaba definido: la entonces directora del Dapre pasaría a la Cancillería a cambio de salir del día a día del presidente.

Si bien perdía poder al alejarse del presidente, era la canciller más joven de la historia reciente, una prueba de su fuerte posición negociadora frente a Petro. Los audios de Benedetti en los que dice que ella también tiene información comprometedora de la campaña, y su vigilancia de la cuestionada vida íntima de Petro, sugerían, y así se entendía dentro del gobierno, que compartía el mismo poder de chantaje que Benedetti.

La decisión de su llegada a la Cancillería se anunció oficialmente el 20 de enero del 2024. Una semana después, sin estar posesionada en su cargo, ocurrió la crisis diplomática con Estados Unidos, desatada por unos trinos de madrugada del presidente Petro en contra del gobierno de Donald Trump por el envío de unos aviones con colombianos migrantes deportados.

Sarabia, en contra de la posición de Petro, hizo equipo con el excanciller Luis Gilberto Murillo, el embajador Daniel García Peña, y Jorge Rojas, para ceder ante la administración Trump y solucionar la crisis. Fue una decisión que siempre le echó en cara. “El presidente es el jefe de las relaciones exteriores”, le dijo en varios consejos de ministros, sugiriendo que en su ausencia había sido suplantado en la toma de decisiones.

El 3 de febrero, Sarabia reunió a los principales líderes gremiales del país para plantear los peores escenarios frente a una ruptura con Estados Unidos. En esa reunión -privada, sin fotos oficiales-, la nueva canciller habló de un presidente volátil, imprevisible, e incontrolable, que representaba uno de los principales riesgos para la relación con el principal socio político y comercial de Colombia.

La lealtad de la antigua secretaria eficaz estaba rota.

Un día después de esa reunión, el 4 de febrero, ocurrió el explosivo primer consejo de ministros televisado, en el que Sarabia fue una de las principales perdedoras. En televisión nacional, un grupo de ministros de izquierda, liderados por la vicepresidenta Francia Márquez, la señalaron de traidora, corrupta y chantajista.

Desde entonces, Sarabia optó por un perfil más bajo mientras su principal enemigo, Benedetti, ascendía como ministro del Interior y jefe de gabinete encargado. En paralelo, los desaires públicos del presidente aumentaban. El principal, desautorizar el reconocimiento que la Cancillería le hizo a Daniel Noboa como presidente electo de Ecuador, una elección que Petro sintió como una derrota personal por su abierto respaldo a la candidata de izquierda, Luisa González.

El último desaire fue desbaratar sus planes para cambiar el modelo de pasaportes, una decisión por la que Sarabia no estuvo dispuesta a inmolarse. Su verdugo fue Alfredo Saade, nuevo jefe de despacho, otro político proveniente de la campaña, con signos claros de una desbocada ambición de poder que ahora comienza a navegar la parábola del poder al lado de Gustavo Petro.

Fuente: La Silla Vacía