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My Custom Emoticon ¿Por qué me gusta el culo de mi mujer? Calificación: de 5,00

Léanlo y sabrán.

Me gusta mucho el culo de mi mujer. No porque sea mi mujer sino porque, en verdad, me gusta mucho. Es grande, pero sin serlo demasiado como para que se vea exagerado, es redondito y es firme. Desde que la conozco, cuando era una adolescente de 17 años, siempre he admirado y disfrutado esa parte de su anatomía, y desde que nos casamos, no he hecho más que desarrollar una obsesión por él. No me canso de mirarlo, besarlo, tocarlo, acariciarlo, darle palmadas (cosa que a ella no le gusta mucho, pero, ¿qué puedo hacer? Lo veo y me dan ganas de darle sus buenas nalgadas) y tomarle fotos, cientos de fotos.



Obviamente, con un culo como esos a disposición, dan ganas de ir más allá de lo arriba descrito, y entrar a tener un contacto más…”profundo” con él. Una cosa que me acelera el pulso y le da vida a mis calzoncillos es verla desnuda acostada boca abajo, dormida o tomando una siesta. Eso es más de lo que puedo aguantar, y ahí es cuando empiezan los besos. Besos suaves a lo largo y ancho de toda esa carnosidad, alternados con pequeñas lamidas y mordisquitos, sin dejar ninguna zona excluida.Desde el cuarto superior exterior (donde se ponen las inyecciones), hasta la parte donde la nalga empalma con la pierna, en ese plieguecito que provoca sensaciones placenteras con unos buenos besos, pasando por la zona cercana al ano, lo cual le hace contraer las nalgas ya que el cosquilleo es intenso. Después de unos pocos minutos haciendo eso, y sin necesidad de que ella me ponga un dedo encima, ya tengo una buena erección , y alterno los besos en el trasero con subidas rápidas por su espalda, nuca yorejas dándoles lamidas, besitos y mordisquitos, de modo que mi pene queda en contacto con su zona perianal y una parte de su vulva, haciendo que la excitación de ambos suba.

A esto le dedico unos cuantos minutos, esperando a que esté bastante o muy excitada, ya que esto me facilitará lo que realmente tengo en mente. Empiezo por concentrar mis caricias orales en la zona de entrada al ano, que queda oculto por sus enormes “mejillas”,por así decirlo. Poco a poco voy bajando con mi lengua, como venciendo la resistencia a los embates que le asesta a la entrada de ese tesorito que quiero sacar a la luz del sol. Poco a poco voy empleando mi lengua, lamiendo cada vez más profundo, hasta que detecto el contacto con ese músculo apretado, totalmente hermético, como recogido sobre sí intentando protegerse de la llegada del intruso amoroso, excitado y apasionado que con cada lengüetazo va minando su resistencia.

Como el placer también es visual, con mis manos aparto las montañas de carne y dejo expuesto esa preciosidad que de solo verlo me pone a mil: su ano. En ese punto paso a besar y lamer exclusivamente ese punto, desde cariñoso hasta apasionado, alternativamente. Realmente dedico buen tiempo a hacerlo, disfruto la sensación en mis labios y boca, y inhalo el aroma que sale de la piel limpia después de unos buenos besos , ese aroma especial que me eleva los sentidos y que no hace más que excitarme.A veces complemento esto con caricias a su vulva y clítoris, con la mano o con un vibrador, para realzar su pasión.

Cuando ella está bastante excitada, trato de esperar a que me pida que la penetre, ya que oír esa frase me pone como un toro viendo la manta roja del matador.¿A qué hombre no lo enloquece oír un: “¡Méteme la verga!” de su amada, dicho con la cara contraída por el placer, de medio lado, ya que está en cuatro, con el culito alzado poniéndolo a disposición,en primer plano? Cuando oigo la orden, la súplica, tomo con ambas manos sus caderas y las levanto un poco, dejando de este modo su cabeza y pecho recostados en la cama, mientras yo me ubico por detrás, abriendo todo lo que pueda sus piernas, que se apoyan en sus rodillas para facilitar la penetración. En este punto está tan mojada que apenas mi glande entra en contacto con su vagina, se produce un corrientazo: se establece una conexión entre los dos cuerpos a medida que mi columna, totalmente rígida, gruesa, va deslizándose por esa deliciosa entrada a su alma; en esa postura naturalmente que la inserción llega hasta los testículos, provocando en ella una especie de dolor placentero que hace contraer su cara en un gesto mitad placer, mitad sufrimiento delicioso. Al principio despacio, después con más intensidad, empiezo a poseer ese cuerpo delicioso. Como ella tiene las manos libres, le alcanzo el vibrador para que se estimule el clítoris, mientras yo me concentro en ver , tocar y acariciar sus hermosas nalgas, y, con mis pulgares, estimular su precioso ano con movimientos circulares que cada vez voy profundizando hasta tener la punta de mi dedo en su abertura. Siempre con movimientos circulares, voy aumentando la presión; primero se oculta la yema, después todo el pulgar. Siento, a través de la piel, cómo mi pene sigue embistiendo. La piel en ese punto es tan delgada que si demoro mucho tiempo, puedo hacerme venir con mi propio pulgar.

Generalmente, en ese momento ella está tan excitada, tan caliente, que toma mi verga con su mano, y la lleva a la entrada de su ano, que ya no está tan apretada debido al estímulo al que se le ha sometido. Ella misma hace que entre con movimientos circulares que poco a poco van metiendo cada centímetro de mi pasión dentro de su deliciosa cueva, que me lo rodea con una tensión y una firmeza que es totalmente distinta a la que ejerce la vagina en el miembro. Ahí, con ella estimulándose manualmente o metiéndose elvibrador, que hace que yo sienta también esa vibración en mi verga, y yo poseyéndola por el culo, nuestros movimientos se hacen mas y mas rápidos y frenéticos: para que penetre sin problemas, me levanto y me apoyo sobre mis pies y mis puños, en la clásica postura del perrito, lo que me permite hundírsela totalmente hasta los testículos y también decirle cositas sucias y ricas al oído, como por ejemplo “¡qué culo tan rico tienes!”, “¡siente mi verga deliciosa en tu culo!”, “¡me encanta comerte de esta forma!”, “¡no me canso de hacerlo contigo, mamacita!”, “¡te adoro!”, y otras aún mas subidas de tono en las que la acuso de ser una. . .niña mala, por decirlo de alguna forma, complementado con mordiscos y lengüetazos a su oreja.
Siempre sé cuando ella está a punto de venirse, porque, normalmente juiciosa y recatada con el lenguaje, deja salir a la perrita que lleva dentro de ella y me mira con su carita ladeada, los ojos entrecerrados y jadeando de placer, y me dice cosas como: “¡dame duro, papi!”, “¡me gusta mucho tu verga!”,“¡entiérramela duro!”, y la que hace que me venga en una oleada de placer indescriptible: “¡lléname el culo de leche, mi amor!”. Apenas oigo eso simplemente me dejo ir y dejo que a mi cuerpo le pase una descarga eléctrica que hace que eyacule todo mi semen, hasta la última gota, en su culo firme y apretado, a la par que ella se viene conmigo en medio de gritos frenéticos, jadeos y gestos de placer infinito. En ese momento el universo está dentro de nosotros y nosotros somos el universo, el mundo deja de girar debido a la energía que liberamos y todo simplemente deja de existir mientras la electricidad recorre nuestros cuerpos sudorosos y agitados.

Caemos exhaustos uno sobre el otro, sin fuerzas ni energías, respirando fuertemente y ella tratando de que el corazón no se le salga del pecho, pero totalmente extasiados y felices después de esa demostración mutua de amor y pasión desbordada.

Y es por eso que me encanta el culo de mi mujer.

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