Heráclito
06-12-2024, 05:55:00
Tanto sus novelas como sus artículos de opinión son un bálsamo en este mundo de verdades a medias y mentiras descaradas. Es, quizás, una de las pocas voces lúcidas que permanece en este mundo caótico, en esta revoltura de ideologías, estupideces, odios y soberbias que nos revuelca cada día.
Enmerdar
Hay figurones dedicados en cuerpo y alma a enmerdarlo todo. Se sienten reescribiendo la historia, pero la están parodiando.
Ricardo Silva Romero
Se trata de bajarle el volumen al mundo. De vivir en estado de alerta y enterarse de las noticias del día, por supuesto, pero impedir que la pobre cabeza, que es un vaivén, termine inundada de tanto acabose: sí, se denuncia la corrupción en las EPS intervenidas por el gobierno, la Corte Suprema ratifica las condenas por las chuzadas del DAS, RTVC se empeña en desacreditar a una testigo contra un ministro, Mancuso vuelve a armar su propio esquema de seguridad, el presidente se pierde en su flujo de conciencia –su ChatGPU– como si la cordura fuera burguesa, y ese reguero de escándalos en orden alfabético, Benedetti, Bonilla, López, Lorduy, Name, Ortiz, Pinilla, Roa, revuelve el estómago, pero la idea es mantener cierto equilibrio, ¿no? "Enmerdar" es la palabra del año, según Macquarie, porque ya es una costumbre. Pero no hay que dejarse enmerdar.
Hace dos años el canadiense Cory Doctorow llamó "enshittification", o sea "enmierdamiento", a la decadencia insolente de las plataformas digitales, y de las redes sociales, pero a estas alturas la palabra está sirviéndonos para describir la maña de dejar caer, de arruinar, de corromper con sevicia tantas conquistas del siglo pasado: desde la Carta de las Naciones Unidas hasta la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hay figurones con vocación de lugar común dedicados en cuerpo y alma a enmerdarlo todo: la política, la justicia, la salud, la educación, la seguridad, la institucionalidad, la democracia, la solidaridad. Se creen los pioneros de la degradación. Se sienten reescribiendo la historia, pero la están parodiando. Y está en nuestras manos, menos mal, negarles la autoridad sobre nuestro sistema nervioso.
"Baste releer la conjugación en el Diccionario de la Academia, "yo enmierdo, tú enmierdas, él enmierda, nosotros enmerdamos, vosotros enmerdáis…", para resistirse a ser parte de ese plural".
En el principio de la semana, en medio de las charlas de celebración de los diez años de El Locutorio, el gimnasio de la comunicación, una espectadora lúcida se preguntó en voz alta si no estaremos dejándonos anestesiar por el pesimismo, si no estaremos dejándonos definir –diagnosticar, explotar, estigmatizar, enmerdar– por un mundo que no tiene tiempo para conocernos. Y hay días que sí. Hay semanas en las que nos rendimos. De golpe estamos de acuerdo, por ejemplo, en que los colombianos somos esa caterva de saqueadores del erario que viven indignados por el saqueo del erario. De pronto nos varamos en los soliloquios del jefe del Estado, que empiezan aguas abajo, porque nos parece entenderle que la interjección "ajá" es árabe o que es injusto criticarle a su gobierno tan original la misma corrupción de siempre.
Pero hay buenos momentos, e incluso buenas noticias, que nos despiertan de esa lógica fatalista –de insomnio a las 3:33 a. m.– que aconseja derrotarse antes que venga la derrota. El Sistema General de Participaciones aún puede salir bien. El presidente también es capaz, en sus enumeraciones caóticas, de recordarle a Maduro que su pueblo no lo quiere o de repetirle a Ortega que terminó siendo otro tirano. La BBC puede meter a la bióloga colombiana Brigitte Baptiste –que con humor, desde su mirada transgénero, ha invitado a la Colombia que adora a dejar atrás los estereotipos– en su lista de las cien mujeres más influyentes del mundo. El máximo goleador del país está recordándonos, en el equipo correcto, que tenemos en común cierto coraje que solo se da en esta tierra. Y el Día de las Velitas, o sea mañana, sigue llegando como si fuera nuestra tregua.
Baste releer la conjugación en el Diccionario de la Academia, "yo enmierdo, tú enmierdas, él enmierda, nosotros enmerdamos, vosotros enmerdáis…", para resistirse a ser parte de ese plural: para dejar de ser un agente más de la decadencia y defender cierta paz –cierta "esperancia", decía nuestra hija– que es un derecho del siglo pasado.
Fuente: El Tiempo