Heráclito
02-08-2011, 10:02:00
Después de su debut exitoso ante España, el contrincante más fuerte de su grupo, se espera que Colombia arrolle a Malí, el más débil, que en su primera presentación cayó ante Corea del Sur por 2-0, pero cada partido es una historia diferente.
Es cierto, Colombia ha conformado un equipo que viene de ganar un torneo importante, el de Esperanzas de Toulon, en una final apretada ante la misma Francia, ganándole por desempate de tiros desde el punto penalti, y también que éste no es el mismo equipo que tuvo una desteñida actuación en el Suramericano juvenil pasado.
También lo es que los arietes que deslumbraron contra Francia, Muriel y Cardona, son viejos conocidos que jugaron juntos en su natal Barranquilla, en la escuela Toto Rubio y coincidieron luego en el Deportivo Cali, amistad fuera y dentro de la cancha que los lleva a jugar partidos memorables como el de su debut en esta Copa Mundial.
Pero también lo es que James Rodríguez, el motor del seleccionado, el que pone las ideas, los pases precisos, la autoridad de su juego, se encuentra en riesgo de quedarse en la banco si no se recupera a tiempo de su lesión en la mano izquierda. Una baja lamentable que puede desordenar el equipo.
No es el único pero. Rivales pequeños no existen. Que lo diga Ecuador que con el triunfo en sus manos, lo empató Australia con una jugada brillante, pero aislada que no fue fruto de su actuación en el partido. Malí, es cierto, no pasa por un buen momento, reflejado desde las eliminatorias para este mundial, pero tampoco es un aparecido.
Es su haber se encuentra su destacada actuación en el mundial de 1999 donde fue semifinalista a expensas de Nigeria, perdiendo con España que al final fue el campeón del torneo, con Seydou Keita, que hoy es una estrella del seleccionado de mayores, elegido como el jugador más destacado.
El Malí de hoy, sin embargo, no es tan destacado. Aunque fue el primero de los africanos en conseguir su boleto para este mundial, al final del torneo juvenil de su región aflojó hasta el punto de quedar en cuarto lugar.
Sus debilidades se encuentran en la falta de conocimiento entre sus jugadores, la mayoría de los cuales juegan en el exterior, especialmente en Francia. Aunque también puede ser una fortaleza. Kalifa Coulibaly, Adama Toure y Kalifa Traore juegan en el Paris Saint Germain, mientras Ibrahima Diallo lo hace en el Auxerre, y Fanta Mady Diarra en el Rennes.
También juega en su contra el físico. A diferencia de Nigeria, cuya fortaleza en este sentido es inmejorable, los jugadores de Mali presentan deficiencias, por lo que se espera que, además, la altura de Bogotá juegue en su contra.
Por último, hay que tener en cuenta la fortaleza mental de los colombianos, que juegan inmejorable contra los grandes y se enredan con los pequeños. Igual se tiene el triunfalismo, que se agranda en estas selecciones juveniles, aún sin la madurez suficiente. Lara los conoce y los aterriza, pero son ellos los que juegan en la cancha.
Esperemos que la humildad siga siendo la norma, que cada partido lo jueguen con la misma intensidad y calidad sin importar el rival, que los principios de desunión que afloraron en los días previos sean cosa del pasado, que crean de verdad que cada juego es una historia diferente y, que la calidad no sólo hay que tenerla sino demostrarla en los mejores y los peores momentos.
Esperemos que hoy, se siga sumando no solo en puntos y goles, sino también en madurez, para enfrentar los próximos retos, como Corea del Sur, un rival muy complicado.
Es cierto, Colombia ha conformado un equipo que viene de ganar un torneo importante, el de Esperanzas de Toulon, en una final apretada ante la misma Francia, ganándole por desempate de tiros desde el punto penalti, y también que éste no es el mismo equipo que tuvo una desteñida actuación en el Suramericano juvenil pasado.
También lo es que los arietes que deslumbraron contra Francia, Muriel y Cardona, son viejos conocidos que jugaron juntos en su natal Barranquilla, en la escuela Toto Rubio y coincidieron luego en el Deportivo Cali, amistad fuera y dentro de la cancha que los lleva a jugar partidos memorables como el de su debut en esta Copa Mundial.
Pero también lo es que James Rodríguez, el motor del seleccionado, el que pone las ideas, los pases precisos, la autoridad de su juego, se encuentra en riesgo de quedarse en la banco si no se recupera a tiempo de su lesión en la mano izquierda. Una baja lamentable que puede desordenar el equipo.
No es el único pero. Rivales pequeños no existen. Que lo diga Ecuador que con el triunfo en sus manos, lo empató Australia con una jugada brillante, pero aislada que no fue fruto de su actuación en el partido. Malí, es cierto, no pasa por un buen momento, reflejado desde las eliminatorias para este mundial, pero tampoco es un aparecido.
Es su haber se encuentra su destacada actuación en el mundial de 1999 donde fue semifinalista a expensas de Nigeria, perdiendo con España que al final fue el campeón del torneo, con Seydou Keita, que hoy es una estrella del seleccionado de mayores, elegido como el jugador más destacado.
El Malí de hoy, sin embargo, no es tan destacado. Aunque fue el primero de los africanos en conseguir su boleto para este mundial, al final del torneo juvenil de su región aflojó hasta el punto de quedar en cuarto lugar.
Sus debilidades se encuentran en la falta de conocimiento entre sus jugadores, la mayoría de los cuales juegan en el exterior, especialmente en Francia. Aunque también puede ser una fortaleza. Kalifa Coulibaly, Adama Toure y Kalifa Traore juegan en el Paris Saint Germain, mientras Ibrahima Diallo lo hace en el Auxerre, y Fanta Mady Diarra en el Rennes.
También juega en su contra el físico. A diferencia de Nigeria, cuya fortaleza en este sentido es inmejorable, los jugadores de Mali presentan deficiencias, por lo que se espera que, además, la altura de Bogotá juegue en su contra.
Por último, hay que tener en cuenta la fortaleza mental de los colombianos, que juegan inmejorable contra los grandes y se enredan con los pequeños. Igual se tiene el triunfalismo, que se agranda en estas selecciones juveniles, aún sin la madurez suficiente. Lara los conoce y los aterriza, pero son ellos los que juegan en la cancha.
Esperemos que la humildad siga siendo la norma, que cada partido lo jueguen con la misma intensidad y calidad sin importar el rival, que los principios de desunión que afloraron en los días previos sean cosa del pasado, que crean de verdad que cada juego es una historia diferente y, que la calidad no sólo hay que tenerla sino demostrarla en los mejores y los peores momentos.
Esperemos que hoy, se siga sumando no solo en puntos y goles, sino también en madurez, para enfrentar los próximos retos, como Corea del Sur, un rival muy complicado.