Heráclito
13-04-2025, 09:03:04
Disonancia cognitiva
Luis Guillermo Vélez Cabrera
abril 5, 2025 11:55 am
https://i0.wp.com/www.lasillavacia.com/wp-content/uploads/2024/03/LuisGuillermoVelezCabrera.jpg?w=1200&ssl=1
Luis Guillermo Vélez, columnista de la Silla Vacía
A la medianoche del 20 de diciembre de 1954 deberían haber llegado los ovnis a extraer a los miembros de la Hermandad de los Siete Rayos para salvarlos del inminente diluvio que acabaría con el mundo. Llevaban desde la tarde anterior reunidos en la casa de Dorothy Martin en los suburbios de Chicago esperando el suceso. Muchos se habían despedido de sus familias, habiendo algunos renunciado a sus trabajos y dispuesto de sus bienes materiales. La Hermana Thedra, como se hacía conocer Martin, les había asegurado que tenía contacto telepático directo con extraterrestres del planeta Clarion y que ellos le habían confirmado que antes de la destrucción planetaria extraerían a los fieles con sus platillos voladores para lograr su salvación.
Vencido el plazo el mundo no se había destruido y los alienígenas no habían llegado. Los miembros de la secta estaban desconcertados y la Hermana Thedra hacía lo posible por calmarlos. Unos se fueron para sus casas decepcionados, pero otros persistieron en el empeño. Quizás, dijo la Hermana Thedra, se había equivocado de fecha y el momento de la abducción sería el 24 de diciembre, cuatro días después. Una nueva sesión fue programada y nuevamente llegó y pasó la hora esperada sin que los extraterrestres se manifestaran.
Esta vez la decepción fue peor. Otros pocos desertaron definitivamente, pero los que quedaron, en vez de renunciar a su fe, la reforzaron racionalizando lo ocurrido. La explicación por la cual los alienígenas de Clarion habían dispensado a la tierra de la hecatombe era, precisamente, por la férrea convicción manifestada por los miembros de la hermandad. La Hermana Thedra concurrió con la opinión: el planeta Clarion había sido condescendiente con la humanidad debido a la devoción de sus seguidores. Con la fe reforzada los miembros remanentes continuaron reclutando nuevos partícipes y predicando sobre el fin de los días. La señora Martin, por su parte, pronto se vio involucrada en asuntos penales y tuvo que abandonar el país, yéndose a vivir a las selvas del Perú.
Sabemos de este incidente porque el profesor de psicología de la Universidad de Michigan, Leon Festinger, y un par de sus colegas se infiltraron en la secta y fueron testigos de lo ocurrido. Con base en la experiencia publicaron un libro que titularon Cuando falla la profecía que sería la base para desarrollar la teoría de la disonancia cognitiva.
Esta sostiene que los individuos buscan consistencia psicológica entre sus creencias y los comportamientos que realizan. Cuando se da una disarmonía interna entre los dos el equilibrio emocional se restaura cuando uno de los componentes cede ante el otro.
Usualmente es el segundo, como cuando el fumador deja de fumar porque desea tener buena salud, pero en algunas ocasiones lo que se modifica es el primero a través de un proceso de racionalización del comportamiento para ajustarlo a las creencias, que es lo que ocurre cuando ese mismo fumador explica que continuará fumando porque la abuelita de un amigo fumó hasta los noventa años y nunca le pasó nada.
La transmisión en vivo del consejo de ministros del presidente Petro, en este caso nuestra Hermana Thedra, ofrece una fascinante ventana para estudiar el fenómeno. Festinger hubiera estado feliz: a la secta petrista tampoco le llegaron los ovnis y el proceso de racionalización para armonizar la disonancia entre las convicciones y la realidad es verdaderamente iluminante.
No podía esperarse nada diferente de una camarilla que por allá en los años setenta se presentaba a sí misma como un movimiento de “democracia armada”, una contradicción terminológica tan obvia que solo un samario parrandero con inclinaciones violentas la pudo acuñar.
Hoy en día las cosas son más serias porque la realidad que los petristas quieren evadir pone en juego la vida de millones de personas.
En ningún sector es esto tan evidente como en el de la salud donde las recetas estatistas implementadas con convicción digna de la Hermandad de los Siete Rayos han transformado un sistema perfectible en un desastre humanitario. Las colas en los dispensarios de medicinas, el cierre de unidades médicas, la quiebra de hospitales y el empeoramiento generalizado de los servicios sanitarios causada por la desfinanciación intencional del sistema, para el gobierno no es una prueba de que algo está fallando sino de todo lo contrario: que tenían razón.
La disonancia cognitiva quedó clara cuando en el consejo de ministros el superintendente de salud presentó una diapositiva mostrando que del 100% de población cubierta por el sistema el 62% estaba en manos de EPS oficializadas y el presidente reaccionó, no aceptando que la mala atención de 6 de cada 10 colombianos era su directa responsabilidad, sino alegando que habían engañado al país cuando decían que la cobertura poblacional del sistema –uno de sus principales logros– era casi total. Cualquiera comete un error, es cierto, pero lo que confirma la disarmonía mental es que nadie corrigió al presidente, ni siquiera el ministro de salud, y, no solo eso, después la máquina propagandística del gobierno ¡salió a publicitar la intervención!
Cuando la persona se ha comprometido con la creencia, decía Festinger, por ejemplo, realizando con base en ella alguna acción importante difícil de deshacer, mayor será el compromiso del individuo con la creencia. O sea, entre más grande la embarrada más difícil echarse para atrás.
Por eso los casos de disonancia seguirán más agudos y frecuentes. En salud hay otro reciente: atribuir a Vargas Lleras la propiedad de la Nueva EPS, que es en la actualidad el epicentro de la crisis y está intervenida por el gobierno desde hace dos años, cuando todos saben (menos los de la secta, que saben, pero no creen) que la empresa es de propiedad del mismo gobierno en un 49% y de las cajas de compensación, que manejan el subsidio de las familias trabajadoras, en el otro 51%.
Y qué decir de la andanada contra la junta del Banco de la República –cuya mayoría ha sido nombrada por el mismo Petro– por no bajar las tasas. La explicación de la decisión no es la persistencia de la inflación sino el deseo de limitar el crecimiento económico para favorecer una futura candidatura presidencia. La prueba del hecho (la “prueba reina del golpe blando”, dijo Bolívar), presentada por el primer mandatario y divulgada exponencialmente por el universo bodeguero, es una tabla donde muestra el rezago en los últimos tres años entre la disminución de la inflación y la persistencia de tasas altas, cuando un análisis de dos décadas demuestra que esto es, en efecto, lo que suele ocurrir para evitar rebrotes inflacionarios.
La ruptura con la realidad genera confort emocional cuando las creencias no se quieren modificar. “Insistir, persistir y resistir” es el mantra de los actuantes funcionarios gubernamentales, inmunes a la verdad, quienes continuarán y seguramente perpetuarán la profecía fallida más allá de cualquier racionalidad posible. Los que seguimos en el planeta tierra, sin embargo, acabaremos pagando las consecuencias.
Fuente: La Silla Vacía