El Steve Master
23-10-2012, 23:36:42
¿Qué hay después de la muerte?
¿Qué hay después de la muerte? (me froto las manos de la emoción por saberlo)... He enviado a cientos de mensajeros, a quienes antes de poner una bala en sus frentes, les hacía prometerme que vendrían a contarme toda su experiencia... han pasado varios años y ninguno ha regresado ni enviado una carta... ya me cansé de asesinar hombres, además, sospecho que esos fantasmas no han cumplido con aquella promesa por venganza a lo que les hice, pues no está de más decir que ellos no querían morir. ¡Pero si la venganza es de los hombres, no de los espíritus!
En fin... después de un monótono día de trabajo de oficina, llego a mi lecho aburrido, enciendo la televisión y veo con envidia cómo los presentadores de un noticiero anuncian la muerte de miles de personas, por atentados terroristas, violencia intrafamiliar, robos, inundaciones, terremotos, ¡qué sé yo! Quisiera haber estado ahí para pedirles a cada uno de ellos que, ¡por favor!, me den alguna pistica de qué hay después de la muerte... ¡Lástima!
Me limpio la boca con una servilleta; mi madrecita linda llega a mí con un plato de comida. Mientras disfruto de su sazón, le pido a ella que, cuando muera, venga su espíritu hacia mí de algún modo a avisarme qué hay después de la muerte; ella me llama "hereje", y yo no me atrevo a asesinarla, porque sé que por venganza no regresará a darme aviso.
Antes de irme a dormir, dormir es morir por un rato, acaricio la piel de mi fiel Cerbero, él mueve su cola, salta y saca la lengua en señal de afecto... ¡Podría matarlo!, pero de dos cosas no estoy seguro: una, de que los perros tengan eso que llaman "alma" y, dos, de que si regresase hacia mí a contarme cómo es la muerte, pueda entenderle... creo que no.
Dicen por ahí que "si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo". Y, de verdad, deseo dormir; de hecho eso iba a hacer antes de pensar en la posibilidad de matar a mi madre o a mi perro. Tomó el arma que a tantos había quitado la vida sin derecho a defensa, después de quitarme las gafas, presiono el cañón sobre mi sien; bajo el martillo hasta escuchar esa dulce onomatopeya que produce su traqueo, el cual es como el penúltimo ruido que escucha un condenado; halo el gatillo tres veces sin recibir una respuesta, reviso el tambor y veo que está vacío... no hay más balas y está muy tarde para comprar... pero soy un hombre paciente, puedo esperarme hasta mañana.
¿Qué hay después de la muerte? (me froto las manos de la emoción por saberlo)... He enviado a cientos de mensajeros, a quienes antes de poner una bala en sus frentes, les hacía prometerme que vendrían a contarme toda su experiencia... han pasado varios años y ninguno ha regresado ni enviado una carta... ya me cansé de asesinar hombres, además, sospecho que esos fantasmas no han cumplido con aquella promesa por venganza a lo que les hice, pues no está de más decir que ellos no querían morir. ¡Pero si la venganza es de los hombres, no de los espíritus!
En fin... después de un monótono día de trabajo de oficina, llego a mi lecho aburrido, enciendo la televisión y veo con envidia cómo los presentadores de un noticiero anuncian la muerte de miles de personas, por atentados terroristas, violencia intrafamiliar, robos, inundaciones, terremotos, ¡qué sé yo! Quisiera haber estado ahí para pedirles a cada uno de ellos que, ¡por favor!, me den alguna pistica de qué hay después de la muerte... ¡Lástima!
Me limpio la boca con una servilleta; mi madrecita linda llega a mí con un plato de comida. Mientras disfruto de su sazón, le pido a ella que, cuando muera, venga su espíritu hacia mí de algún modo a avisarme qué hay después de la muerte; ella me llama "hereje", y yo no me atrevo a asesinarla, porque sé que por venganza no regresará a darme aviso.
Antes de irme a dormir, dormir es morir por un rato, acaricio la piel de mi fiel Cerbero, él mueve su cola, salta y saca la lengua en señal de afecto... ¡Podría matarlo!, pero de dos cosas no estoy seguro: una, de que los perros tengan eso que llaman "alma" y, dos, de que si regresase hacia mí a contarme cómo es la muerte, pueda entenderle... creo que no.
Dicen por ahí que "si quieres que algo se haga bien, hazlo tú mismo". Y, de verdad, deseo dormir; de hecho eso iba a hacer antes de pensar en la posibilidad de matar a mi madre o a mi perro. Tomó el arma que a tantos había quitado la vida sin derecho a defensa, después de quitarme las gafas, presiono el cañón sobre mi sien; bajo el martillo hasta escuchar esa dulce onomatopeya que produce su traqueo, el cual es como el penúltimo ruido que escucha un condenado; halo el gatillo tres veces sin recibir una respuesta, reviso el tambor y veo que está vacío... no hay más balas y está muy tarde para comprar... pero soy un hombre paciente, puedo esperarme hasta mañana.