esclavizada por el chantaje
Parte 2
Allí estaba yo. Completamente desnuda ante un hombre desconocido y que tenía edad suficiente para ser mi padre. Todo lo que tenía que hacer era llorar y llorar mucho. Poco a poco comprendí que nunca estaría satisfecho y el grado de la demanda iba en aumento cada momento, tanto que la vergüenza que yo sentí en ese momento no era nada. Ni siquiera cerca de lo que iba a hacer conmigo en los próximos días. Yo ya no podía mirarlo, mi vergüenza era inmensa, y lo único que podía ver era su entrepierna creciendo..con volumen aterrador. Él descruzó las piernas para tratar de acomodarse mejor y luego dijo en voz baja mientras tomaba otro sorbo de whisky:
- Es hora de que aprendas a como comparecer ante su Señor. Exijo que a partir de ahora, cada vez que estés delante de mí, agachá bien la cabeza mirandote los pies, mantené las piernas bien separadas y si estoy de frente, debés cruzar las manos hacia atrás y si estóy detrás tuyo, inmediatamente ponés las manos delante de modo que siempre estés expuesta, entendido perra?
Eso era demasiado absurdo, simplemente no podía creer lo que estaba escuchando y por lo tanto no podía dibujar una palabra por mi espanto. Al ver mi estado de parálisis, el decidió no castigarme por no haber dicho “Sí señor”, pero en su lugar, tomó la vara larga y la deslizó entre mis muslos y comenzó a pegarme levemente presionando ligeramente una pierna a cada lado. Así fui abriendo mis piernas ante sus ojos mientras estaba golpeando a la izquierda hasta que estuviera suficientemente abierta para su satisfacción.
- Muy bien, así está bien. Recordá la distancia entre pierna y pierna.... porque así es como siempre te quiero delante mío
Yo estaba con ganas a mandarlo a la concha de su madre..., pero la conciencia habló más fuerte, porque todo el tiempo yo estaba pensando en la reacción de mi familia si vieran las fotos, y en mi padre teniendo un ataque al corazón. Obedecí humildemente y haciéndole ver que era el dueño de la situación. Creo que me quedé parada delante él por unos 15 o 20 minutos, completamente desnuda, la cabeza inclinada, las manos entrelazadas detrás de mi cuerpo y las piernas separadas y todo en completo silencio...
Él sólo bebía su whisky y se quedaba admirándome y avergonzándome al máximo. Yo no podía dejar de llorar un minuto y poco a poco me di cuenta de que el miedo y la vergüenza le complacía al hijo de puta."
- Date la vuelta, quiero verte el orto.
Tímidamente me volteé me quedando de espalda hacia él. Puse mis brazos hacia delante para que pudiera tener la vista total de mí.
- Inclinate hacia delante, ponte las manos sobre las rodillas y levanta bien el culo.
Obedecí sin creer que me estaba sometiendo a tal humillación. Me mantuvo así durante unos 5 minutos y con muchos comentarios elogiosos de mi cuerpo y también muchas obscenidades. Me quedé quieta y en silencio durante todo este tiempo, hasta que él me ordenó que volteara hacia él. Con los ojos enrojecidos de tanto llorar, me di la vuelta y volví a mi posición como él exigía. Me di cuenta de que él extendió su brazo hacia mí y en un gesto instintivo de protección de mis partes íntimas, moví mis caderas hacia atrás alejandome de sus dedos. Mi gesto le enfureció tanto que dijo con dureza:
- Tenes dos opciones, o inmediatamente te ponés en 4 con ese traste de puta en mi dirección para que pueda pegarte o me levanto y envío las fotografías ahora...
Mal terminó la frase y cuando me di cuenta, le ofrecía mi culo a 4 patas para mi castigo. Él se rió mucho, y antes de golpear, acarició y medio unas palmaditas en el trasero. En un acto de mayor atrevimiento, la abrió mis nalgas para exponerme más el ano y yo, simplemente, no tuve el valor para reaccionar, hipaba y lloraba. Sentí sus dedos deslizándose por mi agujero y luego un golpe muy fuerte en mi nalga . Yo grité de dolor y mi único recurso era decir:
- Lo siento Señor... Perdóneme, por favor, pues fue sin querer... Vamos a empezar de nuevo... Se le ruego...
Pero antes de terminar mi frase, sentí nueva bofetada. SPLAAAT.
- ¿Quién te dio permiso para hablar? ¿No te mandé a obedecer en silencio y sólo abrir la boca cuando yo permita? Me estoy hartando de su desobediencia.
El tono amenazante de su voz me dio mucho miedo y luego, para que no cumpliera su amenaza eterna de enviar mis fotos, yo me quedé callada y alcé más mi culo hacia él, presentando mi total sumisión. Él apreció mi gesto y dio más tres bofetadas muy ardidas en mis nalgas. Aguanté en silencio e inmóvil, apenas llorando.
- Ponete delante.
Sentí un enorme alivio al saber que acababa los guantazos y más que rápidamente me paré y me posicioné de frente a él con las piernas abiertas como él quería. Bajé la cabeza para mostrar mi sumisión delante el monstruo. Una vez más pude ver que los dedos se me acercaban y esta vez, completamente aterrorizada, para calmarlo, me decidí a mover mis caderas hacia su mano, en signo de sumisión y de hacerle oferta. Él retribuye mi gesto, mordiéndose los labios, mostrando el deseo que sentía por mí ver tan completamente desnuda y obediente. su dedo índice se acercó a mí ingle izquierda y se quedó jugando y resbalando hacia arriba y abajo varias veces. Entonces comenzó a enredar sus dedos a través de mis vellos púbicos y dio pequeños jalones. La sonrisa estaba todo el tiempo estampada en su rostro, mostrando total agrado de verme desnuda y humillada.
Tuve que aguantar muchos comentarios lascivos en silencio, mostrando mí total resignación. No sólo se sentía como miraba también, debido a que estaba obligada a quedarme con la cabeza gacha. Después de que él se cansó de jugar con mis vellos púbicos, metió su mano derecha entre mis muslos y fue tocar el interior. Todo lo que hizo fue como un ritual, gestos estudiados para deleitarse con todo mi cuerpo al descubierto. Bajó y subió su mano entre mis piernas varias veces, sintiendo la textura y suavidad.
Por último, con los dedos en busca de mayor audacia, comenzó a deslizarse de los labios de mi vagina. Me sentí con ganas de ir huyendo y gritando por ayuda, pero tuve que mantener un equilibrio para mi propio bien. Tras un largo silencio, apenas siendo palpada, él ordenó:
- Cada vez que sientas mis dedos en tu coñito quiero que te abras más y te inclínes bien hacia adelante, mostrando entrega total a tu Señor.....
- ¿Cómo me inclino más Señor?
- Simple, dobla las rodillas y abrí las piernas aún más, muestrale cuánto de vos le podes mostrar a su Señor.