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Ver la Versión Completa Con Imagenes : (Copa América 2024) Colombia elimina a Uruguay en un partido épico (1-0)


Ayudante De Santa
06-11-2015, 22:19:08
Los mejores licores
Heráclito
11-07-2024, 10:32:48
Colombia elimina a Uruguay en un partido épico

por Heráclito

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—¿Marcador para el partido?
—Difícil —respondió mi amigo—. Con Uruguay nunca se sabe.

Le dije que era cierto, pero que en estos momentos Colombia estaba en estado de gracia, que sus jugadores eran un equipo equilibrado, solidario, que los de arriba habían aprendido a ser la primera barrera de defensa y los de atrás a ser la primera línea de ataque, todos juntos, apoyándose, creyéndose no con vanidad sino con verdadero convencimiento que son buenos y que cada partido es una batalla por ganar.

—Lo sé, pero Uruguay está acostumbrado a ganar, tiene la garra de pelear hasta el último segundo y por eso casi siempre ganan, así que yo le apuesto a un empate y definición por penales.

No di mi brazo a torcer y le seguí argumentando hablándole de nuestro mágico capitán que donde pone el ojo pone la bola, del infernal Luchito que desequilibra con sus regates, de la media distancia de Ríos, de John Córdoba, la mole que está en todas partes fabricando sus goles, de Lerma, el volante que parece un demonio porque los padecimientos de sus rivales pasan por sus piernas, de John Arias el pegamento de la estructura, el que recibe de atrás, conserva el balón, lo distribuye, lo consiente para que más adelante lleguen los goles, de Daniel Muñoz, el guerrero que se defiende como un león en su zona, se come las distancias, camaleón que asiste, anota, desarma, de Mojica que igual la pelea como si fuera el último día de su vida, de Davinson que resucitó en el Galatasaray y ahora, en la selección, se convirtió en el que apaga los incendios, pausa, obstruye y nos brinda la tranquilidad de que por ahí los rivales no tienen por dónde, acompañado de Cuesta que le hace la segunda, como el muro que necesita todo equipo y atrás, el inmenso Camilo Vargas que supo esperar su momento y ahora es el que brinda la seguridad que siempre nos brindó David Ospina.

Y así seguimos hablando de Darwin Núñez, jugadorazo temible de la Celeste que tiene cerrada la portería, dos goles pese a los 20 disparos al arco, de su compañero, el temible Valverde, que podía amargarnos la vida, en fin, así se pasaron las horas previas a un partido que nos tenía con los músculos agarrotados porque sabíamos que estos tipos, los del país chiquito, son grandes, muy grandes, por su calidad y su entrega por lo que confiarse no es sano. Fíjate, me dijo, lo que nos pasó en Barranquilla, íbamos ganando y en el último minuto nos empataron. Qué podía decir, que nos íbamos a enfrentar con un grande y que había confianza, sí, pero con ropaje de realidad.

Lo cierto fue que empezó el partido y observamos algo extraño, el pelotazo. Ya no salíamos, como siempre, con la pelota dominada. Arriba la recibían, Lucho, Córdoba, el mismo James. Y así, una y otra vez, mientras la celeste recuperaba, armaba ataques y llegaba a los predios de Vargas. No había contundencia, pero los nervios afloraban cuando cogían el balón. Por fortuna, los nuestros se defendían, pero no con la contundencia exhibida ante Brasil. Núñez casi que nos amarga la vida porque con su habilidad puso a sufrir a Cuesta y a Davinson, se les coló tres veces como lagartija en oferta y, por fortuna, todo quedó en freno de la respiración y suspiro de alivio. El bueno de Darwin esta vez tenía cerrada la portería.

James, algo perdido por la marca. Betancur, cumplidor de la misión que le encomendara Bielsa, lo bloqueaba. Igual con Luchito, cercado por dos o tres, a la manera de defensa escalonada. Pero James es James y aunque una asistencia a John Córdoba no la pudo convertir en gol, un tiro de esquina le puso el balón a Lerma que en tremendo salto superó a Giménez y anotó un gol que a toda Colombia le supo a gloria.

¿Por qué tenemos esa manía de apostarle al sufrimiento? Cuando mejor nos iba, con el partido controlado, Muñoz se dejó provocar de Manuel Ugarte que lo asediaba con pellizco incluido, y con el genio volado le dio un codazo descalificador. Ya había recibido la amarilla por lo que al juez solo le bastó mostrarle la segunda para sacarlo del partido. Estaba por finalizar el primer tiempo y todo cambió para Colombia. Tenía por delante 45 minutos con un hombre menos para enfrentar al hambriento Uruguay.

Segundo tiempo, regreso de Santiago Arias a la banda derecha, salida de John Ríos y a aguantar. Bielsa sabía que las tenía todas consigo y lanzó a sus hombres al ataque. Oleadas, asedio, cambios de frente, uno tras otro, los ataques se daban mientras Lucho, arriba, solo, se batía como un león, atrayendo marcas, sembrando la desazón, impidiendo que Uruguay las tuviera todas consigo porque siempre había dos uruguayos cercándolo.

Pasaron los minutos que parecieron horas, apretando los dientes, mi amigo se mesaba los cabellos, se levantaba, lanzaba imprecaciones, se cogía la cabeza, igual yo, parecíamos almas en pena, frente a ese televisor que nos mostraba a un equipo aguerrido soportando todas las desgracias hasta que Ríos, uno de los leones sufrió una falta. Como el árbitro no le creyó y siguió el partido mientras nuestro hombre en el piso se retorcía de dolor, James le increpó, caliente, y se ganó la amarilla. El universo parecía conspirar contra Colombia, pero a veces nos olvidamos que Lorenzo es el estratega y decidió sacar a James para evitar que una segunda amarilla nos dejara con nueve. Ríos no aguantó y también abandonó la cancha. Entraron Mateus Uribe y Castaño. Luego se retirarían Lucho Díaz, agotado, por Sinisterra y John Córdoba por Mina. Había que cerrar el partido, sin renunciar a alguna oportunidad de anotar.

Así pasaron los últimos minutos cuando feroces contragolpes pusieron a Sinisterra a guapearla y con Uribe estuvieron a punto de anotar el segundo, pero éste mandó el primer disparo desviado y, minutos después, el segundo pegó en el palo. Uruguay siguió luchándola y el eterno Luis Suárez, que había ingresado en el segundo tiempo, estuvo a punto de conseguir el empate, pero era la noche de los palos y el de Colombia le negó el gol.

Noventa minutos de juego rudo, momentos brillantes, errores, osadía, entrega, suerte, un buen partido en el que ambos equipos se merecen los aplausos. Pasó a la final, Colombia, y la racha invicta ya suma 28 partidos. Uno más que la legendaria selección de Maturana. Honores a estos valientes y a su técnico. Hoy celebramos, mañana será otro día.