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Ayudante De Santa
06-11-2015, 22:19:08
Los mejores licores
Heráclito
22-09-2024, 07:51:04
Minúsculas bombas en dispositivos electrónicos. Con este brillante, pero perverso método de sembrar el terror en las filas enemigas, Israel está construyendo un inmenso hueco donde irá a caer todo lo que había construido durante décadas: su legitimidad como Estado, su estabilidad política, económica, social, la solidaridad del mundo, el derecho a existir como nación.

Su feroz venganza no ha hecho otra cosa que fortalecer a todos los grupos terroristas que abogan por su destrucción. Ahora, ellos enarbolarán la bandera de la libertad y sus hechos violentos se prolongarán por muchos años fundados en la una legítima defensa igual de perversa que la israelí.

Con este genocidio que muestra la impotencia de los organismos internacionales, sumado a otras feroces guerras como la de Ucrania o Yemen, el mundo regresa -si es que alguna vez se alejó- a sus épocas más oscuras.

Una bomba de tiempo en el bolsillo

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Un bíper suena en la mesa de una cocina en Beirut. Fatima Abdullah, una niña de nueve años, sabe que eso indica que ha llegado un mensaje; coge el buscapersonas y corre a llevárselo a su padre. Estalla entre sus manos y la mata. Al otro día una procesión de niñas de cuarto de primaria la acompaña al entierro. A la misma hora en que Fatima muere, miles de bípers suenan por todo el Líbano. Lo más normal es acercarse el apara_to a la cara para leer el mensaje que los sonidos anuncian: el bíper estalla, y vuelan los dedos y los ojos de cientos de personas. Los hospitales de Beirut no dan abasto, no hay oftalmólogos suficientes, la sangre de las transfusiones se agota y la gente hace fila para donar.

¿Todos los muertos y heridos eran terroristas de Hezbollah? No. De hecho, estallan también bípers y walkie-talkies en tiendas donde se venden artículos electrónicos. Al menos estos, todavía sin vender, no estaban en las manos de nadie, pero cualquier persona podría haberlos comprado. Hay víctimas cuya única culpa era estar cerca de alguien a quien le ha explotado el buscapersonas o el radio en la cintura. Los muertos son casi cuarenta, los heridos y mutilados, cientos. Parece un ataque quirúrgico contra blancos precisos, pero no es así y muchos civiles inocentes (ser hijo de terrorista no es ninguna culpa) caen en la misma trampa.

Muchos expertos en derecho internacional y en leyes de la guerra no creen que este tipo de ataque simultáneo sea legítimo, pues al instalar explosivos en apara_tos que aparentemente son inofensivos, se pone en riesgo a muchos civiles alrededor. Esto debe saberlo el mismo país que según todo el mundo tuvo la astucia de hacer una operación tan asombrosa como ingeniosa y malévola. Israel no ha reconocido ser el autor de este acto, sí, de gran habilidad tecnológica, pero también de inmenso dolor indiscriminado. ¿Cuánto odio se está incubando en todos los familiares y amigos de las víctimas? ¿Estos triunfos rotundos de Israel no van a generar también actos malvados de suma inteligencia para vengarse? Esta semana detuvieron a un ciudadano israelí en conversaciones con Irán para matar a Netanyahu. No creo que le importe: “¡Muera Sansón con todos los filisteos!”. Con tal de eliminar a los enemigos de Israel, no importa inmolarse también.

Desde el principio de la historia los seres humanos han usado su ingenio para matar a quienes consideran sus enemigos. No se sabe cómo mató Caín a Abel, tal vez con una piedra; Aquiles mató a Héctor clavándole una lanza en el cuello; Sansón mató a los filisteos con una quijada de burro y derribando las columnas de un templo pagano sobre ellos; los japoneses destruyeron en Okinawa barcos de guerra americanos con aviones y pilotos kamikazes que se inmolaban al lanzarse contra estos; adolescentes palestinos hacen que sus mochilas exploten en una plaza de Jerusalén y matan a decenas de personas; Putin hace estallar en el aire los aviones civiles de sus enemigos. El ingenio del mal no parece tener límites. Israel ya había matado a un líder de Hamás haciendo explotar su teléfono celular. Lo nuevo de este ataque es que estallan al mismo tiempo miles de apara_tos que quienes los usan consideran seguros, inofensivos.

Lo que heredamos ahora todos nosotros es más miedo y más paranoia. Usted y yo podríamos llevar una granada sobre el corazón, en el bolsillo de la camisa o una granada al lado de los genitales, en el bolsillo de los pantalones. Ya en Estados Unidos se prohíbe a los funcionarios usar celulares Huawei fabricados en China por temor a que los rastreen, espíen o les extraigan información. Ahora los temores solo han aumentado. ¿Qué tal que estos inocentes objetos que usamos todos los días y a toda hora traigan de fábrica un dispositivo que, obedeciendo a un mensaje único, nos los hace estallar en la oreja?

No digo que esto sea así. Digo que podría ser, y es un espanto. ¿Quién quisiera vivir con una bomba de tiempo en el bolsillo?

Fuente: El Espectador