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Kaffeetrinker 2 La Aracataca que no quiere a Gabo Calificación: de 5,00

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Sus habitantes dicen que de poco les ha valido ser la cuna del Premio Nobel de Literatura.

"Todo era idéntico a los recuerdos, pero más reducido y pobre, y arrasado por un ventarrón de fatalidad: las mismas casas carcomidas, los techos de cinc perforados por el óxido, el camellón con los escombros de las bancas de granito y los almendros tristes, y todo transfigurado por aquel polvo invisible y ardiente que engañaba la vista y calcinaba la piel. El paraíso privado de la compañía bananera, al otro lado de la vía férrea, ya sin la cerca de alambre electrificado, era un vasto matorral sin palmeras, con las casas destruidas entre las amapolas y los escombros del hospital incendiado. No había una puerta, una grieta de un muro, un rastro humano que no tuviera dentro de mí una resonancia sobrenatural".

En este capítulo de 'Vivir para contarla', autobiografía que recopila años de la infancia y juventud del Nobel colombiano, Gabriel García Márquez describía un Aracataca (Magdalena) marcado por la presencia de la compañía United Fruit Company. Lo hizo en 2002, cuando publicó este libro. Hoy, una década después de tal relato y sin la bananera en esta región, no son muchos los cambios que ha tenido este municipio.

Su nombre está por todos lados. En un gran mural, en un colegio, en vallas. Gabriel García Márquez es legible por doquier en esta acalorada región. No obstante, en medio de este infinito respeto por el gran escritor colombiano, orgullo de los cataqueros y de Colombia tras obtener el Premio Nobel de Literatura en 1982, se esconden varias incomodidades entre sus habitantes.

En una de las fincas de este municipio está Yolima Andrade Acosta, una morena alta, delgada, madre de cuatro hijos y lectora fiel de las obras del escritor colombiano. Según dice, poco a poco se ha perdido el interés de las personas por saber de los libros del Nobel o por saber de él.

Cuenta que hubo mucho malestar luego de que el gran escritor visitara la región, el 30 de mayo de 2007. Aquel día, García Márquez regresaba a su tierra natal tras 24 años de ausencia, desde el 10 de diciembre de 1983, un año después de ser reconocido con el Nobel. Aquí, fue recibido por miles de seguidores de Aracataca y otros municipios cercanos con una pancarta que decía: "Bienvenido al mundo mágico de Macondo". El escritor, acompañado por su mujer Mercedes Barcha, llegó en un tren pintado en su exterior de mariposas amarillas, el denominado Tren Amarillo de Macondo, al lugar donde, según él mismo contó, inspiró varias páginas de 'Cien años de soledad', su obra maestra publicada en 1967.

De acuerdo con Yolima, aquel día un talentoso grupo de teatro esperaba la bendición del Nobel, el "empujoncito", unas palabras de apoyo, para que el mundo se enterara de que ellos existían. No obstante, la visita del gran literato, que recorrió la mayoría de las calles de su pueblo en un carro de los años 50, otras a pie, duró no más de dos horas antes de que sostuviera reuniones privadas y se marchara del lugar rumbo a Santa Marta. "Creo que el grupo de teatro era muy bueno, estuvo un tiempo más, pero luego desapareció", asegura.

Otra de las necesidades que tienen en Aracataca, y que ven en la visita del Nobel gran parte de la solución, es no contar con un hotel medianamente decente. A juicio de varias personas, su sola presencia unos días en el lugar, así no tuviera contacto con la población, sería determinante para impulsar la construcción de un lugar donde puedan llegar los turistas. Hoy en día, quienes visitan la Casa Museo, es decir la casa donde vivió Gabriel García Márquez, se ven obligados a irse del municipio salvo que quieran quedarse en residencias regularmente acondicionadas.

También, hay quienes creen que su sola presencia obligaría a los dignatarios locales a mejorar las calles de Aracataca, pues si bien es cierto muchas están pavimentadas, también lo es que a otras se las está comiendo el polvo.

¿Responsabilidad de García Márquez?

En Aracataca hay varias instituciones educativas. Está el Colegio Fossy Marco María, la Institución Educativa Departamental John F. Kennedy - que tiene varias sedes - y el Indegama Gabriel García Márquez, entre otros más pequeños.

En una de las sedes del John F. Kennedy enseña el profesor Simón Javier Bolívar. A su juicio, si bien es cierto falta el "patrocinio" del Nobel para que Aracataca ocupe el puesto que se merece, también hace falta administración local, departamental y hasta gubernamental para que la cuna de uno de los escritores más grandes de América Latina, sino del mundo, sea reconocida como tal.

Bolívar cuenta que, paradójicamente, la institución que lleva el nombre de García Márquez obtuvo bajas calificaciones en las pruebas de Estado de 2011. Aparte, que los estudiantes tienen muy poco interés en leer las obras del Nobel colombiano. De hecho, recuerda una situación lamentable sobre la cual da fe Yolima Andrade. Unos estudiantes le lanzaron diferentes objetos a una valla que portaba la foto de García Márquez, situación que fue corregida pero que dejó la duda: ¿fue un acto de inocencia de unos niños que jugaban o una muestra de la falta de educación frente a un ícono tan importante?

Otro punto en el cual hace énfasis Bolívar, docente de matemáticas, es en la donación que Gabo hizo de 100.000 dólares una vez recibió en Nueva York (Estados Unidos) el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en 1972. En esa ocasión, el gran literato colombiano fue reconocido por su obra 'La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada'. Según comenta, algunos académicos discuten el hecho de que el Nobel no tuvo en cuenta al pueblo para tal donación y entregó el dinero en Venezuela.

Ahora bien, el profesor Bolívar hace énfasis en que gran parte de la responsabilidad de que Aracataca sólo sea mencionada en fechas especiales recae en los dignatarios que ha tenido el municipio. A su juicio, poco han hecho las administraciones para desarrollar políticas concretas que identifiquen a esta tierra como la cuna de Gabo, salvo el exburgomaestre Pedro Sánchez.

Consultando en las calles, todos coinciden en que Pedro Javier Sánchez Rueda, alcalde de 2004 a 2007, intentó darle la importancia que Aracataca se merece. Él fue una de las personas que tramitó y logró el regreso del escritor al municipio, incentivó la lectura, decidió ponerle al hospital el nombre de la madre del Nobel - Luisa Santiaga Márquez Iguarán - y presentó un recurso legal para que Aracataca se llamara Aracataca-Macondo o simplemente Macondo. No obstante, su iniciativa no prosperó, Aracataca se sigue llamando igual y, ahora mismo, este exdignatario atiende un proceso por presuntos vínculos con paramilitares del Magdalena.

Espacios culturales

En Aracataca, también conocida como la tierra de las cinco A, se destaca la Casa Museo, una bella estructura remodelada donde nació el escritor Gabriel García Márquez y en la que se exhiben pertenencias del Nobel. En sus blancas paredes se leen fragmentos de sus diversas obras y en los jardines se nota el cuidado al que es sometido este recinto, al que se conoce con una guía que brinda información.

Cerca está la Casa del Telegrafista, donde también se conservan piezas de la familia de García Márquez, un lugar que estuvo cerca de desaparecer y que resurgió gracias a la iniciativa de la Fundación 'El Macondo que Soñamos', organismo que a través de varias gestiones reunió capital y remodeló las locaciones de lo que hoy es otro atractivo turístico cataquero.

A aproximadamente 10 minutos caminando desde allí está el Camellón 20 de Julio de Aracataca, donde están los almendros que el escritor colombiano menciona en 'Cien Años de Soledad'. Allí convergen el Colegio Montessory, en el cual el Nobel estudió, el Centro de Educación Elvia Vizcaíno, la Escuela Complementaria, el Aula de Educación Especial y el Hogar Infantil Macondo. Al lugar lo caracterizan una serie de cubos hechos en concreto que se extienden a través de un corredor con forma rectangular. Este sitio es identificado por algunos jóvenes, más que un espacio cultural, como el lugar donde se reúnen para jugar microfútbol.

"Los ancianos sí hablan de lo que saben sobre Gabriel García Márquez, pero los jóvenes no. Sabe más de nuestro Nobel alguien que viene de visita que nosotros mismos. La Universidad del Magdalena fomenta diversos planes para conservar la cultura literaria, pero no es fácil. Si ni siquiera hay cultura de limpieza. Muchas calles están limpias, pero otras muy sucias, la gente sigue botando basura y la administración sólo limpia cuando viene alguien importante", asegura Andrade.

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