Heráclito
24-04-2025, 09:29:30
Vida íntima de Petro se convierte en un problema público para su gobierno
Juanita León y Daniel Pacheco
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Gustavo Petro y Álvaro Leyva durante consejo de ministros en 2023.
Ningún presidente de Colombia había convertido lo que pasaba detrás de las puertas cerradas de su vida íntima en un problema público. Eso cambió con Gustavo Petro. En una carta abierta, su excanciller, Álvaro Leyva, dice tener “conocimiento directo” del “problema de la drogadicción” que tiene Petro.
La noticia no solo generó revuelo en Colombia. Medios internacionales, como The Financial Times y The Guardian, publicaron las acusaciones. Este episodio vincula abiertamente los incumplimientos graves y constantes en la agenda de Petro, que desaparece días enteros, con un posible problema de salud mental. Y le da fuerza a los señalamientos de que funcionarios cercanos lo tienen chantajeado y por eso han ganado poder en el gobierno.
La carta de Leyva le abre un flanco vulnerable a Petro ante el Senado, la cámara más hostil hacia su gobierno, que tiene la facultad de declarar la “incapacidad física” como una causal para removerlo del cargo, según la Constitución. Y combinado con sus problemas maritales, y la extravagancia de hacerse dos cirugías estéticas durante la presidencia, animan una conversación llena de morbo y sordidez que socava la majestad de su Presidencia.
De lo privado a lo público
Leyva es la tercera persona en señalar que el presidente tiene un problema con las drogas. El primero en hacerlo fue, paradójicamente, su mano derecha hoy Armando Benedetti en una entrevista con Semana luego de los explosivos audios de una confrontación que tuvo con Laura Sarabia. Allí Benedetti sugiere que el presidente tiene problemas de consumo de cocaína (como él).
Cinco meses después, en noviembre de 2023, la periodista María Jimena Duzán en otra carta pública al presidente en la revista Cambio lo plantea más explícitamente pero a modo de pregunta: “Hay fuentes que me aseguran que las razones de sus desapariciones, las cuales se han vuelto cada vez más frecuentes y prolongadas, tendrían que ver con que usted ha querido mantener oculto un problema de adicción. Si eso es cierto, debería sincerarse, primero con usted mismo, y luego con el país que lo eligió, y contarnos lo que le sucede”.
La diferencia con lo de Leyva es que ahora el canciller lo afirma como un hecho, dice que le consta personalmente, cita a París como el lugar donde se dio cuenta. El tema pasó de un chisme a un relato concreto sobre el presidente por parte de quien hasta hace poco era aliado suyo.
Ese relato es aún sujeto de verificación. Una persona que trabajaba en el gobierno y viajó a París, le dijo a La Silla, pidiendo no ser citada por nombre, que no es cierto que Petro se hubiera perdido dos días. “Petro cumplía la agenda y en la noche sí se perdía”. En ese momento, el viaje se extendió de manera imprevista un día. Leyva dice que fue por la desaparición de Petro.
En su momento Presidencia dijo que fue por una reunión con Dassault, la empresa fabricante de aviones caza. Pero Petro apareció a desayunar y anunció a los periodistas que no asistiría. Ahora, cambiando la versión, dice que se fue a visitar museos y a su hija. Andrea Petro, quien vive en París, secundó la última versión del presidente.
Más allá de los detalles del viaje de Francia, muchos petristas han dicho que este tema hace parte de la privacidad del presidente y que no debería ni siquiera discutirse. No es un tema fácil. Por un lado, como dice el filósofo Andrés Parra, “el peligro que corremos con esto de Leyva es romper la separación entre derecho y moral, que es una ganancia del liberalismo”.
En Colombia existe un tabú frente a las drogas, que a juicio de Parra es un tema moral. Dice que es claro que si Petro es un mal presidente no es porque las consuma: “Si consume drogas no está poniendo en cuestión sus facultades mentales”.
El test que han usado las cortes —de Colombia e internacionales— para determinar hasta dónde llega la privacidad de un presidente es si aquello que hace en privado tiene un impacto sobre su cargo. Si sí lo afecta desborda la intimidad y es algo que la ciudadanía tendría derecho a saber.
La Corte Constitucional de Colombia ha dicho en dos sentencias que la privacidad de los presidentes no es absoluta y puede ser limitada cuando se trata de asuntos de interés público que afectan el ejercicio de sus funciones.
En el mismo sentido, se pronunció la Corte Interamericana cuando revocó la decisión de un juez de censurar a la revista que había revelado que el presidente argentino Carlos Menem tenía un hijo extramatrimonial.
La misma línea tuvo el Tribunal Europeo de Derechos Humanos cuando falló a favor del médico personal de Francois Mitterrand que publicó un libro con los detalles de una enfermedad que el presidente francés había ocultado hasta su muerte. En este caso, el tribunal decidió que la salud del presidente Mitterrand y la manera en que se gestionó la información sobre su enfermedad durante su mandato eran asuntos de interés público, especialmente considerando su relevancia para la transparencia en una democracia.
“El criterio fundamental es que aquello de la vida privada de un presidente es relevante si afecta su manera de trabajar”, explica el abogado Mauricio García Villegas, cofundador de Dejusticia.
En otras palabras, puede ser que una adicción en un ministro de cultura sea un tema privado, pero no lo sería en un piloto de avión. Tampoco en un presidente que tiene que tomar con frecuencia decisiones inmediatas y precipitadas, que tiene que estar todo el tiempo presente, y que además dispone del uso de la fuerza.
Y Petro ha estado ausente con mucha frecuencia. En su primer año, La Silla Vacía contabilizó 82 incumplimientos de la agenda. La mayoría se dio los viernes y fueron explicadas con la expresión “agenda privada”, que terminó acuñándose como un eufemismo de sus ausencias al que ahora Leyva aporta su explicación.
Petro dejó plantados a todos los magistrados de las altas cortes; a la cúpula militar en pleno en la ceremonia de presentación de tropas inaugural; al presidente Joe Biden para un encuentro bilateral breve en una comida con otros presidentes; a Juan Manuel Santos en una reunión para implementar el Acuerdo; a su gabinete entero en la cena de Navidad; a los habitantes de calle que lo esperaban el 24 de diciembre; a las personas de Ciénaga de Oro, su pueblo natal, para un diálogo vinculante sobre el PND; a empresarios en Davos, París, y Chile.
También ha sido errático en horas extrañas. La crisis con Trump se detonó a las 3am de un domingo, luego de que Petro borrara un trino sobre recibir a migrantes deportados con flores, para luego anunciar que no los recibiría porque venían esposados. Luego, en medio de la negociación con los gringos que lideraban Sarabia y el excanciller Luis Gilberto Murillo, desapareció y ellos terminaron claudicando a las demandas de Trump. Petro luego se lo reclamó a Sarabia: “La Cancillería se encarga del asunto…¡con el presidente!, que es el jefe de las relaciones exteriores”, le dijo en el primer consejo de ministros.
Si se cree que algunas de las conductas del presidente, como su trino a las 3 de la mañana que puso en riesgo al país frente a sanciones de Estados Unidos, puede tener que ver con un consumo problemático de drogas, ¿qué se puede hacer?
No es claro.
El presidente Petro ha negado que tenga una adicción. Cuando María Jimena sacó su carta, dijo que su única adicción era el café. Y a raíz de la carta de Leyva dijo que solo es “adicto al amor”.
La Constitución no define específicamente un camino para situaciones como esta ni existe una norma específica sobre la salud mental del presidente. Pero el artículo 194 dice que la “incapacidad física permanente” del Presidente de la República, declarada por el Senado, se considera una “falta absoluta del Presidente”.
Precisamente basándose en ese artículo, la precandidata del Centro Democrático y senadora María Fernanda Cabal pidió ayer al presidente del Senado “solicitar que el Ejecutivo exhorte al jefe de Estado a someterse a dos exámenes médicos”, uno toxicológico para “descartar o confirmar el consumo de sustancias psicoactivas” y una evaluación psiquiátrica integral para determinar su “plena capacidad cognitiva, emocional y funcional para ejercer el cargo”.
El presidente del Senado, Efraín Cepeda, decidirá si le da trámite a esa proposición de Cabal o a los debates de control político que pidan los congresistas en ese sentido. Si el Congreso no activa la evaluación médica invocando el interés público está también la posibilidad de que un ciudadano lo haga mediante una tutela por violación del derecho colectivo a un gobierno funcional.
Pero más allá de los escenarios jurídicos, el tema encaja con decisiones de Petro que ya han generado perplejidad, y socavan su autoridad.
¿Un presidente chantajeado?
Para todo el mundo, sobre todo para la izquierda y el Pacto Histórico, ha sido difícil entender por qué Petro insistió en tener en su primer círculo de Casa de Nariño a Laura Sarabia y luego a Armando Benedetti. Primero en voz baja, y ahora abiertamente, la teoría del chantaje a Petro, de que tienen información de su vida personal muy dañina, cobra cada vez más fuerza.
Leyva lo pone de frente en su carta: “Presidente desvincule a quienes se han aprovechado de usted, a quienes se han aprovechado de su complejísima situación (…) El presidente de Ecopetrol, Benedetti, la señora Sarabia: dícese que ellos lo tienen secuestrado”.
Pero no son los primeros. Francia Márquez se lo dijo en el primer consejo de ministros televisado, en el que la presencia de Benedetti como jefe de gabinete fue el centro de la discusión. En ese caso lo dijo con un tono más matizado: “Ojalá yo esté equivocada, y es que no esté llegando gente aquí usando chantajes, chantajes para contribuir a socavar un sueño”.
En el grupo de funcionarios con un teflón a prueba de despidos está hoy un ministro del Interior y jefe de gabinete— una doble función sin precedentes— que viene de pasar por un proceso de rehabilitación contra las drogas, luego de amenazar con un cuchillo a su esposa, y que está investigado por corrupción en la Corte Suprema. Una canciller de 30 años que nunca había tenido experiencia en política exterior, que está investigada penalmente por hacerle un polígrafo a la fuerza a su niñera, y que salió de Casa de Nariño tras perder la confianza de Petro. Y a Ricardo Roa, el exgerente de la campaña presidencial imputada por financiación irregular, y quien con su pareja ha sido señalado de múltiples irregularidades, en la presidencia de Ecopetrol.
Leyva dice que se trata de un “secuestro” en el que el presidente Petro no dispone de la libertad para nombrar a sus funcionarios más importantes. Y mirando hacia afuera, como lo hace Leyva en su carta al sugerir que la desaparición en París fue conocida por la inteligencia francesa, pone a Petro, y a Colombia, en una posición de vulnerabilidad frente al chantaje de otros países.
Fuente: La Silla Vacía
Tontoniel
24-04-2025, 13:00:50
Las personas decentes y sanas no pueden pertenecer a este gobierno